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La quinta ola de calor de este verano en el Reino Unido: el creciente riesgo para las personas sin un hogar seguro

por .famvin | Sep 9, 2026 | Noticias | 0 comentarios

El cambio climático está haciendo más peligroso el sinhogarismo, al exponer a las personas sin un hogar seguro a olas de calor, temperaturas extremas y riesgos para la salud frente a los que una vivienda adecuada ofrece protección.

A medida que el cambio climático provoca olas de calor más frecuentes e intensas, las personas en situación de sinhogarismo se encuentran entre las más expuestas a los efectos de la crisis climática. Muchos de nosotros podemos refugiarnos en casa, cerrar las cortinas, encender un ventilador o el aire acondicionado, beber agua fría o simplemente cambiar nuestros planes para ese día. Para quienes no disponen de un hogar seguro, ninguna de estas opciones está garantizada.

Un hogar seguro es una de las protecciones más importantes que cualquier persona puede tener frente a los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, para quienes se encuentran en situación de sinhogarismo, mantenerse a salvo durante periodos de calor extremo puede convertirse en un desafío diario y, en ocasiones, potencialmente mortal.

El peligro de dormir en la calle durante episodios de calor extremo

Para las personas que duermen en la calle, el calor extremo puede ser realmente peligroso. Sin un lugar seguro donde refrescarse y protegerse del aumento de las temperaturas, pueden permanecer expuestas a niveles elevados de calor durante largos periodos, a menudo con un acceso limitado a la sombra, al agua potable o a otros medios para mantenerse frescas. Esa combinación —calor, deshidratación y ningún lugar donde refugiarse— es la que puede convertir una semana calurosa en una emergencia médica. Las investigaciones realizadas en otros países lo confirman de manera contundente: un estudio estadounidense reveló que las personas en situación de sinhogarismo tienen 26 veces más probabilidades de ser hospitalizadas por enfermedades relacionadas con el calor que la población general, una magnitud del riesgo para la que también los servicios británicos tienen que prepararse cada vez más.

Las olas de calor en el Reino Unido ya no son una emergencia que se produzca una vez cada diez años. El país está experimentando actualmente su quinta ola de calor de este verano. En estos momentos se utilizan medidas de emergencia como los Protocolos de Emergencia ante Condiciones Meteorológicas Extremas (SWEP, por sus siglas en inglés), pero si el calor extremo se ha convertido ya en una circunstancia previsible y recurrente de los veranos británicos, no puede tratarse cada vez como una crisis excepcional. Es necesaria una respuesta sistemática y a largo plazo: espacios interiores seguros, planes específicos para las olas de calor y vínculos más sólidos con los servicios sanitarios incorporados de manera habitual, en lugar de improvisarlos cada vez que llega una ola de calor.

Bajo techo, pero no a salvo: los riesgos de los alojamientos temporales

Sin embargo, el sinhogarismo no es únicamente aquello que vemos en las calles. Muchas más personas en situación de sinhogarismo viven en alojamientos temporales —albergues, hoteles, pensiones o edificios reconvertidos—, muchos de ellos masificados o de mala calidad, donde mantenerse frescos y seguros durante los periodos de calor extremo puede resultar igual de difícil.

Durante una reciente ola de calor, a unas 60 familias alojadas temporalmente en una torre de viviendas reconvertida del sur de Londres les desconectaron el aire acondicionado por decisión de la administración del edificio, que afirmó que la climatización no estaba incluida entre los servicios ofrecidos. Una madre contó que su hijo de un año estaba «empapado» después de quedarse dormido con aquel calor, mientras que su hijo de 12 años sufrió hemorragias nasales repetidas durante varios días. Tres niños del edificio acabaron hospitalizados. Escasa ventilación y ventanas que no podían abrirse correctamente: exactamente las condiciones que convierten una ola de calor de algo incómodo en algo peligroso.

La falta de viviendas adecuadas deja a las personas más expuestas al aumento de las temperaturas, con una ventilación limitada, poco espacio para escapar del calor y escasas opciones para afrontar fenómenos meteorológicos extremos. Para alguien que ya vive con la incertidumbre y el estrés asociados al sinhogarismo, estas condiciones hacen que resulte aún más difícil afrontar los efectos del cambio climático.

Por qué una vivienda segura es una de las intervenciones sanitarias más poderosas

Un hogar seguro es mucho más que un techo sobre la cabeza. Proporciona seguridad, estabilidad y protección, y constituye una de las intervenciones sanitarias más eficaces de las que disponemos. Las personas en situación de sinhogarismo presentan peores resultados de salud y una esperanza de vida menor que la población general, y las viviendas inseguras amplían todavía más esa brecha: aumentan la exposición a las enfermedades, agravan los problemas de salud existentes y dificultan incluso el acceso inicial a la atención sanitaria.

Una vivienda estable produce el efecto contrario. Mejora la salud mental y física, reduce la exposición a enfermedades infecciosas y proporciona a las personas una base firme desde la que reconstruir sus vidas. En Depaul UK creemos que el sinhogarismo tiene solución, pero ahora es necesario abordarlo como el riesgo previsible y vinculado al clima en el que se ha convertido, y no como una cuestión secundaria que solo recibe atención cuando se disparan las temperaturas.

Este es también un planteamiento que Depaul está defendiendo más allá de sus propios servicios. Su organización internacional, Depaul International, trabaja para que el sinhogarismo sea reconocido como una cuestión vinculada al clima en el ámbito mundial. Esta labor refleja el mismo argumento que estamos defendiendo en nuestro propio país: una vivienda segura no es un «servicio adicional», sino una protección. A través de su colaboración con el Institute of Global Homelessness, Depaul International ha contribuido a lograr tres resoluciones de las Naciones Unidas sobre el sinhogarismo y actualmente trabaja para que este problema se incorpore a la financiación internacional destinada al clima y al desarrollo, que en la actualidad lo pasa casi completamente por alto.

Ya se trate de una persona que duerme en la calle durante una ola de calor, de una torre de viviendas del sur de Londres cuyo aire acondicionado ha sido desconectado o de una laguna en las políticas internacionales de financiación climática, el principio es el mismo: las personas que carecen de un hogar seguro quedan desprotegidas frente a las temperaturas extremas.

Todos merecen algo más que un simple refugio. Todos merecen un lugar seguro al que poder llamar hogar.

Fuente: https://www.depaul.org.uk/


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