La historia de la salvación avanza sostenida por la fidelidad de Dios. Cuando el pueblo vive entre la incertidumbre y la amenaza, el Señor vuelve a hablar, ofreciendo una señal de esperanza: una virgen concebirá y dará a luz un hijo. En medio del silencio y el temor, la promesa divina resuena como una certeza: Dios no se olvida de su pueblo.

















