“Vayan a decir a mis hermanos” Hch 2, 14.22-33; Sal 15; secuencia; Mt 28, 8-15. La Pascua no se queda en el sepulcro...


“Vayan a decir a mis hermanos” Hch 2, 14.22-33; Sal 15; secuencia; Mt 28, 8-15. La Pascua no se queda en el sepulcro...

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Is 52, 13-53, 12; Sal 30; Heb 4, 14-16; 5, 7-9; Jn 18, 1-19, 42. El...

“¿Entienden lo que acabo de hacer con ustedes?” Ex 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Cor 11, 23-26; Jn 13, 1-15. La cena del...
En Pentecostés, María enseña la pedagogía de la espera. Mientras los discípulos buscan certezas, ella permanece confiada. Mientras otros dudan o discuten, ella ora. Su fe sostiene la fe de los demás; su esperanza prepara el terreno para la venida del Espíritu. Allí donde muchos quieren actuar, ella enseña primero a perseverar.
“Cuídense de que nadie los engañe” Dn 2, 31-45; Dn 3; Lc 21, 5-11. Hoy agradezcamos a Abba Dios porque, así como ha permitido que surjan grandes imperios en la historia de la humanidad, también ha permitido que sean alternados unos por otros, mostrando sus...
El Adviento nos llama a esperar al Señor en la caridad concreta. Encontramos a Cristo en los pobres y despertamos una “mística de ojos abiertos” hecha de oración, servicio y fraternidad. La Familia Vicenciana debe renovar su celo, unir caridad y justicia y reconocer a Jesús en el rostro de los más vulnerables.
El Evangelio de san Juan nos lleva al lugar donde el amor se vuelve total: el Calvario. Allí, el dolor no destruye la fe de María, sino que la purifica. Ella no huye, no se rebela, no se lamenta. Permanece. Su presencia silenciosa junto a la cruz es el acto de fe más grande de toda la historia humana: creer en el amor cuando todo parece perdido.
“No saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre” Dn 1, 1-6. 8-20; Dn 3; Lc 21, 1-4. El día de hoy agradezcamos a Abba Dios porque nadie hay tan rico que no pueda recibir, ni nadie tan pobre que no pueda compartir, y Él nos permite reconocerlo en los distintos...
En Caná de Galilea, María nos enseña una de las dimensiones más hermosas de su maternidad: su mirada compasiva. No hay lamento en su voz, solo una observación sencilla y llena de ternura: “No tienen vino.” Esa frase, aparentemente doméstica, revela una profundidad espiritual inmensa: María es capaz de ver la necesidad oculta, la falta que amenaza la alegría, la carencia que puede apagar la fiesta.
“V en, Señor J esús” 2 Sam 5, 1-3; Sal 121; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43. El día de hoy agradecemos a Abba Dios por todo el año litúrgico que nos ha permitido vivir y que con la solemnidad de este domingo va concluyendo, sin duda, con infinidad de muestras de su amor y...
La sabiduría poética de santa Isabel Ana Seton traza una espiritualidad profundamente vivida, basada en la fe, la esperanza y el amor, alimentadas por su sufrimiento personal y su servicio activo. Sus palabras reflejan una visión vicenciana donde la fe eleva, la esperanza sostiene y el amor se entrega con confianza a la voluntad de Dios.
En Belén todo es nuevo: el llanto del Niño, el asombro de los pastores, la ternura de José. Pero en medio de ese movimiento, María mantiene una actitud que revela la madurez de su fe: escucha, acoge y medita. No necesita entenderlo todo para amar.