En el misterio de la Anunciación se revela el modo en que Dios actúa: no impone, propone; no exige, invita. La salvación comienza en el diálogo, no en el mandato. María escucha con atención, pregunta con humildad y responde con fe. Su “sí” no nace de la seguridad humana, sino de la confianza total en la Palabra.












