Los vicentinos están llamados a actuar en favor de los pobres con paciencia y discernimiento, recordando que Dios obra a su debido tiempo. La urgencia debe equilibrarse con la oración, la unidad y el consenso, buscando no resultados rápidos, sino la voluntad de Dios. El verdadero éxito y la santidad provienen del servicio desinteresado, guiado por el Espíritu, confiando en que las obras arraigadas en Dios perdurarán.














