Sections

13 de julio de 1789

En París, a las tres de la madrugada, una muchedumbre de miles de personas furiosas asalta la Casa Madre de la Congregación de la Misión. Las puertas de San Lázaro son forzadas en menos de un cuarto de hora. El saqueo comienza inmediatamente; va a durar catorce horas. Salvo la iglesia, todo es devastado. A las cinco de la tarde no quedan ni puertas, ni cristales, ni mesas, ni camas. El dinero y la mayoría de los documentos han desaparecido. La biblioteca ha sufrido extraordinariamente; el refectorio es un montón de escombros; se han llevado las provisiones; en las bodegas, donde un centenar de saqueadores se ha emborrachado, el vino chorrea por todas partes. En la enfermería no quedan más que los muros y los cadáveres de algunos de los asaltantes que se han envenenado consumiendo imprudentemente productos de la farmacia. Todos estos detalles serán recogidos por el superior general, P. Félix Cayla de la Garde, en la carta que enviará a la Congregación el 24 de julio para pedir ayuda. En ella propondrá que las casas particulares acojan, según sus posibilidades, a uno o dos misioneros de la Casa Madre hasta que los daños puedan ser reparados. El P. Cayla, a pesar de los consejos de los que le rodean, permanecerá en medio de las ruinas más de un año. Durante el saqueo de San Lázaro varios revolucionarios entran en la Casa Madre de la Compañía de las Hijas de la Caridad, situada al otro lado de la calle, en busca de hombres que se hayan escondido allí. En la casa, las hermanas, que no serán inquietadas, son ciento cincuenta, de las que cincuenta son inválidas y noventa y ocho jóvenes entre dieciséis y veinte años.