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10 de abril de 1830

En el arzobispado de París, en presencia del archidiácono de santa Genoveva, del superior general de la Congregación de la Misión, P. Domingo Salhorgne, del asistente, P. José Boulangier, del procurador general, P. Juan Bautista Étienne, del P. Juan María Aladel y de otras personalidades, se procede a asear el cuerpo de san Vicente de Paúl. Entre los numerosos y ricos vestuarios con que se reviste el esqueleto, se encuentra la estola pastoral de hilo de oro ofrecida por el arzobispo. El crucifijo que sostienen las manos de cera, procedente del tesoro de la catedral de Notre-Dame y que se ha enriquecido con una reliquia de la Verdadera Cruz, sería el que Vicente utilizó para exhortar al moribundo rey Luis XIII. El cuerpo del santo es situado en un estrado para ser ofrecido a la veneración de algunas personas mientras llega el día de su traslado solemne.