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17 de junio de 1657

Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad en la que expone el artículo 8 de las Reglas Comunes, que dice: "Harán lo posible para adquirir la santa práctica tan recomendada por los santos y tan bien observada en las comunidades bien regladas, que consiste en no pedir nada ni rechazar nada de las cosas de la tierra. Si, no obstante, tuvieran gran necesidad de alguna de estas cosas, podrán proponerlo buenamente y con indiferencia a las personas a las que corresponde proveerla; y se mantendrán sosegadas, se les conceda o no". Vicente aclara que las cosas que no hay que pedir son las terrenales ya que, por el contrario, las espirituales hay que pedirlas insistentemente, pues Nuestro Señor lo quiere y ha dicho: "Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá". Como ejemplos de cosas espirituales que se deben pedir, Vicente cita las virtudes, la fuerza para superar las pasiones y la santa gracia de Dios. Ejemplos de cosas terrenas son: pedir ir a una parroquia mejor que a otra, o con una hermana, o un empleo o ser retirada de otro, o querer un vestido de determinada forma o tela, o una cosa singular que no es común a las demás. La primera razón para observar esta regla es que conduce a la indiferencia, en la que un alma no sabe lo que quiere o no quiere y no se apega más que a Dios y no quiere otra cosa que lo que Él quiere y como Él lo quiere. La otra razón que da Vicente para cumplir la regla es que de esta manera ya no se tiene voluntad y, se esté en un lugar u otro, se está satisfecho. Vicente dice que en eso consiste la felicidad de los santos en el cielo, en que no tienen más voluntad que la de Dios. Como medios para prácticar la regla, Vicente propone: considerar las ventajas que se siguen para las almas de aplicarla, orar sobre ello y conversar, cuando dos o tres hermanas se reúnen, sobre lo que se ha dicho aquí; considerar las desventajas de no seguir la regla; que su práctica convierte en verdadera Hija de la Caridad; que no es tan difícil como se piensa, aunque cueste al principio; otro medio es mortificarse tanto interiormente con exteriormente. Vicente explica que, en caso de tener una gran fiebre o un dolor de cabeza casi insoportable, no quiere decir que no está permitido pedir un vaso de agua, pero añade que "si se priva de él y lo soporta por amor de Dios, hará un acto de virtud tan agradable a su divina Majestad que merecerá recibir una unción en el alma que sobrepasará infinitamente el alivio del que se ha privado rechazando o no pidiendo aquello de lo que tenía tanta necesidad". Al final de la conferencia, Vicente, dice que para prevenir los casos en que no se advierte que algo le faltará a alguien, en San Lázaro hay un hermano proveedor de la pobreza encargado de preguntar a cada uno lo que le falta, y recomienda que hagan lo mismo. Luisa de Marillac se refiere a las dificultades que podría haber por venir las hermanas de sitios diferentes y en distintos días y explica que lo que hacen la hermana encargada de los hábitos o ella misma cuando advierten alguna necesidad es atenderla. A veces las mismas hermanas piden y, si hay razones para no aceptar, se les explica suavemente. Vicente dice que quizás sea apropiado para las de fuera, pero, para las que están en la casa, vuelve a recomendar la práctica de San Lázaro.