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10 de diciembre de 1656

Carta de Vicente de Paúl a un hermano coadjutor que dice haber recibido de Dios gracias que comunicar a los demás y que pretende dedicarse a la predicación. Vicente le responde que se trata de una sugestión del espíritu maligno y le dice que, si desea tener una vida agradable a Dios, se humille y permanezca en paz con sus pequeños empleos corporales y los ofrezca, si quiere, a Dios con sus oraciones y penitencias, para la conversión de los pecadores, la propagación de la fe y la práctica de las virtudes cristianas. Sigue un fragmento de la carta: "Cuando Nuestro Señor preguntó a san Pedro si le amaba, este pobre apóstol casi no osaba decir que sí; respondió solo: Tú lo sabes, Señor+. Y usted, sin esperar a que se le pregunte, dice que su amor es tan grande que es capaz de abrazar al mundo entero. Es esta una exageración que llega hasta la falsedad y que procede de una presunción inaudita. Jesucristo amó a su Padre más que lo amarán nunca todas las criaturas juntas, y sin embargo su amor no tuvo el efecto que usted se promete para el suyo, pues abrazó a muy pocas personas; a pesar de que habló a los judíos, que eran el pueblo de Dios, que sus palabras eran palabras de vida y que hizo grandes milagros ante ellos para iluminar sus espíritus y enardecer sus voluntades, ellos permanecieron, con todo, al menos la mayor parte, tan fríos y endurecidos como antes. Más aún, hizo falta que fueran doce apóstoles y un gran número de discípulos, todos ellos animados del espíritu de Dios, para dar a conocer y amar a Jesucristo en la tierra; y usted tiene el atrevimiento de decir que su amor basta para hacer esto".