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15 de agosto de 1662

Hoy, fiesta de la Asunción de la Virgen María, en la treintena de casas con que cuentan las diez provincias de la Compañía de las Hijas de la Caridad se lee, por primera vez y al final de la oración, el acto de consagración de la Congregación de la Misión a la Virgen, cuyo texto, que había sido remitido a las casas de la Congregación por el superior general, el P. Renato Alméras, en su circular del 27 de julio anterior, dice: "Nosotros, muy indignos sacerdotes, clérigos y hermanos de la Congregación de la Misión,... conociendo, oh santísima, oh gloriosa Virgen María, vuestra fuerza ante Nuestro Señor, vuestro Hijo, y vuestra incomparable bondad hacia los hombres para obtenerles sus gracias, recurrimos a vos como Madre de misericordia; es por eso, oh muy misericordiosa Virgen que, prosternados en cuerpo y espíritu a los pies de vuestra Majestad, os suplicamos muy humildemente que aceptéis la oblación común, cordial e irrevocable de nuestras almas y de nuestras personas, que dedicamos y consagramos en este día solemne a vuestro servicio y vuestro amor por todo el curso de nuestra vidas y por toda la eternidad, proponiéndonos, mediando la asistencia del Espíritu Santo, daros para siempre un singular respecto y una veneración particularísima, publicar vuestro nombre por todo el mundo, anunciando las maravillas de vuestro poder y de vuestra bondad y convidando a todos los hombres a honraros, serviros, imitaros e invocaros para hallar gracia ante Dios". Esta consagración de la Congregación se realiza, desde entonces, cada 15 de agosto. La XIX Asamblea General de la Congregación de la Misión que, el 4 de agosto de 1843, elegirá como nuevo superior general al P. Juan Bautista Étienne, también decidirá que cada 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, se haga el acto de consagración a la Virgen del mismo modo que se hace el día de la Asunción.