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15 de marzo de 1660

Muere, en París, Luisa de Marillac. Desde hacía unos diez años, en palabras de Vicente de Paúl, "no tenía más vida que la que recibía de la gracia". El 4 de febrero de 1660, una inflamación del brazo izquierdo le provocó una violenta fiebre. Se llamó al párroco de San Lorenzo y la enferma recibió los últimos sacramentos en presencia de sus familias natural y religiosa. En los día siguientes la fiebre desapareció, pero, a partir del 12 de marzo, se constató que padecía gangrena senil. Ese mismo día, Luisa pidió la santa comunión y al día siguiente el párroco de San Lorenzo satisfizo su piadoso deseo. En su acción de gracias, Luisa declaró a sus hijas: "Muero en una alta estima de nuestra vocación; viviera cien años, no sabría pedirles otra cosa que mantenerse fieles a ella". Vicente de Paúl, retenido en su habitación por sus enfermedades y al que ella hizo que se le pidiera una palabra de ánimo, en lugar de escribirle encargó a un mensajero que le dijese: "Parte usted la primera; si Dios me perdona mis pecados, espero ir a reunirme con usted pronto en el cielo". Los días siguientes un misionero, probablemente Juan Dehorgny, ayudó a la Señorita Le Gras a superar las angustias que se le presentaron. El 15, entre las once y las doce de la mañana, Luisa, después de golpearse el pecho, pronuncia un sí que parece ser el resumen de su vida de obediencia y humildad y exhala su último suspiro. El párroco de San Lorenzo exclama: "¡Oh! ¿Qué bella alma! Se lleva con ella la gracia de su bautismo".