Homelessness in Ukraine in Wartime: Assessment of the Situation and Public Attitudes [El sinhogarismo en Ucrania en tiempos de guerra: evaluación de la situación y de las actitudes de la población] es un importante estudio analítico realizado por Depaul Ukraine , en colaboración con el Grupo Sociológico «Rating» y el Instituto Mykhailo Ptoukha de Demografía y Calidad de Vida de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania . La investigación recibió el apoyo financiero de la Agencia Católica para el Desarrollo Internacional —Catholic Agency for Overseas Development— (CAFOD) . Depaul Ukraine forma parte del Grupo Depaul internacional y lleva casi dos décadas trabajando en Ucrania con personas que se encuentran en situación de sinhogarismo o corren el riesgo de perder su hogar.
El estudio combina varias modalidades complementarias de investigación, realizadas en abril de 2026. Incluye entrevistas presenciales a 1.090 personas usuarias de servicios de atención a personas sin hogar en Kyiv, Odesa, Járkiv y Leópolis ; una encuesta detallada a 250 personas en situación de sinhogarismo; entrevistas en profundidad con 10 representantes de organizaciones que prestan asistencia; y una encuesta telefónica representativa a escala nacional realizada a 1.200 adultos ucranianos. También emplea el marco europeo ETHOS Light , que reconoce que el sinhogarismo no consiste únicamente en vivir en la calle, sino también en alojarse en albergues, alojamientos temporales o viviendas no convencionales, o en permanecer provisionalmente con familiares o amigos por no disponer de un hogar seguro.
A partir de este amplio conjunto de datos, la siguiente serie explora doce dimensiones diferentes del sinhogarismo en la Ucrania en guerra: desde su magnitud, en gran medida oculta, y sus causas, hasta la salud, el empleo, los prejuicios sociales, las soluciones habitacionales y la necesidad de un cambio sistémico. En conjunto, los artículos pretenden hacer visibles a las personas que se encuentran detrás de las estadísticas y promover una respuesta informada, compasiva y eficaz.
Invitamos a todos los miembros de la Familia Vicenciana a conocer mejor la crisis del sinhogarismo creada y agravada por la guerra en Ucrania, a descubrir cómo están respondiendo las organizaciones vicencianas y a profundizar en las conclusiones de este estudio, ya sea a través de estos doce resúmenes o mediante la lectura del informe completo.
Puede leer o descargar el informe completo haciendo clic aquí (en inglés).
Ocho de cada diez ucranianos encuestados creen que la mayoría de las personas en situación de sinhogarismo podrían trabajar si realmente quisieran. Sin embargo, el informe presenta una realidad más compleja, marcada por la experiencia laboral previa, la mala salud, la falta de documentos, la discriminación, la explotación y un sistema laboral poco adaptado a quienes intentan reconstruir su vida sin disponer de un hogar estable.
La suposición que sustenta un poderoso estereotipo
Una de las creencias más persistentes sobre el sinhogarismo es también una de las más simples: las personas continúan sin vivienda porque no quieren trabajar.
En la encuesta nacional de opinión pública incluida en El sinhogarismo en Ucrania en tiempos de guerra: evaluación de la situación y de las actitudes de la población, el 80 % de los participantes estuvo de acuerdo en que la mayoría de las personas sin hogar podrían trabajar si quisieran hacerlo. Esta creencia convive con otras suposiciones que atribuyen la responsabilidad principalmente a la propia persona: el 53 % consideraba el sinhogarismo un estilo de vida elegido voluntariamente, mientras que el 70 % lo asociaba con las adicciones.
Desde fuera, estos juicios pueden parecer convincentes. Se ve a una persona recogiendo alimentos o solicitando ayuda durante el horario laboral, y quien observa concluye que podría encontrar empleo, pero que lo rechaza deliberadamente.
El informe no niega que la motivación pueda debilitarse durante una situación prolongada de sinhogarismo ni que algunas personas rechacen determinadas oportunidades. Pero demuestra por qué el desempleo no puede explicarse simplemente como una falta de voluntad.
Desear trabajar y ser capaz de conseguir, realizar y conservar un empleo adecuado no son la misma cosa.
Una persona sin documentos, sin un descanso adecuado, sin ropa limpia, transporte, atención médica o un lugar seguro donde guardar sus pertenencias entra en el mercado laboral con una enorme desventaja. Cuando a esto se añaden la edad, la discapacidad, el trauma, el desplazamiento, la discriminación o años de exclusión, la indicación de que «simplemente busque un trabajo» resulta mucho menos realista de lo que parece.
Lo que muestran las cifras sobre el empleo
El estudio constató que el 78 % de las personas en situación de sinhogarismo encuestadas no tenía trabajo en el momento de realizarse la encuesta. El 16 % realizaba trabajos temporales u ocasionales, mientras que solo el 6 % tenía un empleo permanente.
El empleo remunerado era más frecuente entre los hombres y los participantes menores de 40 años. Las personas mayores tenían muchas menos probabilidades de trabajar, debido tanto a la edad de jubilación como a los problemas de salud y movilidad mencionados a lo largo del estudio.
Las personas que habían estado en prisión figuraban entre los grupos más activos económicamente: el 8 % tenía un empleo permanente, mientras que el 36 % realizaba trabajos ocasionales. Sin embargo, ni siquiera este nivel relativamente elevado de actividad proporcionaba necesariamente la estabilidad suficiente para conseguir una vivienda.
Las cifras confirman que el desempleo está muy extendido, pero no demuestran que las personas nunca hayan trabajado o carezcan de experiencia.
Entre los participantes que disponían de algún ingreso, pero no tenían un empleo remunerado, el 95 % afirmó haber trabajado anteriormente. Solo el 5 % declaró no haber trabajado nunca.
Por tanto, muchas de las personas atendidas en albergues y programas de distribución de alimentos poseen experiencia laboral. Es posible que anteriormente se mantuvieran a sí mismas y a sus familias, pagaran un alquiler, ejercieran un oficio o trabajaran en empresas y servicios públicos ordinarios.
El sinhogarismo no borra esa historia, pero cuanto más tiempo permanece alguien fuera del mercado laboral, más difícil resulta regresar a él.
Años alejados del empleo formal
Entre los participantes que habían trabajado anteriormente, pero que no tenían empleo en ese momento, el 73 % afirmó que su último trabajo había terminado más de dos años antes. El 11 % había trabajado durante los seis meses anteriores, mientras que grupos más pequeños habían tenido su último empleo entre seis meses y dos años antes de la encuesta.
Una ausencia prolongada del mercado laboral puede debilitar las capacidades profesionales, las referencias, la confianza y la familiaridad con las rutinas de trabajo. También puede crear lagunas en el currículum que los empleadores interpretan negativamente.
Para una persona en situación de sinhogarismo, esa ausencia rara vez constituye un problema aislado. Es posible que, al mismo tiempo, esté intentando recuperar sus documentos de identidad, recibir tratamiento médico, superar un trauma, acceder a prestaciones y encontrar un lugar seguro donde dormir.
Las solicitudes de empleo suelen dar por supuesto un nivel mínimo de estabilidad. Los empleadores esperan que los candidatos dispongan de teléfono, acceso al correo electrónico, ropa limpia, transporte, documentos y capacidad para llegar descansados y puntuales.
Una persona que vive en un albergue puede disponer de algunos de estos recursos, pero no de manera constante. Alguien que duerme al aire libre o se desplaza entre distintos alojamientos temporales puede no disponer de casi ninguno.
Por tanto, la cuestión no es únicamente si la persona está dispuesta a trabajar, sino si las condiciones que la rodean permiten mantener un empleo.
El sinhogarismo resulta físicamente agotador
Vivir sin una vivienda permanente consume tiempo y energía.
Una persona puede pasar gran parte del día desplazándose entre puntos de distribución de alimentos, albergues, oficinas públicas, centros médicos y lugares donde se ofrece trabajo ocasional. Puede perder horas esperando una comida, una ducha, una cita para recuperar documentos o un lugar donde dormir.
El descanso puede verse interrumpido por el ruido, el frío, el miedo o los horarios de los albergues. Las pertenencias personales deben llevarse encima o dejarse en algún lugar expuesto a robos. Los medicamentos no siempre pueden guardarse de forma segura. Lavar la ropa de trabajo o preparar alimentos puede resultar difícil.
El informe constató que el 59 % de los participantes consideraba su salud mala o muy mala. El 58 % tenía problemas de movilidad y más de la mitad sufría dolor o malestar persistente. Un tercio eran personas con discapacidad, mientras que el 39 % de los encuestados tenía 60 años o más.
Estas realidades son importantes cuando se habla de empleo.
Una persona con dolores intensos puede ser incapaz de realizar un trabajo manual. Alguien con movilidad reducida quizá no pueda desplazarse de un extremo a otro de la ciudad o permanecer de pie durante toda una jornada laboral. Una persona mayor puede enfrentarse tanto a limitaciones de salud como a la discriminación por edad.
Describir a estas personas simplemente como reacias a trabajar significa ignorar las condiciones físicas en las que se les pide que compitan.
La falta de documentos cierra la puerta al empleo legal
Los documentos de identidad constituyen otro obstáculo decisivo.
Normalmente se necesita un pasaporte y un número de identificación fiscal para acceder a un empleo formal. Sin embargo, el 37 % de los participantes manifestó tener problemas con cada uno de estos documentos.
Algunos habían perdido los papeles mientras huían de acciones militares o de la ocupación. Otros habían sufrido robos o llevaban años viviendo en condiciones inestables. Los casos más complejos afectaban a personas incapaces de demostrar su ciudadanía o su lugar de residencia porque los archivos y los testigos se encontraban en territorios ocupados o en países con los que Ucrania ya no mantiene relaciones diplomáticas normales.
Los expertos subrayaron que la falta de documentos impide acceder a los servicios de empleo, el trabajo formal, las prestaciones sociales, los servicios médicos y otros sistemas esenciales.
La contradicción es grave. El empleo podría proporcionar ingresos y estabilidad, pero la persona no puede conseguir un trabajo legal sin documentación. Recuperar esos documentos puede requerir desplazamientos, el pago de tasas, procedimientos judiciales, pruebas y una ayuda continuada que la persona no puede gestionar sin ingresos ni estabilidad.
El trabajo informal se convierte entonces en una de las pocas alternativas disponibles.
El trabajo que realmente realizan las personas
Entre los participantes que realizaban alguna actividad laboral, el trabajo mencionado con mayor frecuencia era la recogida y clasificación de materiales reciclables. Otros limpiaban espacios públicos, ayudaban en tareas domésticas, trabajaban como vigilantes o cuidadores, repartían mercancías o realizaban trabajos agrícolas estacionales.
Estas son formas reales de trabajo. Exigen tiempo, esfuerzo físico y responsabilidad. Sin embargo, suelen estar mal pagadas y ser temporales e inseguras.
Entre quienes habían trabajado durante la semana anterior a la encuesta, un tercio lo había hecho durante seis o siete días. Otros habían trabajado únicamente uno o dos días, dependiendo de la disponibilidad de empleo ocasional.
Esto revela otro problema del estereotipo. Algunas personas en situación de sinhogarismo trabajan y, aun así, continúan sin hogar.
El empleo no genera automáticamente unos ingresos suficientes para alquilar un piso, especialmente cuando el trabajo es irregular, los salarios son bajos y los propietarios exigen una fianza o pruebas de ingresos estables.
La expresión «trabajadores sin hogar» puede parecer contradictoria, pero describe una situación real: una persona puede aportar su trabajo y, aun así, ser incapaz de pagar una vivienda.
Un mercado laboral con un «techo de cristal»
Los expertos entrevistados para el estudio describieron un «techo de cristal» estructural que limita las perspectivas laborales de las personas en situación de sinhogarismo.
Por lo general, se las orienta hacia una gama muy reducida de trabajos poco cualificados: limpieza de calles, vigilancia de propiedades, reposición o limpieza en supermercados, trabajos de construcción y otras formas de trabajo físico. Su educación, sus titulaciones y su experiencia profesional anteriores pueden recibir muy poca consideración.
Esto resulta significativo porque no todas las personas encuestadas tenían un bajo nivel educativo. El 42 % había completado la educación secundaria general, el 30 % poseía titulaciones de formación secundaria profesional y el 16 % contaba con estudios superiores.
Por tanto, una persona con formación profesional puede descubrir que el sinhogarismo se convierte en el elemento que define su currículum no escrito. Los empleadores ven un problema con la dirección, un aspecto descuidado o una larga interrupción laboral y presuponen que la persona no es fiable.
Sus capacidades reales se vuelven invisibles.
La guerra ha provocado escasez de mano de obra en algunas ciudades ucranianas, y los expertos señalaron que puede haber una oferta relativamente abundante de trabajos poco cualificados. Sin embargo, que haya empleos disponibles no garantiza que sean justos, adecuados o que proporcionen ingresos suficientes para salir del sinhogarismo.
A una persona con discapacidad pueden ofrecerle únicamente trabajos físicos. Un trabajador mayor puede ser rechazado a pesar de su experiencia. Una persona desplazada con formación profesional puede ser incapaz de demostrar sus titulaciones. Alguien sin una dirección permanente puede quedar excluido antes incluso de realizar una entrevista.
Explotación en la economía informal
Cuando el empleo formal resulta inaccesible, las personas suelen aceptar trabajos sin contrato ni protección legal.
Los expertos del informe describieron graves situaciones de explotación dentro de este mercado laboral informal. Algunos empleadores se niegan a pagar una vez terminado el trabajo. Otros ofrecen productos en lugar de salarios, incluido alcohol. Puede exigirse a las personas que trabajen jornadas excesivamente largas —en ocasiones, de doce horas o más— sin descansos adecuados.
Un trabajador que dispone de vivienda, ahorros y apoyo jurídico puede rechazar unas condiciones abusivas o reclamar el pago. Una persona que necesita dinero para comer o pagar una cama en un albergue tiene una capacidad de negociación mucho menor.
Los empleadores pueden suponer que alguien en situación de sinhogarismo no denunciará los abusos, no presentará una reclamación legal o no será creído por las autoridades.
La ausencia de un contrato escrito también significa que el empleo no genera un historial fiable de ingresos que permita alquilar una vivienda, obtener crédito o demostrar estabilidad económica.
El trabajo informal puede ayudar a alguien a sobrevivir durante el día, pero contribuye muy poco a crear una vía permanente para salir del sinhogarismo.
Por ello, el estudio recomienda mecanismos que garanticen un empleo formal y legal para las personas en situación de sinhogarismo, ayudando a protegerlas frente a la discriminación y la explotación.
De dónde proceden los ingresos
Como el empleo permanente es poco frecuente, muchos participantes dependen de otras fuentes de ingresos.
Las prestaciones públicas eran la fuente mencionada con mayor frecuencia, señalada por el 41 %. El 18 % mencionó las ayudas de fundaciones benéficas; el 17 %, el trabajo remunerado; y el 10 %, el reciclaje. Casi una cuarta parte afirmó no tener ningún ingreso.
Las prestaciones eran especialmente importantes para las personas con discapacidad, los adultos mayores que vivían solos, las mujeres y los participantes de 60 años o más. Las personas que habían estado en prisión y los adultos más jóvenes recurrían con mayor frecuencia a la ayuda benéfica.
Estas cifras no deben interpretarse como una prueba de dependencia elegida voluntariamente. Una pensión o una prestación por discapacidad puede ser la única fuente realista de ingresos para alguien cuya edad o estado de salud le impiden trabajar a jornada completa.
La cuestión más profunda es si los ingresos disponibles resultan suficientes para conseguir una vivienda.
Incluso una persona que recibe prestaciones periódicas puede ser incapaz de pagar el alquiler de mercado, una fianza, los suministros, los medicamentos, los alimentos y el transporte. Por tanto, las políticas de empleo y vivienda no pueden separarse.
Aumentar los ingresos sin crear viviendas asequibles puede hacer que la persona continúe en un albergue. Proporcionar una vivienda sin ingresos ni apoyo puede dificultar que consiga conservarla.
Una solución sostenible requiere ambas cosas.
Educación sin una formación accesible
Casi todos los participantes —el 99 %— no estudiaban ni asistían a ningún curso en el momento de realizarse la encuesta.
Los expertos señalaron que en Ucrania prácticamente no existen programas especializados de formación y empleo diseñados específicamente para personas en situación de sinhogarismo.
En teoría, los solicitantes sin hogar pueden participar en los programas generales ofrecidos por los servicios públicos de empleo. En la práctica, estos cursos suelen estar poco adaptados a sus circunstancias.
Algunos exigen una asistencia regular durante seis meses o un año. Para una persona que se desplaza entre albergues, afronta problemas de salud o intenta recuperar sus documentos, mantener esa constancia puede resultar extremadamente difícil.
Una organización describió una colaboración con centros de formación técnica que permitía a los residentes aprender costura y obtener titulaciones para acceder a un empleo formal en la industria textil. El programa ofrecía una verdadera trayectoria profesional, pero los participantes debían permanecer en formación durante un año completo. Muchos solo se alojaban en el centro durante unos meses y no podían terminarla.
La lección no es que la formación de larga duración resulte inútil, sino que los programas deben diseñarse teniendo en cuenta la realidad de las personas a las que pretenden atender.
Los módulos más breves, los horarios flexibles, las prácticas con apoyo, el reconocimiento de capacidades anteriores, las ayudas para el transporte, la recuperación de documentos y la continuidad del alojamiento podrían hacer que la formación resultara mucho más accesible.
La motivación no es un rasgo personal inmutable
Los expertos reconocen que la motivación puede convertirse en una dificultad real, especialmente después de años en situación de sinhogarismo.
La supervivencia diaria cambia gradualmente la manera en que una persona piensa en el futuro. Los rechazos reiterados reducen las expectativas. Los intentos de encontrar empleo pueden terminar en explotación, discriminación o fracaso. La persona puede dejar de creer que su esfuerzo vaya a producir un cambio significativo.
El informe describe cómo esta transformación puede comenzar entre tres y seis meses después de perder la vivienda. A medida que el sinhogarismo se prolonga, la autoestima y la confianza pueden disminuir, y la marginación puede comenzar a percibirse como algo normal.
Esto no debe confundirse con una falta innata de voluntad para trabajar.
La motivación está condicionada por las circunstancias. Puede verse dañada por el trauma y la exclusión, pero también puede reconstruirse mediante la confianza, la estabilidad, el estímulo y unas oportunidades alcanzables.
Los expertos señalaron que los programas de empleo y formación tienen muchas más posibilidades de éxito cuando van acompañados de un trabajo social continuado. Un trabajador social puede ayudar a la persona a recuperar sus documentos, acudir a las citas, gestionar sus problemas de salud, comunicarse con los empleadores y seguir adelante después de los contratiempos.
La motivación aumenta cuando el esfuerzo produce resultados visibles.
Pedir a alguien que complete un curso de un año mientras continúa viviendo en una situación de crisis puede reforzar su sensación de fracaso. Ofrecerle una habitación estable, un programa formativo breve, un empleador justo y acompañamiento personal crea una posibilidad muy diferente.
El empleo por sí solo no pone fin al sinhogarismo
Uno de los expertos entrevistados para el estudio expresó el problema de manera directa: encontrar trabajo ocasional para una persona en situación de sinhogarismo puede ser realista, pero tener trabajo por sí solo no resuelve el problema.
Un trabajador con un salario bajo puede seguir siendo incapaz de alquilar un piso. Un trabajador ocasional no sabe cuánto ganará la semana siguiente. Un residente de un albergue puede perder su cama porque su jornada termina después de la hora de entrada establecida por el centro. Alguien que trabaja largas jornadas físicas puede no tener un lugar donde ducharse, preparar alimentos o recuperarse.
El empleo es esencial para la independencia y la dignidad de muchas personas, pero no sustituye a la vivienda.
Por esta razón, el informe respalda los enfoques centrados en la vivienda. Un hogar estable puede hacer que el empleo sea más sostenible al proporcionar descanso, higiene, una dirección, un lugar donde guardar los documentos y una rutina cotidiana previsible.
El apoyo laboral puede adaptarse entonces a cada persona. Algunas pueden estar preparadas para comenzar inmediatamente un trabajo a jornada completa. Otras pueden necesitar tratamiento médico, rehabilitación, un empleo a tiempo parcial, formación profesional o trabajo con apoyo.
No es razonable esperar que las personas mayores o quienes tienen discapacidades graves se incorporen al mercado laboral. Su derecho a la vivienda y a la dignidad no depende de su productividad económica.
Qué exigiría una mejor respuesta en materia de empleo
El informe señala varios cambios necesarios para que el empleo constituya una verdadera vía de salida del sinhogarismo.
En primer lugar, las personas necesitan acceder a un empleo formal protegido por contratos y por la legislación laboral. Esto reduciría el riesgo de impago de los salarios, jornadas excesivas y retribuciones en forma de productos en lugar de dinero.
En segundo lugar, los servicios de empleo deben adaptarse a las circunstancias de las personas que carecen de una vivienda estable. Los programas deberían combinar la formación profesional con el trabajo social, la ayuda para recuperar documentos, la atención sanitaria, el transporte y un alojamiento fiable.
En tercer lugar, los empleadores y las administraciones públicas necesitan formación para combatir el estigma. El aspecto de una persona, su dirección temporal o su historial de sinhogarismo no deberían interpretarse automáticamente como pruebas de pereza o falta de fiabilidad.
En cuarto lugar, el empleo debe estar vinculado a viviendas asequibles y sociales. Unos ingresos insuficientes para entrar en el mercado del alquiler no pueden proporcionar una salida del sinhogarismo, por mucho que trabaje una persona.
Por último, la ayuda debe comenzar rápidamente. Cuanto más tiempo permanece alguien sin vivienda y fuera del mercado laboral, más difícil resulta su reintegración.
El objetivo no consiste simplemente en hacer que una persona sea económicamente activa, sino en crear las condiciones necesarias para que participe en la sociedad de una manera estable y digna.
Trabajo, dignidad y respuesta vicenciana
La tradición vicenciana reconoce la dignidad del trabajo, pero no mide la dignidad humana en función de la situación laboral.
Una persona no es menos digna porque una enfermedad le impida trabajar, porque la guerra haya destruido sus medios de subsistencia o porque años de sinhogarismo hayan debilitado su confianza. Tampoco debería retirarse la ayuda benéfica para obligarla a aceptar cualquier empleo disponible, independientemente de que sea explotador o inadecuado.
Una respuesta vicenciana comienza escuchando.
¿En qué trabajaba anteriormente esta persona? ¿Qué capacidades conserva? ¿Qué documentos le faltan? ¿Qué problemas de salud limitan su empleo? ¿El trabajo disponible es legal y está justamente remunerado? ¿Disponer de un hogar estable haría posible el empleo? ¿Qué tipo de acompañamiento ayudaría a la persona a salir adelante?
Estas preguntas permiten superar el juicio y avanzar hacia una solidaridad práctica.
Los alimentos y la ayuda de emergencia protegen la vida. La asistencia jurídica abre el acceso al empleo formal. La formación puede recuperar capacidades. Los empleadores éticos ofrecen oportunidades. Los trabajadores sociales ayudan a las personas a superar los contratiempos. La vivienda asequible da sentido a los ingresos obtenidos mediante el trabajo.
Todos estos elementos forman parte de una misma respuesta.
Lo opuesto al sinhogarismo no es únicamente el empleo. Es la estabilidad, la pertenencia y la posibilidad de construir una vida digna.
El informe pide a la sociedad que abandone la fácil suposición de que las personas continúan sin hogar porque se niegan a trabajar. Las pruebas muestran que muchas han trabajado anteriormente, algunas trabajan en la actualidad y otras podrían hacerlo si se abordaran adecuadamente la salud, la documentación, la vivienda, la formación y la discriminación.
Por tanto, la pregunta no es simplemente si las personas en situación de sinhogarismo están dispuestas a trabajar. La pregunta es si la sociedad está dispuesta a eliminar los obstáculos que impiden que su trabajo se convierta en un camino hacia el hogar.

Imagen © DePaul Group.








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