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11 de noviembre de 1659

Conferencia de Vicente de Paúl a las Hijas de la Caridad sobre el servicio de los enfermos, en que se tratan los artículos sexto a undécimo de las Reglas de las Hijas de las Parroquias. Tras ello y sabiendo Vicente que algunas de las hermanas presentes habían estado con sor Bárbara Angiboust cuando falleció, el 27 de diciembre anterior, les anima a exponer cómo practicaba ella las reglas. El artículo 6º dice: "Si los enfermos se recuperan durante la convalecencia y después recaen una o más veces, se cuidarán de exhortarles a recibir de nuevo sus sacramentos, incluso el de la extrema unción, y de procurarles este gran bien, si se encuentran en su último trance. Les ayudarán a bien morir haciendo que hagan alguno de los actos mencionados". El 7º: "Si se curan, [las hermanas] redoblaran sus cuidados para excitarles a aprovecharse de su enfermedad y de su curación, mostrándoles que Dios les hizo enfermos de cuerpo para curar sus almas y les ha devuelto la salud corporal para que la empleen bien en hacer penitencia y llevar una buena vida; y partiendo de que deben hacer firmes resoluciones para lograr todo esto y de renovar las que han hecho en lo peor de la enfermedad, aconsejando algunas pequeñas prácticas, según su capacidad, como rezar de rodillas por la mañana y por la moche, confesarse y comulgar varias veces al año, evitar las ocasiones de pecar, y parecidas, breve y humildemente". El 8º: "Y para que estos servicios espirituales que les prestan no perjudiquen en nada a los corporales que deben prestarles, lo que ocurriría si, por entretenerse demasiado hablando con un enfermo, hicieran sufrir a los otros, por no darles a su hora sus alimentos o medicinas, tratarán de tomar sus medidas, ordenando su tiempo y sus ejercicios según el número y necesidades de los enfermos sea grande o pequeño. Y porque por la tarde sus tareas no son tantas ni tan urgentes como las de la mañana, emplearan de ordinario ese tiempo para instruirles y exhortarles de la forma que se ha dicho más arriba, particularmente cuando les lleven sus remedios". El 9º: "Y si el socorro espiritual que dan a un enfermo se puede extender a los demás que están en la misma habitación, tratarán de hacerlo con la discreción requerida; lo que es muy fácil cuando hay niños porque preguntándoles por los principales misterios de nuestra fe, o recomendándoles sus deberes, los padres y madres, y otros que estén presentes, podrán aprovecharse, sin que puedan darse cuenta de que en parte es para ellos que hablamos". El 10º: "Tendrán cargo de conciencia si faltan al más mínimo de los servicios que deben prestarles, particularmente a darles las medicinas en el modo y hora que el médico haya ordenado, salvo que haya gran necesidad de actuar de otro modo, como en el caso de que un enfermo haya empeorado mucho o tenga temblores, sudores u otros impedimentos similares". El 11º: "En el servicio a los enfermos, no deben mirar más que a Dios y no prestar más atención a las alabanzas que les hagan que a las injurias que les digan, si no es para hacer un buen uso, rechazando interiormente las primeras, confundiéndose en su nada, y aceptando las segundas para honrar el deprecio hecho al Hijo de Dios en la cruz por los mismos que habían recibido de él tantos favores". También se conserva un resumen de la conferencia que tuvo lugar dos años antes, el 11 de noviembre de 1657, sobre el mismo tema y en que se abordaron los artículos duodécimo a decimosexto de las reglas. El 12º artículo comenzaba: "Su principal cuidado será servir a los pobres enfermos, tratándolos con compasión, dulzura, cordialidad, respeto y devoción, etc.". El 13º: "Y puesto que la caridad mal ordenada, sobre todo si se hace sin obediencia, es extremadamente desagradable a Dios y perjudicial para el alma de las que la hacen así, nunca alimentarán ni darán medicinas a ningún enfermo en contra de la voluntad de las personas de las que ellas dependen, ni en contra de la orden que se les ha dado, etc.". El 14ª: "Cuidarán mucho a las hermanas enfermas, particularmente fuera de la casa, considerándolas como siervas de Jesucristo por ser siervas de los pobres, que son sus miembros, y como sus propias hermanas, por ser todas de un modo particular hijas de un mismo padre, que es Dios, etc.". El 15º establece que las hermanas enfermas no se impacientarán ni murmurarán cuando no sean tratadas a su gusto, pensando que no saben lo que necesitan tan bien como el médico o las enfermeras, etc. El 16º es: "Y puesto que el exceso de ternura consigo mismas puede llevar a las hermanas, particularmente las de las parroquias, a decir sus pequeños males al médico de los pobres, el cual les pondrá remedios casi tantas veces como se quejen del más mínimo mal que sientan, lo que hace que algunas de entre ellas minen su salud creyendo que la procuran, no usarán ningún medicamento ni sangría para sus personas, ni consultarán al médico para lo mismo, sin el permiso de la superiora, para las que están cerca de ella o en las parroquias de la ciudad donde reside; pues, las que están lejos tendrán que pedir permiso a la hermana sirviente, que no lo permitirá, si no ve la necesidad, y tratará de dar ejemplo a las demás en la práctica de esta regla".