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19 de noviembre de 1805

Desde Roma, el secretario de Estado, Cardenal Consalvi, envía una carta al Cardenal Fesch, tío de Napoleón Bonaparte, Arzobispo de Lyón y embajador en Roma. En la carta se precisan, en nombre del Soberano Pontífice, Pío VII, los poderes del vicario general de la Congregación de la Misión, P. Francisco Florentino Brunet, que tras la muerte, el 12 de febrero de 1800, del superior general, P. Félix Cayla de la Garde, es el responsable en derecho de la Congregación de la Misión y de la Compañía de las Hijas de la Caridad. El P. Brunet había permanecido en Roma hasta 1804, año en que, al autorizar el decreto napoleónico la reconstitución de la Congregación en Francia, se trasladó a París para trabajar en la restauración vicenciana. Aprovechando su partida, uno de sus asistentes, el P. Carlos Domingo Sicardi consiguió un breve pontificio que le atribuía el título de vicario general con jurisdicción sobre toda la Congregación excepto sobre los paúles destinados a las misiones extranjeras que permanecerán, al igual que todas las Hijas de la Caridad, bajo la obediencia francesa. El P. Sicardi ha hecho valer que el decreto de Napoleón autorizando la restauración de la Congregación en Francia no contiene la denominación oficial de Sacerdotes de la Misión. El P. Brunet, que no puede admitir las restricciones impuestas a sus poderes, ha hecho gestiones para que su condición de jefe de la Congregación tenga su extensión normal; a fin de salvaguardar tanto como sea posible la paz, ha sugerido que Sicardi sea nombrado provicario bajo la autoridad del vicario general; pero ha insistido en que él debe tener la capacidad de nombrar a su sucesor. La carta del Cardenal Consalvi contiene la respuesta a todas estas gestiones. El Soberano Pontífice da al P. Brunet el título de vicario general y le permite elegir asistentes, con la condición de que el P. Sicardi, bajo su dependencia, pero en calidad de provicario general, dirija la Congregación. Además, para satisfacer al Rey de España, los misioneros españoles quedan sustraídos de la jurisdicción de un superior extranjero. Finalmente, el documento no le da el derecho de elegir a su sucesor.