Las Hijas de la Caridad de María Inmaculada —H.C.M.I.— son una de esas congregaciones religiosas cuya historia es rica, profundamente eclesial y espiritualmente significativa. Su historia comienza en el mundo de los pobres, los enfermos, los abandonados y las humildes instituciones de la caridad cotidiana en el México de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Sus orígenes son inseparables de Tacubaya, entonces una zona diferenciada y hoy parte de Ciudad de México, y de un pequeño hospital benéfico conocido como el Hospitalito Nuestra Señora de Guadalupe. Esta institución se convirtió en el centro de la vida apostólica de la Madre Inés María Gasca Solórzano y, según el propio relato histórico de la congregación, en la “cuna” de la institución que ella fundó.
La congregación se identifica como un instituto de vida consagrada y apostólica, de derecho pontificio, fundado por la Rvdma. Madre Inés María Gasca Solórzano el 16 de junio de 1913. Al mismo tiempo, sus materiales históricos señalan también el 8 de diciembre de 1915 como el inicio formal del “Centro de Caridad de María Inmaculada”, cuando ingresaron las primeras jóvenes en la obra naciente. Esto significa que la fundación de la congregación debe leerse como un proceso: el 16 de junio de 1913 marca el momento decisivo en que Inés María asumió la responsabilidad del Hospitalito y comenzó a poner los cimientos de la obra; el 8 de diciembre de 1915 señala el comienzo comunitario más formal del instituto que llegaría a ser las Hijas de la Caridad de María Inmaculada.
Su lema es sencillo y mariano: “Todo a Jesús por María”. Su identidad se expresa a través de las virtudes de la humildad, la sencillez y la caridad, y su misión consiste en vivir la caridad del Sagrado Corazón de Jesús y el amor maternal de María en el servicio a los más pobres y necesitados de la sociedad.
Una congregación nacida de la caridad
El primer escenario de la congregación no fue una gran casa madre, ni un santuario famoso, ni un proyecto educativo bien dotado de recursos. Fue un pequeño hospital creado como respuesta al sufrimiento humano.
El Hospitalito Nuestra Señora de Guadalupe fue bendecido el 1 de mayo de 1881 por el arzobispo Pelagio Antonio Labastida y Dávalos. Había sido fundado por el doctor Ángel Gutiérrez después de encontrarse con un pobre enfermo, abandonado en la calle, sin familia ni recursos. Aquel encuentro puso de manifiesto la necesidad de contar con un hospital para los pobres en la ciudad. Años más tarde, este Hospitalito se convertiría en el principal campo apostólico de la Madre Inés María Gasca Solórzano y en el lugar donde echó raíces su futura congregación.
Este origen es importante. La congregación no comenzó como un proyecto espiritual abstracto que después se aplicó a los pobres. Comenzó en contacto directo con la enfermedad, la pobreza, el abandono y el servicio práctico. La intuición fundacional creció a partir del trabajo cotidiano de cuidar a personas que no tenían adónde acudir.
La propia definición que la congregación ofrece de su carisma lo confirma. Su carisma se describe como una “verdadera y progresiva configuración con Jesucristo y con la Virgen María en el misterio de su amor a Dios y a la humanidad”, una configuración que se proyecta en obras de caridad. Más concretamente, las hermanas se entienden a sí mismas como servidoras de Dios en la persona de los enfermos, los ancianos y los niños, en hospitales, asilos, escuelas y hogares infantiles.
Desde esta perspectiva, las Hijas de la Caridad de María Inmaculada pertenecen a una amplia tradición católica en la que el amor de Dios se verifica y se hace visible en el cuidado de la humanidad sufriente. Su espiritualidad es contemplativa en sus raíces, pero práctica en su expresión.
Madre Inés María Gasca Solórzano: una vida marcada por la pérdida, la fe y el servicio
Inés María Gasca Solórzano nació el 20 de abril de 1863 en Salamanca, Guanajuato, México. Fue bautizada al día siguiente con el nombre de María Anselma Gasca Solórzano. Era la novena y última hija de la familia Gasca Solórzano.
Su infancia y juventud estuvieron marcadas por profundas pérdidas. Su padre, Alejandro Gasca, murió cuando ella tenía diez años. Su madre, Bernarda Solórzano, falleció cuando Inés María tenía dieciséis. Estos duelos tempranos colocaron su vida bajo el signo de la fragilidad y de la dependencia de Dios, temas que más tarde aparecerían con fuerza en su espiritualidad de abandono a la Divina Providencia.
En 1880, tras la muerte de su madre, Inés María viajó con sus hermanas Luz María y Brígida a Tlalnepantla. Allí, el P. Agustín de Jesús Torres, Visitador de la Congregación de la Misión, había nombrado a su hermana mayor Socorro directora de una escuela para niñas sin recursos. Esta es una de las primeras conexiones vicencianas explícitas en su vida, ya que la Congregación de la Misión es la comunidad fundada por san Vicente de Paúl.
El 8 de diciembre de ese mismo año, bajo la dirección del P. Félix Morales, C.M., Inés María ingresó en la Asociación de las Hijas de María vinculada a la iglesia de San Lorenzo, en Ciudad de México. En su consagración mariana, pidió tres gracias: aprender música para cantar las alabanzas de María, recibir un santo director espiritual y encontrar un lugar donde pudiera trabajar “por Dios y por Dios en la persona de los pobres y abandonados”.
Su oración fue respondida de una forma muy concreta. Llegó a tener talento musical, sirviendo como música de capilla y organista; también aprendió inglés, francés y latín. Pero, sobre todo, encontró el lugar de servicio de su vida en el Hospitalito Nuestra Señora de Guadalupe, en Tacubaya.
El 25 de mayo de 1881, a los dieciocho años, Inés María hizo voto de castidad y se consagró totalmente a Dios en la capilla de la parroquia de La Candelaria, en Tacubaya. Tres años después, el 3 de mayo de 1884, bajo la dirección del P. Juan María Fernández, C.M., ingresó en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y partió hacia Guatemala. Sin embargo, a causa de su frágil salud, tuvo que regresar a México después de solo dos meses.
Este breve episodio es central para comprender su genealogía espiritual. Inés María no admiró la espiritualidad vicenciana solo desde la distancia; llegó a intentar ingresar en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Su salud le impidió permanecer, pero el impulso vicenciano —el servicio de Cristo en los pobres— quedó arraigado en su vocación.
La inspiración de una nueva fundación
La inspiración fundacional maduró lentamente. Durante unos ejercicios espirituales celebrados del 17 al 25 de mayo de 1901, bajo la dirección de su director espiritual jesuita, el P. Félix Aldasoro, Inés María se sintió movida a fundar una asociación. Imaginó una sociedad de vírgenes cristianas, totalmente abandonadas a la Divina Providencia, que reuniera obras de misericordia espiritual que, de otro modo, se realizaban de manera individual y dispersa.
Su visión no se realizó de inmediato. La vivió en silencio, llevando aquella idea en la oración, en la discreción y en el servicio diario. La propia historia de la congregación afirma que amaba profundamente a su hermana Socorro y que no hablaba abiertamente del “fuego de caridad” que ardía en su corazón en favor de los pobres y desprotegidos. La misma fuente dice explícitamente que Inés María había hecho suyo el ideal de san Vicente de Paúl y se había alimentado de la caridad del Corazón de Jesús y de la espiritualidad vicenciana.
Esta afirmación es una de las referencias disponibles más claras para comprender la identidad vicenciana de la congregación. No dice simplemente que la congregación se parezca a la espiritualidad vicenciana. Afirma que la fundadora había interiorizado el ideal de san Vicente y bebido de la espiritualidad vicenciana como una de las fuentes de su vocación caritativa.
El punto de inflexión decisivo llegó en 1913. Su hermana Socorro, que durante mucho tiempo había sido una figura maternal en su vida y una persona central en el Hospitalito, enfermó gravemente. El 14 de junio de 1913, Socorro confió el Hospitalito a Inés María, pidiéndole que no lo dejara decaer, sino que lo cuidara como quien tiene encomendada una obra de Dios. Dos días después, el 16 de junio de 1913, Socorro murió. La congregación identifica esta fecha como la fecha de fundación del instituto.
Para Inés María, la muerte de Socorro fue al mismo tiempo una herida y una llamada. Quedó sola con el Hospitalito, con los pobres, los enfermos y la obra que había ido creciendo silenciosamente en su corazón. Desde ese momento, comenzó a poner los cimientos de la congregación.
San Vicente de Paúl y la cuestión del patronazgo
Uno de los textos más llamativos del relato histórico de la congregación procede del diario de Inés María, con fecha 19 de julio de 1913. Allí escribió que pedía a san Vicente de Paúl que la reconociera como hija suya y que le infundiera el espíritu de caridad que animaba a su amada hermana. Le confiaba su obra, “puesto que él es el patrono de todas las instituciones de caridad”.
Esto no prueba necesariamente, por sí solo, que san Vicente de Paúl fuera nombrado oficialmente patrono canónico de la congregación en sus constituciones. Sin embargo, sí muestra que Inés María le confió personalmente su obra y que lo comprendía como una figura patronal para las instituciones de caridad.
Una fuente genealógica vicenciana secundaria, The Vincentian Family Tree: A Genealogical Study, va más allá. Resume a las Hijas de la Caridad de María Inmaculada como fundadas en 1915 en Tacubaya por Inés María Gasca Solórzano para servir a los pobres y abandonados en hospitales, escuelas, asilos y misiones, y afirma que Vicente de Paúl es patrono de este instituto. También señala que la fundadora había ingresado en las Hijas de la Caridad, pero no pudo permanecer en el noviciado de Guatemala por motivos de salud.
Por tanto, la evidencia disponible permite sostener una conclusión prudente: la congregación tiene una clara inspiración vicenciana, la fundadora confió personalmente la obra a san Vicente de Paúl y al menos una fuente genealógica vicenciana identifica a san Vicente como patrono del instituto.
El comienzo formal de la comunidad
Después de la muerte de Socorro, Inés María comenzó a formar a jóvenes, muchas de ellas vinculadas a las Hijas de María. La obra fue tomando forma a través del Hospitalito, la oración, el servicio a los enfermos y la búsqueda de orientación eclesiástica.
La fecha del 8 de diciembre de 1915 aparece en la historia de la congregación como el momento en que ingresaron las primeras jóvenes en el “Centro de Caridad de María Inmaculada”. Las dos primeras fueron Refugio Moreno y Soledad Iturbe. El 12 de diciembre tuvo lugar una ceremonia religiosa, con oración, predicación, bendición con el Santísimo Sacramento y apertura del meritoriado: un período inicial de discernimiento vocacional y experiencia comunitaria antes de la formación religiosa formal, similar a un pre-postulantado.
Los primeros años estuvieron marcados por la pobreza, el entusiasmo y también el conflicto. El P. José Castillo y Piña colaboró inicialmente con Inés María y ayudó en la formación de las jóvenes. Pero el relato histórico de la congregación describe después una dolorosa ruptura. Según dicho relato, el P. Castillo comenzó a presentar la obra bajo otro nombre, “Confraternidad Femenina”, e Inés María vivió la experiencia de ser desplazada de la misma asociación que ella creía inspirada por Dios para fundar.
Este conflicto parece haber sido una de las grandes pruebas purificadoras de su vida. Las autoridades eclesiásticas le aconsejaron apartarse, guardar silencio y confiar el asunto a Dios. El relato de la congregación subraya su obediencia, sufrimiento, humildad y silencio ante la incomprensión.
Sin embargo, la historia no terminó ahí. El 27 de noviembre de 1926, Inés María recibió un documento que reconocía el “Centro de Caridad de Hijas de María Inmaculada” en el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe. El documento expresaba el deseo de que las jóvenes se formaran según el espíritu de la obra y aprendieran a “servir a Dios en la persona de los pobres”. Desde ese momento, el relato histórico de la congregación afirma que Inés María quedó registrada histórica y jurídicamente como verdadera y única fundadora de las Hijas de la Caridad de María Inmaculada.
El 27 de agosto de 1930, el arzobispo Pascual Díaz y Barreto concedió aprobación provisional “ad experimentum” al Centro de Caridad de Hijas de María Inmaculada, cuyo fin era ofrecer caridad a los enfermos pobres en los hospitales mediante asistencia espiritual y corporal.
La primera profesión religiosa tuvo lugar el 19 de septiembre de 1931, presidida por el delegado apostólico Leopoldo Ruiz y Flores. Entre quienes profesaron se encontraban la propia Inés María Gasca Solórzano, María Iturbe, Concepción Caballero, Francisca Sánchez, Asunción Macías, María Limón, Margarita Martínez, Trinidad Maciel y Marta Betancourt.
La Madre Inés María murió el 17 de julio de 1938, a los setenta y cinco años, en el Hospitalito Nuestra Señora de Guadalupe, en Tacubaya. La congregación recibió más tarde la aprobación diocesana, el 22 de junio de 1963.
Identidad espiritual: mariana, cristocéntrica, trinitaria y caritativa
Las Hijas de la Caridad de María Inmaculada describen su espiritualidad como trinitaria, mariana y cristocéntrica. Su propio nombre, afirman, expresa su carisma, su espiritualidad y su misión apostólica.
Su lema, “Todo a Jesús por María”, da a la congregación su dirección espiritual. María no es un adorno devocional en su identidad; es el camino por el que las hermanas se entregan a Jesús y aprenden a servirle en los pobres.
Las virtudes centrales de la congregación son la humildad, la sencillez y la caridad. Estas virtudes se describen explícitamente como el carácter de las Hijas de la Caridad de María Inmaculada. En un lenguaje muy cercano al de la tradición vicenciana más amplia, su misión consiste en vivir la caridad del Sagrado Corazón de Jesús y el amor maternal de María en servicio a los más pobres y necesitados.
La expresión de su carisma es intensamente práctica. No definen la caridad solo como benevolencia o sentimiento, sino como servicio concreto: hospitales, cuidado de ancianos, escuelas, albergues, misiones, catequesis, servicio en casas sacerdotales, oficinas diocesanas, parroquias y seminarios. Su lema apostólico expresa esta disponibilidad: “Iremos a donde el dolor o la necesidad nos llamen”.
Obras apostólicas
Los apostolados de la congregación reflejan la amplitud de su intuición fundacional.
Su obra apostólica más significativa desde el comienzo ha sido la atención sanitaria. La congregación describe el ministerio de la salud como su acción apostólica más importante desde los inicios. Entiende este ministerio como una forma de evangelizar los ambientes sanitarios, iluminando la experiencia de vivir, sufrir y morir desde los valores del Evangelio, y de humanizar la medicina mediante el respeto a la persona humana y a la vida humana.
También sirven a los ancianos en asilos y residencias, procurando humanizar los medios de atención y convertirlos en vehículos de la ternura de Cristo. Su servicio a los ancianos no es meramente institucional; es relacional y maternal. Un texto atribuido a la Madre Inés María expresa vivamente este ideal: ser madre del huérfano, apoyo del débil, alivio del enfermo, consuelo del triste, abrigo del desamparado, guía del extraviado, luz del ignorante, defensa del oprimido, ojo del ciego, pie del cojo y báculo del anciano.
La educación es otro apostolado importante. Las hermanas describen la educación católica como un lugar privilegiado para la formación integral de la persona humana según Cristo, “hombre perfecto”, y para la evangelización de la cultura. Su visión educativa también está enmarcada por la caridad: la caridad no es solo la norma pedagógica suprema, sino también la norma más alta de una evangelización liberadora.
Su trabajo incluye además albergues y hogares infantiles, misiones, catequesis y servicios eclesiales allí donde son necesarios. La identidad apostólica de la congregación, por tanto, no se limita a un único campo. Está unificada por un único movimiento espiritual: reconocer a Cristo en la persona que sufre y responder con caridad práctica, humilde y maternal..
El Hospitalito en la actualidad
El Hospitalito Nuestra Señora de Guadalupe sigue siendo uno de los signos vivos más claros de los orígenes de la congregación. Un reportaje de 2023 lo describía como abierto 365 días al año, atendiendo diariamente a una media de 50 personas de bajos recursos o en situación de vulnerabilidad. Sus servicios incluyen urología, traumatología, cardiología, medicina interna, neurocirugía, pediatría, ginecología-obstetricia y atención ambulatoria las 24 horas.
El mismo reportaje señala que el Hospitalito representa el primer antecedente que dio origen a la congregación y que su atención a las personas más vulnerables de la sociedad expresa el carisma de la Madre Inés María. También indica que la institución está registrada desde hace cincuenta años ante COFEPRIS como establecimiento sanitario de primer nivel.
Otro artículo de 2023, publicado en Desde la Fe, describe la vida diaria de las hermanas en el Hospitalito y Asilo Nuestra Señora de Guadalupe. Habla de seis hermanas que cuidan de religiosas ancianas de la congregación, incluidas algunas de más de cien años. El artículo presenta también el Hospitalito como un lugar donde las hermanas continúan sirviendo a personas de bajos recursos y en situación vulnerable, mientras dependen de benefactores, donativos e incluso de un pequeño bazar de fin de semana para sostener la obra.
Esta imagen contemporánea resulta reveladora. La historia de la congregación no se ha convertido simplemente en memoria de archivo. Los mismos temas que dieron forma a su fundación —enfermos pobres, personas mayores, servicio humilde, escasez, benefactores y Providencia— siguen siendo visibles en su presente.
Presencia más allá de Tacubaya
Aunque resulta difícil encontrar en internet estadísticas actuales detalladas, las fuentes públicas indican que la presencia de la congregación se extiende más allá de su fundación original en Ciudad de México.
Un artículo de Desde la Fe publicado en 2023 afirma que una hermana, María Mata Contreras, había servido en varios estados mexicanos donde la congregación tiene casas: Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Michoacán, Veracruz y San Luis Potosí, además de cinco años en Cuba.
El directorio de la diócesis de Irapuato incluye a las Hijas de la Caridad de María Inmaculada en Salamanca, Guanajuato, vinculadas al Colegio Inés María Gasca, con seis religiosas asignadas allí.
En España, la diócesis de Sigüenza-Guadalajara informó en 2016 de que la hermana Avelina Coria Arreola, Hija de la Caridad de María Inmaculada, había servido veintiséis años en esa diócesis después de llegar de México en 1990. Primero sirvió en la enfermería de la Clínica La Antigua, en Guadalajara, y más tarde en la Residencia de Mayores Virgen de la Luz, en Almonacid de Zorita, antes de ser trasladada a una nueva misión en la diócesis de Madrid.
También hay indicios de presencia o participación en África. Un artículo de SSVP Global de 2026 sobre la creación de VIFAM —la Familia Vicenciana de África y Madagascar— incluye a las Hijas de la Caridad de María Inmaculada entre las “otras ramas vicencianas” representadas en el nuevo consejo continental.
En conjunto, estas fuentes sugieren que la congregación, aunque relativamente poco documentada en internet, ha vivido una expansión misionera y apostólica más allá de su lugar de nacimiento en Tacubaya.
Relación con la Familia Vicenciana
Las Hijas de la Caridad de María Inmaculada no son una de las fundaciones históricas establecidas directamente por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac. Sin embargo, las fuentes disponibles muestran una relación real con la espiritualidad vicenciana y con la Familia Vicenciana en sentido amplio.
En primer lugar, la fundadora tuvo contacto directo con instituciones y sacerdotes vicencianos: fue acompañada por sacerdotes de la Congregación de la Misión e ingresó brevemente en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
En segundo lugar, la propia historia de la congregación afirma explícitamente que Inés María había hecho suyo el ideal de san Vicente de Paúl y se había alimentado de la espiritualidad vicenciana.
En tercer lugar, la Oficina de la Familia Vicenciana incluye a las Hijas de la Caridad de María Inmaculada entre las ramas actualizadas de la Familia Vicenciana, nombrando a Inés María Gasca Solórzano como fundadora y dando la fecha del 29 de marzo de 1915.
En cuarto lugar, el informe de SSVP Global de 2026 sobre VIFAM identifica a las Hijas de la Caridad de María Inmaculada entre las ramas vicencianas representadas en la nueva estructura continental para África y Madagascar.
La conclusión es sólida: la congregación debe entenderse como de inspiración vicenciana y vinculada a la Familia Vicenciana más amplia, aunque su propia espiritualidad tenga también un perfil mariano y del Sagrado Corazón muy definido.
Una espiritualidad de fidelidad escondida
Quizá el rasgo más conmovedor de las Hijas de la Caridad de María Inmaculada sea el carácter escondido de su historia. Su fundadora no pasó por la historia como una reformadora pública ni como una figura eclesial ampliamente conocida. Vivió gran parte de su vocación en silencio, enfermedad, incomprensión, dificultades administrativas y servicio diario.
El relato que la congregación ofrece de su vida no subraya el triunfo, sino la perseverancia: el servicio en el Hospitalito, la fidelidad en la oración, la obediencia en medio de conflictos dolorosos, la confianza en la Divina Providencia y el amor a los pobres. Incluso su momento fundacional nació de un duelo —la muerte de su querida hermana Socorro— y de la responsabilidad de cuidar una obra frágil que fácilmente podría haber desaparecido.
Esta fidelidad escondida sigue formando parte del rostro actual de la congregación. Las hermanas no tienen una gran visibilidad en internet. Sus obras no siempre son fáciles de rastrear. Y, sin embargo, en el Hospitalito, en el cuidado de ancianos, en las escuelas, en los albergues, en el servicio parroquial y diocesano, y en la misión, continúa viva la intuición original: servir a Dios en la persona de quienes sufren.
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Las Hijas de la Caridad de María Inmaculada son una congregación religiosa mexicana nacida del encuentro entre la devoción mariana, la caridad del Sagrado Corazón de Jesús y una clara inspiración vicenciana. Su fundadora, la Madre Inés María Gasca Solórzano, llevó en su interior el ideal de san Vicente de Paúl, intentó ingresar en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, confió su obra a san Vicente y fundó una congregación dedicada a servir a Dios en los pobres, los enfermos, los ancianos y los niños.
Su historia está marcada por la pobreza, la obediencia eclesial, el sufrimiento escondido y la caridad creativa. Su realidad actual, aunque no esté ampliamente documentada en internet, sigue reflejando su espíritu fundacional: atención sanitaria a los vulnerables, cuidado de hermanas mayores y de personas ancianas, educación, albergues, misiones y servicio allí donde el dolor o la necesidad llaman.
En una Iglesia a menudo atraída por las estructuras visibles y el reconocimiento público, las Hijas de la Caridad de María Inmaculada nos recuerdan una verdad más silenciosa: algunos carismas crecen junto a las camas de hospital, en pequeñas capillas, en cocinas y lavanderías, en aulas, en hogares infantiles, en el cuidado de los ancianos y en las manos fieles de mujeres que han elegido pertenecer enteramente a Jesús por María, para bien de los pobres.
Contacto:
- Dirección: Calle Chilpancingo núm. 154. Colonia Roma Sur. C.P. 06760, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, México
- Email: hijasdelacaridad23@gmail.com
- Web: https://hijas-de-la-caridad-de-maria-inmaculada.webnode.es/








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