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14 de noviembre de 1659

Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre la pobreza, en la que trata de los dos primeros artículos del capítulo III de las Reglas Comunes. El primero es: "Jesucristo, verdadero señor de todos los bienes del mundo, habiendo abrazado la pobreza de un modo tan particular que no tenía donde reposar la cabeza, y habiendo puesto a los que le siguieron en su misión, esto es, sus apóstoles y sus discípulos, en un estado semejante de pobreza, hasta el punto de no tener nada propio, para que estando desprendidos así, pudieran combatir y vencer mejor y más fácilmente el espíritu de las riquezas, que va perdiendo a casi todo el mundo, cada uno procurará según sus fuerzas, imitarlo en la práctica de esta virtud, asegurándose de que será como el fuerte inexpugnable, que debe, con la ayuda de Dios, conservar siempre la Congregación". El segundo: "Aunque los empleos en las misiones, por tener que ejercerlos gratuitamente, no nos pueden permitir hacer profesión de pobreza de todas las maneras, intentaremos no obstante guardarla con la voluntad y el afecto, y, tanto como podamos de hecho, y principalmente en relación con las cosas que se nos ordenan aquí". Vicente distingue dos clases de pobreza: la que consiste en renunciar a todos los bienes que se posean y la que consiste en renunciar a uno mismo, al juicio, voluntad, inclinaciones, deseos y pasiones propios. Dice que la Congregación debe abrazar las dos clases de pobreza. Después se da lectura al breve del papa Alejandro III confirmando y aprobando la interpretación que la Congregación hace del voto de pobreza. Vicente explica que los miembros de la Congregación retienen el dominio sobre sus bienes, pudiendo disponer de ellos en favor de sus parientes, pero renuncian, por el voto, al uso de los mismos, siendo atendidas sus necesidades por la Congregación. Las rentas de esos bienes se utiliza para obras piadosas o, si lo necesitan, para atender a los parientes. Si alguno se sale de la Congregación con permiso del papa o del superior general, puede recoger sus bienes y sus beneficios. Entonces Vicente, ante todos puestos de rodillas, pide perdón a Dios y a la Congregación por el escándalo que da al haber tenido un caballo y tener una carroza, una habitación, un fuego, una cama con cortinas, un hermano y recibir tantos cuidado que no le falta de nada. Les pide a los presentes que lo soporten en su vejez y a Dios que le de la gracia de corregirse. Una vez levantados, Vicente pasa a tratar de las dificultades y comenta que puede parecer que la Congregación falta a la pobreza cuando no acepta nada al hacer las misiones, alimentándose por si misma en lugar de recibir los alimentos y demás cosas necesarias. Explica que esto se hace por dar gratis lo que se ha recibido gratis. Se acostumbra a dar todos los días la limosna, no se recibe nada de las misas que nos hacen decir, se contribuye un poco a la colecta de la cofradía de la caridad. Esto parece contrario al voto de pobreza. Pues bien, dice, en misiones hay que guardar al menos el espíritu de pobreza; se hace profesión de ella y hay que demostrarla en la sobriedad y austeridad en el vivir y en el vestir, y estar dispuestos a dejarlo realmente todo, si fuera necesario. Son las nueve por lo que Vicente deja para la siguiente conferencia la continuación.