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17 de septiembre de 1807

En París, la noticia de la muerte, la noche anterior, fulminado por una apoplejía, del P. Claudio José Placiard, vicario general de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, causa consternación tanto entre los unos y las otras como en los medios eclesiásticos de la capital. El P. Placiard tenía cincuenta y un años y se cumplía ahora un año desde que se había hecho cargo, tras la muerte del P. Francisco Florentino Brunet, del gobierno de la doble familia. Durante su breve mandato continuó la restauración vicenciana emprendida por su predecesor. Destaca, sobre todo, la obtención de Roma de un breve firmado el 19 de junio de 1807 que, anulando todos los documentos precedentes, le reconocía en lo sucesivo al vicario general todas las prerrogativas que le atribuían las Constituciones de la Congregación y evitaba el peligro de cisma en la misma provocado por las pretensiones del P. Carlos Domingo Sicardi. Además de los servicios extraordinarios que rindió a la pequeña Compañía, el P. Placiard dejó un hermoso ejemplo: su dedicación a las Misiones, pues, aunque destacaba en la enseñanza de la filosofía y de la teología, sin embargo, se le permitió, a fuerza de insistir, ir a predicar misiones. Sabía adaptarse a todos los auditorios y su reputación era tal que Napoleón Bonaparte le pidió que participará en las misiones que se daban en Vandée para pacificar los espíritus. Aceptó, a pesar de su cargo de vicario general, y el cansancio que esto le supuso no fue extraño a su muerte prematura.