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13 de noviembre de 1654

Conferencia de Vicente de Paúl a los misioneros paúles sobre la castidad, de la que se posee un resumen esquemático. Entre las razones para conservar y adquirir la virtud de la castidad se dan: que obliga un mandamiento de Dios; se tiene la promesa de Dios: el que ha hecho el voto tiene doble pecado, si lo contraviene, y doble mérito, o por lo menos más mérito, si lo cumple; el empleo de los misioneros les obliga a frecuentar personas de uno y de otro sexo. Entre las faltas que se pueden cometer: decir palabras tendentes a este pecado y tolerar pensamientos sucios; no hay que sufrir a personas que están sujetas a este pecado, los Jesuitas los despiden. Es falta de omisión no hacer lo que Dios quiere que se haga para eximirse, sin servirse de los medios que se nos dan. Tocarse es una gran falta, mirarse, escuchar, etc., acostarse indecentemente, tener aversión a la mortificación, mimarse, estar cómodo, en la casa, en los campos, hacerse servir las mejores carnes, el mejor vino. Entre los medios están: beber poco vino y aguado; no hablar a solas con mujeres, no escribirles cartas, hablar lo justo; no encargarse de la dirección de religiosas y, si es el obispo el que lo pide, mostrarle las razones que tenemos para no hacerlo. En este punto Vicente explica que ha intentado dejar de dirigir a las religiosas de la Visitación de París y que seguirá intentándolo. No frecuentar a las Hijas de la Caridad ni entrar jamás en sus habitaciones, con ningún pretexto. Si se habla con ellas en el locutorio, dejar la puerta abierta y estar donde todo el mundo nos pueda ver. Se avisará si conviene quitar el locutorio y hablar en la iglesia. En las confesiones no dejar que la cara de las mujeres se acerque demasiado a la nuestra. No hacer la misión para las religiosas salvo que el obispo lo mande; no recibir cartas de religiosas, bajo pretexto de consejos que piden, y decirles que no les escriban. La humildad es un medio excelente. Los que conozcan a algunos de la Compañía que tengan inclinación a este vicio deben advertir al superior, especialmente si se trata de personas que se quiere enviar lejos; el que no lo haga será culpable de las faltas que cometan en estas misiones y del mal que ocurra.