Septiembre suele denominarse el «mes vicenciano», y no faltan razones para ello. El 27 de septiembre, la Iglesia universal celebra a san Vicente de Paúl, cuya visión del seguimiento de Cristo, evangelizador de los pobres, ha inspirado a generaciones de cristianos y ha dado origen a una familia espiritual extraordinariamente diversa. Sin embargo, la gran celebración de san Vicente no es la única fecha importante que llena este mes.
A lo largo de septiembre, la Familia Vicenciana recuerda a mártires que permanecieron fieles en tiempos de persecución, laicos que unieron la santidad al compromiso social, religiosas y religiosos que sirvieron a quienes la sociedad abandonaba, misioneros que llevaron el Evangelio más allá de las fronteras culturales y fundadores cuya respuesta a las necesidades de su tiempo hizo nacer nuevas ramas del carisma vicenciano.
Algunas de estas conmemoraciones están incluidas en los calendarios litúrgicos de determinadas congregaciones o países, pero no en el calendario universal de la Iglesia. Otras no son fiestas litúrgicas propiamente dichas, sino aniversarios que invitan a una congregación o asociación a dar gracias por su fundación. En conjunto, sin embargo, forman un extraordinario recorrido por la historia vicenciana.
Celebrar estas fechas debería ser algo más que un ejercicio de memoria del pasado. Pueden convertirse en ocasiones para la oración, la formación, el encuentro y la renovación del compromiso. Las comunidades pueden compartir la historia de un santo o un beato, celebrar la Eucaristía, organizar una actividad de servicio, conocer mejor otra rama de la Familia o rezar por sus miembros y ministerios. De este modo, septiembre puede ayudarnos a reconocer que el carisma vicenciano nunca ha pertenecido exclusivamente a una nación, una cultura, una vocación o una forma de vida. Es un don vivo confiado a toda la Iglesia.
1 de septiembre — Beata Isabel Cristina Mrad Campos, SSVP
La beata Isabel Cristina Mrad Campos ofrece a la Familia Vicenciana un testimonio de santidad sorprendentemente contemporáneo. Nació en Barbacena, Brasil, el 29 de julio de 1962 y creció en una familia católica profundamente comprometida con la Sociedad de San Vicente de Paúl. De sus padres y del ambiente vicenciano que la rodeaba aprendió a unir la oración con la preocupación práctica por las personas que vivían en la pobreza, especialmente los niños, los ancianos y los enfermos.
Isabel Cristina deseaba estudiar Medicina y llegar a ser pediatra. En 1982 se trasladó a Juiz de Fora para preparar las pruebas de acceso a la universidad. El 1 de septiembre de ese mismo año, un hombre que había estado trabajando en su apartamento intentó agredirla sexualmente. Ella se resistió y fue asesinada a los veinte años.
La Iglesia la reconoció como mártir porque entregó su vida mientras defendía su dignidad y su fidelidad a la concepción cristiana de la castidad. Fue beatificada el 10 de diciembre de 2022 en Barbacena.
Para la Familia Vicenciana, la beata Isabel Cristina posee una relevancia especial porque fue una joven vicentina laica. Su santidad maduró en medio de la vida familiar ordinaria, los estudios, la amistad, la oración y el servicio. Recuerda a los jóvenes que la santidad es posible en la vida cotidiana y que la caridad exige valentía, integridad y respeto por la dignidad inviolable de toda persona.
2 de septiembre — Beato Luis José François, C.M., y compañeros mártires
El 2 de septiembre, la Familia Vicenciana recuerda al beato Luis José François y a otros mártires de la Congregación de la Misión que sufrieron durante la Revolución francesa.
La Constitución Civil del Clero intentó reorganizar la Iglesia católica en Francia sometiéndola a la autoridad del Estado. Se exigió a los sacerdotes que prestasen un juramento que muchos consideraban incompatible con su fidelidad a la Iglesia. Quienes se negaron fueron destituidos, perseguidos, encarcelados, exiliados o asesinados.
Luis José François nació en Busigny en 1751 e ingresó muy joven en la Congregación de la Misión. Fue sacerdote, educador, superior de seminario y firme defensor de la libertad de la Iglesia. Ejercía como superior del antiguo Collège des Bons-Enfants, conocido como Saint-Firmin, cuando la violencia revolucionaria alcanzó su punto culminante.
Durante las matanzas del 2 y 3 de septiembre de 1792, cerca de doscientos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos católicos fueron asesinados en París. Entre los vicencianos reconocidos como beatos se encontraban Luis José François, Juan Enrique Gruyer, Juan Carlos Caron y Nicolás Colin. Otro mártir vicenciano de la Revolución, Pedro Renato Rogue, fue ejecutado posteriormente, en 1796.
Estos mártires nos recuerdan que el servicio vicenciano no puede separarse de la fidelidad a Cristo. Su testimonio no se expresó mediante el odio hacia sus perseguidores, sino mediante la firmeza de su conciencia. Nos invitan a rezar por los cristianos que actualmente sufren persecución y por cuantos defienden la libertad religiosa, la dignidad humana y los derechos de la conciencia sin recurrir a la violencia.
4 de septiembre — Beato Giuseppe Toniolo, SSVP
El beato Giuseppe Toniolo fue un esposo y padre de familia italiano, economista, profesor universitario y miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Nació en Treviso en 1845 y se convirtió en uno de los pensadores sociales católicos más influyentes de su generación.
Toniolo consideraba que la economía nunca podía separarse de la ética. Los sistemas económicos, las relaciones laborales, las instituciones políticas y los mercados debían juzgarse según sus efectos sobre la persona, la familia, los trabajadores y el bien común. Defendió las asociaciones obreras, la protección de los trabajadores, el descanso dominical, la limitación de la explotación de mujeres y niños y la participación de los católicos en la vida pública y social.
Contrajo matrimonio con Maria Schiratti el 4 de septiembre de 1878, y su vida familiar se convirtió en una dimensión esencial de su vocación. Su conmemoración en esta fecha dentro del calendario vicenciano pone de relieve la santidad del matrimonio cristiano y la capacidad de los laicos para transformar la sociedad mediante sus responsabilidades profesionales, académicas, familiares y cívicas.
Toniolo falleció el 7 de octubre de 1918, fecha en la que se celebra su memoria litúrgica en otros calendarios. Fue beatificado en 2012. Su inclusión entre las figuras recordadas por la Familia Vicenciana subraya la estrecha relación entre el servicio directo y la tarea de transformar las estructuras injustas. La caridad responde al sufrimiento inmediato, mientras que la justicia se pregunta por qué existe ese sufrimiento y cómo puede evitarlo la sociedad.
8 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de la Asociación de la Acción Misionera Laica (ALMA), 1963
Las Hermanas de la Asociación de la Acción Misionera Laica —conocidas habitualmente como Hermanas ALMA o ALMA Puteri— fueron fundadas en Indonesia por el padre Paul Janssen, C.M. Su historia está estrechamente vinculada a la Fundación Bhakti Luhur, creada para servir a niños y adultos con discapacidad, especialmente a quienes eran pobres, habían sido abandonados o vivían en lugares a los que no llegaban los servicios existentes.
La vocación de ALMA combina la consagración, la acción misionera laical, el servicio pastoral y la convivencia diaria con personas con discapacidad. Sus miembros tratan de «llegar a quienes nadie llega», trabajando con frecuencia en regiones remotas y acompañando a las personas dentro de sus hogares y comunidades.
Un elemento especialmente significativo de la espiritualidad de ALMA es su compromiso de vivir muy cerca de las personas a las que sirven. No se trata de una caridad practicada desde la distancia, sino de una vida compartida en la que las personas con discapacidad son reconocidas como seres humanos de valor inconmensurable, portadores de dones y miembros de una misma familia humana y cristiana.
Este aniversario invita a toda la Familia Vicenciana a preguntarse si sus ministerios llegan realmente a quienes permanecen invisibles, aislados o excluidos de la vida social y eclesial ordinaria.
8 de septiembre — Aniversario asociado a ALMA Putera, los Hermanos ALMA
La rama masculina del movimiento ALMA, conocida como ALMA Putera o Hermanos ALMA, comparte la misión inspirada por el padre Paul Janssen, C.M. Sus miembros sirven a personas con discapacidad, niños abandonados, ancianos, familias empobrecidas y comunidades católicas de regiones remotas de Indonesia y Timor Oriental.
El calendario de la Familia Vicenciana señala actualmente el 8 de septiembre de 1963 como fecha de ALMA Putera. Sin embargo, algunos relatos históricos publicados en Indonesia identifican el 17 de mayo de 1964 como el comienzo formal de la rama masculina. Esta diferencia puede reflejar distintas etapas en el desarrollo de la asociación ALMA en su conjunto y en la posterior organización de una rama masculina diferenciada.
Con independencia de la fecha que la propia comunidad utilice en su celebración oficial, su historia forma parte de las conmemoraciones de septiembre de la Familia Vicenciana. Los Hermanos ALMA muestran cómo el carisma puede arraigar en un contexto específicamente indonesio y responder creativamente a las necesidades pastorales y sociales locales.
8 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de la Caridad de Nankín, 1984
El calendario actual de la Familia Vicenciana también señala el 8 de septiembre de 1984 como fecha fundacional de las Hermanas de la Caridad de Nankín.
La información histórica de acceso público sobre esta comunidad es limitada. No obstante, su inclusión evoca la larga y, con frecuencia, difícil historia del carisma vicenciano en China. Las comunidades chinas de religiosas han continuado desarrollando ministerios de oración, catequesis, atención a los enfermos, educación y servicio a pesar de profundas convulsiones políticas y sociales.
Recordar este aniversario es también una invitación a rezar por la Iglesia en China y por las religiosas cuyo servicio fiel se lleva a cabo muchas veces de manera discreta y con escasa visibilidad internacional.
9 de septiembre — Beato Federico Ozanam, SSVP
El beato Antonio Federico Ozanam es una de las figuras laicas más importantes de la historia de la Familia Vicenciana. Nació en Milán el 23 de abril de 1813, creció en Lyon y posteriormente se trasladó a París para estudiar Derecho. Como estudiante universitario participó en debates intelectuales en los que se desafiaba a los jóvenes católicos a demostrar qué estaba haciendo la Iglesia por quienes vivían en la pobreza.
Ozanam y sus compañeros comprendieron que los argumentos no eran suficientes. En 1833 crearon la primera Conferencia de Caridad, cuyos miembros visitaban a familias empobrecidas y les ofrecían ayuda personal. Bajo la orientación de la beata Rosalía Rendu, H.C., aprendieron a entrar en los hogares de las personas necesitadas con humildad y respeto. Poco después, el grupo adoptó a san Vicente de Paúl como patrono y se convirtió en la Sociedad de San Vicente de Paúl.
Ozanam no fue solamente un fundador. También fue esposo, padre, profesor, periodista y defensor de la justicia social. Reflexionó profundamente sobre la democracia, los derechos de los trabajadores, la pobreza y las responsabilidades sociales de los cristianos. Estaba convencido de que la caridad debía introducir a las personas en relaciones auténticas y de que la reforma social debía defender la dignidad de los pobres, en lugar de tratarlos como objetos de una teoría política.
Murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853. Como esa fecha coincide con la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, su memoria litúrgica se fijó para el 9 de septiembre. Fue beatificado por san Juan Pablo II en París en 1997.
Ozanam desafía a los vicencianos a unir el encuentro personal, la reflexión rigurosa, el compromiso público, la vida familiar y la amistad. Nos recuerda que el servicio a los pobres no es una actividad secundaria de la vida cristiana, sino un lugar privilegiado de encuentro con Cristo.
9 de septiembre — Beata María Eutimia Üffing
La beata María Eutimia Üffing nació con el nombre de Emma Üffing el 8 de abril de 1914 en Halverde, Alemania. Ingresó en las Hermanas de la Caridad de Münster, conocidas también como Hermanas Clementinas, una congregación arraigada en la tradición vicenciana.
Su salud había sido delicada desde la infancia, pero esto no le impidió abrazar una exigente vida de servicio. Formada como enfermera, atendió a pacientes durante la Segunda Guerra Mundial, incluidos prisioneros de guerra y trabajadores extranjeros. En un contexto dominado por el nacionalismo y la deshumanización, trató a todos los pacientes con bondad y con idéntico respeto por su dignidad, independientemente de su nacionalidad o condición.
Más adelante fue destinada al trabajo de lavandería. Aunque era una tarea oculta y físicamente agotadora, asumió esta responsabilidad sin amargura. Su santidad no se manifestó mediante logros públicos, sino a través de la paciencia, la oración, la delicadeza y la atención fiel a los deberes cotidianos.
La hermana Eutimia murió de cáncer el 9 de septiembre de 1955, a los cuarenta y un años, y fue beatificada por san Juan Pablo II en 2001.
Su vida enseña que ningún servicio es insignificante cuando se realiza con amor. También nos recuerda necesariamente que atender a los enfermos, los desplazados, los encarcelados o quienes son considerados enemigos constituye una poderosa expresión del Evangelio.
11 de septiembre — San Juan Gabriel Perboyre, C.M.
San Juan Gabriel Perboyre nació en 1802 en Le Puech, Francia. Ingresó en la Congregación de la Misión y fue ordenado sacerdote en 1826. Su hermano Luis había deseado convertirse en misionero en China, pero murió antes de llegar a su destino. Finalmente, Juan Gabriel recibió permiso para responder a esa misma llamada misionera.
Tras llegar a China, aprendió la lengua, adoptó la vestimenta local, viajó en condiciones difíciles y atendió a comunidades cristianas dispersas. En 1839, durante un periodo de persecución, fue traicionado, arrestado y sometido a repetidos interrogatorios y torturas.
Los últimos sufrimientos de Juan Gabriel presentaron una sorprendente semejanza con la Pasión de Cristo. Fue condenado y ejecutado por estrangulamiento en una cruz en Wuchang el 11 de septiembre de 1840. Fue beatificado en 1889 y canonizado por san Juan Pablo II en 1996, convirtiéndose en el primer santo canonizado de la época misionera moderna de China.
Su fiesta invita a la Familia Vicenciana a rezar por los misioneros, por los cristianos perseguidos y por el encuentro respetuoso entre culturas. Su vida también nos recuerda que la misión no es conquista ni promoción personal. Exige humildad, aprendizaje paciente, cercanía al pueblo y disposición para entregar la propia vida por amor.
11 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Reconciliación, 1921
Las Hermanas de Nuestra Señora de la Reconciliación fueron fundadas en París en 1921 por el padre Charles-François Rollin. Sus orígenes están relacionados con la tradición espiritual más amplia de Nuestra Señora de Sion y con el deseo de promover la reconciliación y dar testimonio del amor fiel de Dios.
El aniversario de esta comunidad introduce una palabra importante en el mes vicenciano: reconciliación. El servicio a las personas empobrecidas no puede separarse de la sanación de las relaciones, la superación de los prejuicios y la construcción paciente de la paz.
En un mundo que sigue herido por la hostilidad religiosa, el racismo, el antisemitismo, la polarización y los conflictos, esta fundación invita a los vicencianos a convertirse en artesanos del encuentro. Reconciliar no significa ignorar la injusticia. Significa afrontar la verdad sin aceptar el odio y trabajar para que las relaciones heridas puedan transformarse.
14 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas Misioneras de los Pobres en Cristo, 1978
Las Hermanas Misioneras de los Pobres en Cristo fueron fundadas el 14 de septiembre de 1978 en la diócesis de Catarman, Filipinas, por la hermana Lourdes Gómez López, antigua Hija de la Caridad.
La fecha coincide con la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, lo que sitúa el misterio del amor de Cristo que se entrega a sí mismo en el centro de la identidad de la congregación. El instituto se creó para servir a personas empobrecidas y con escaso acceso a la educación y a otras oportunidades básicas.
Su fundación ilustra una de las formas en que el carisma vicenciano continúa extendiéndose. Una persona formada en una rama de la Familia puede responder a una llamada nueva, a una necesidad local concreta o a una población que todavía no recibe suficiente atención. De ese discernimiento puede surgir una comunidad nueva que conserve una preocupación claramente vicenciana por Cristo presente en los pobres.
Este aniversario invita a dar gracias por la vitalidad misionera de la Iglesia en Filipinas y a rezar por quienes sirven en lugares marcados por el aislamiento geográfico, la pobreza económica y la escasez de recursos.
18 de septiembre — Beato Francesco Paleari, S.S.C.
El beato Francesco Paleari nació en Pogliano Milanese, Italia, en 1863. Ingresó en la familia religiosa fundada por san José Benito Cottolengo y fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1886. La Familia Vicenciana lo recuerda en el aniversario de su ordenación sacerdotal, aunque en otros lugares su fiesta litúrgica también se celebra el 7 de mayo, aniversario de su muerte.
El padre Paleari sirvió en la Pequeña Casa de la Divina Providencia de Turín, conocida habitualmente como el Cottolengo. Allí se dedicó a los niños, los enfermos, las personas con discapacidad y cuantos no tenían otro lugar al que acudir. También fue apreciado como predicador, confesor, profesor y director espiritual.
Su ministerio se caracterizó por una disponibilidad discreta. En lugar de buscar realizaciones espectaculares, se dejó utilizar allí donde la Providencia y las necesidades de los demás lo llamaban. Murió en Turín en 1939 y fue beatificado en 2011.
Su conmemoración nos ayuda a valorar los ministerios que permanecen en gran medida ocultos: escuchar, enseñar, acompañar, confesar, atender a personas con discapacidades graves y sostener a las comunidades mediante la fidelidad cotidiana.
19 de septiembre — Aniversario de la fundación de la Congregación de Misioneros de San José, 1872
El 19 de septiembre de 1872, el padre José María Vilaseca, C.M., inició en Ciudad de México la obra de la que nació la Congregación de Misioneros de San José, conocida habitualmente como los Josefinos.
El padre Vilaseca nació en España en 1831, ingresó en la Congregación de la Misión y fue enviado a México. Se comprometió profundamente con la promoción de la devoción a san José, la formación del clero, la educación de los jóvenes y el fortalecimiento de la vida misionera.
La fundación comenzó con el Colegio Clerical del Señor San José, creado para educar y preparar a candidatos al sacerdocio. De esta iniciativa se desarrolló una congregación misionera dedicada a la evangelización y a la formación sacerdotal.
Los Josefinos heredaron a través de su fundador elementos importantes de la espiritualidad vicenciana: disponibilidad misionera, preocupación por la formación del clero, atención a las necesidades de la Iglesia y confianza en la divina Providencia. Su aniversario nos recuerda que la renovación de la Iglesia necesita ministros bien formados, orantes, pastoralmente sensibles y cercanos a la gente sencilla.
22 de septiembre — Aniversario de la fundación de la Congregación de Hermanas Josefinas, 1872
Tan solo tres días después del comienzo de la fundación masculina josefina, la Congregación de Hermanas Josefinas fue fundada en Ciudad de México por el padre José María Vilaseca y Cesárea Ruiz de Esparza y Dávalos.
El 22 de septiembre de 1872, Cesárea y cuatro compañeras se trasladaron a una pequeña casa y abrieron una escuela. Este sencillo comienzo marcó el nacimiento del Instituto de las Hijas de María del Señor San José, conocido posteriormente como Hermanas Josefinas.
La congregación desarrolló un amplio apostolado en la educación, la catequesis, la asistencia sanitaria, la pastoral parroquial, el servicio misionero y la formación humana. Su espiritualidad hace hincapié en vivir en la presencia de Dios, seguir el ejemplo de la Sagrada Familia y procurar hacer lo mejor en todas las circunstancias.
Las fundaciones estrechamente relacionadas del 19 y el 22 de septiembre revelan la amplitud de la visión del padre Vilaseca. La evangelización requería tanto la formación de sacerdotes como la participación activa de mujeres consagradas. La historia de las Hermanas Josefinas también pone de relieve la aportación decisiva de Cesárea Ruiz de Esparza y de las mujeres que transformaron una inspiración en una comunidad estable de servicio.
24 de septiembre — Beata Emilia Tavernier Gamelin, S.P.
La beata Emilia Tavernier Gamelin nació en Montreal en 1800. Huérfana desde muy joven, posteriormente contrajo matrimonio con Jean-Baptiste Gamelin. En pocos años sufrió la muerte de su esposo y de sus tres hijos.
En lugar de permitir que el dolor cerrase su corazón, Emilia transformó su sufrimiento en compasión hacia los demás. Acogió a mujeres ancianas e indigentes, visitó a enfermos, ayudó a familias empobrecidas, apoyó a presos y detenidos políticos y respondió a las numerosas necesidades sociales de la Montreal del siglo XIX.
Su labor acabó contribuyendo a la fundación de las Hermanas de la Providencia. La propia Emilia ingresó en la nueva comunidad y se convirtió en su primera superiora. Permaneció profundamente comprometida con el reconocimiento de Cristo sufriente en toda persona necesitada.
Murió de cólera en 1851 y fue beatificada por san Juan Pablo II en 2001. Su fiesta se celebra el 24 de septiembre.
La beata Emilia nos enseña que el sufrimiento no tiene por qué pronunciar la última palabra. Con la gracia de Dios, el dolor personal puede abrirse a la solidaridad. Su vida también muestra cómo la escucha atenta de las necesidades de una ciudad puede generar formas de caridad organizadas, duraderas y creativas.
26 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de la Caridad–Exeter, 1869
Las Hermanas de la Caridad–Exeter fueron fundadas en Inglaterra el 26 de septiembre de 1869 por el reverendo Arthur Hawkins Ward y Elizabeth Lloyd. Esta comunidad religiosa anglicana seguía una regla inspirada en san Vicente de Paúl y se dedicaba al servicio de las personas necesitadas.
Su inclusión en la Familia Vicenciana ampliada recuerda que la influencia de Vicente de Paúl supera las fronteras de la Iglesia católica. Su concepción de la caridad organizada, la vida comunitaria, el servicio práctico y la veneración de Cristo presente en los pobres también ha inspirado a cristianos de otras tradiciones eclesiales.
Recordar esta fundación constituye, por tanto, una ocasión ecuménica. Invita a los miembros de la Familia Vicenciana a reconocer la acción del Espíritu Santo en otras comunidades cristianas y a buscar oportunidades para la oración, la amistad y el servicio compartido.
Los pobres nunca deberían convertirse en un territorio de competencia entre los cristianos. El servicio puede ser, por el contrario, un lugar en el que se superen las divisiones y los creyentes se descubran mutuamente como hermanos y hermanas en Cristo.
27 de septiembre — San Vicente de Paúl, C.M.
Septiembre alcanza su momento culminante con la fiesta de san Vicente de Paúl, celebrada por toda la Iglesia universal el 27 de septiembre.
Vicente nació en 1581 en Pouy, en el suroeste de Francia, y fue ordenado sacerdote en 1600. Sus primeras ambiciones fueron dando paso gradualmente a una profunda conversión espiritual. Sus encuentros con personas que sufrían pobreza material y espiritual transformaron su comprensión del sacerdocio y del seguimiento de Cristo.
Dos acontecimientos de 1617 resultaron decisivos. En Folleville, Vicente predicó un sermón que reveló el abandono espiritual de los pobres del campo y dio origen a un ministerio más amplio de misiones populares. En Châtillon-les-Dombes encontró a una familia abrumada por la enfermedad y la pobreza. La respuesta generosa, pero desorganizada, de la parroquia lo llevó a establecer la primera Cofradía de la Caridad.
De aquellos comienzos surgió una red de obras y comunidades. Vicente fundó en 1625 la Congregación de la Misión para evangelizar a los pobres del campo y formar al clero. Junto con Luisa de Marillac, fundó en 1633 las Hijas de la Caridad. Organizó ayuda para niños abandonados, refugiados, presos, galeotes, personas desplazadas por la guerra y comunidades devastadas por el hambre. También implicó a mujeres y hombres de todas las clases sociales en el servicio organizado.
La grandeza de Vicente no residió únicamente en el número de obras que estableció. Desarrolló una espiritualidad en la que la contemplación y la acción, el amor a Dios y el amor al prójimo, la evangelización y el servicio humano eran inseparables. Enseñó a sus seguidores a contemplar a las personas empobrecidas no como una carga, sino como seres dotados de una dignidad concedida por Dios y como signos privilegiados de la presencia de Cristo.
Su fiesta no debe convertirse simplemente en la celebración de un fundador heroico. Debería inquietarnos y renovarnos. ¿Dónde se encuentran las personas abandonadas de nuestro tiempo? ¿Qué formas de pobreza se han vuelto invisibles? ¿Siguen nuestras instituciones cerca de las personas para cuyo servicio fueron creadas? ¿Escuchamos a quienes padecen pobreza y les permitimos participar en las decisiones que afectan a sus vidas?
Celebrar auténticamente a san Vicente significa pedir de nuevo la gracia de seguir a Cristo, evangelizador de los pobres, con humildad, sencillez, caridad, creatividad y amor práctico.
27 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas Vicencianas de EerKoNie, 2006
Las Hermanas Vicencianas de EerKoNie fueron fundadas el 27 de septiembre de 2006 por Annie Detavenir, Ida Brackx, Denise Manhaene y Magda Zoete. La elección de la fiesta de san Vicente de Paúl como fecha fundacional expresa su pertenencia a la tradición vicenciana.
La información pública sobre esta rama relativamente reciente continúa siendo limitada, pero su propia existencia da testimonio de la fecundidad permanente del carisma. La Familia Vicenciana no es simplemente una colección de congregaciones fundadas hace siglos. Siguen surgiendo nuevas formas de pertenencia, consagración, asociación y servicio.
Este aniversario, celebrado en la misma fiesta de san Vicente, nos invita a permanecer abiertos a nuevas expresiones del carisma. Ser fieles a Vicente no significa repetir mecánicamente las obras del siglo XVII. Significa responder a las formas actuales de pobreza con la misma fe, libertad, inteligencia práctica y amor.
29 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Mallorca, 1798
El calendario de la Familia Vicenciana señala el 29 de septiembre de 1798 como fecha fundacional de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Mallorca.
Esta congregación forma parte de la rica historia de comunidades de mujeres apostólicas que surgieron para responder a necesidades locales relacionadas con la educación, la asistencia sanitaria y la ayuda a las personas empobrecidas. Su nombre expresa abiertamente su relación con san Vicente de Paúl y con la tradición de caridad práctica y organizada asociada a él.
La historia de las Hermanas forma parte de un movimiento más amplio mediante el cual la espiritualidad vicenciana atravesó fronteras nacionales y se adaptó a nuevas circunstancias culturales y eclesiales. En un territorio insular con comunidades dispersas y necesidades sociales particulares, las religiosas desempeñaron un papel indispensable en la atención a los enfermos, la educación de los niños, el acompañamiento a las familias y el sostenimiento de la vida cristiana.
Su aniversario honra a generaciones de mujeres cuyo servicio se desarrolló con frecuencia lejos de la atención pública. También invita a agradecer la perseverancia de congregaciones pequeñas cuya presencia ha marcado profundamente a las iglesias y comunidades locales.
29 de septiembre — Aniversario de la fundación de las Hermanas de la Caridad de Santa Isabel, 1859
Las Hermanas de la Caridad de Santa Isabel fueron fundadas en Newark, Nueva Jersey, el 29 de septiembre de 1859. Su historia pertenece a la tradición vicenciano-setoniana que comenzó en Estados Unidos con santa Isabel Ana Seton.
El obispo James Roosevelt Bayley, sobrino de la madre Seton y primer obispo de Newark, buscaba religiosas para su diócesis en crecimiento. La hermana Mary Xavier Mehegan y la hermana Mary Catherine Nevin, miembros de las Hermanas de la Caridad de Nueva York, ayudaron a establecer la nueva comunidad. La madre Mary Xavier Mehegan se convirtió en su primera responsable.
Las Hermanas trabajaron en la educación, la asistencia sanitaria, el cuidado de los niños y muchos otros ministerios. Fundaron la Academia de Santa Isabel y, posteriormente, el Colegio de Santa Isabel, contribuyendo de manera significativa a la educación de las mujeres. Sus obras se extendieron más allá de Nueva Jersey y llegaron a incluir misiones fuera de Estados Unidos.
Este aniversario celebra la creatividad de las ramas setonianas de la Familia Vicenciana. Arraigadas en una herencia común, estas comunidades desarrollaron identidades propias en respuesta a las necesidades de distintas diócesis y poblaciones. Su historia demuestra que la unidad no exige uniformidad: un carisma compartido puede generar numerosas formas complementarias de servicio.
30 de septiembre — Beato Federico Albert
El beato Federico Albert nació en Turín en 1820. En un principio consideró la posibilidad de seguir la carrera militar, pero acabó discerniendo una vocación al sacerdocio. Después de su ordenación ejerció como capellán de la corte y, posteriormente, como párroco en Lanzo Torinese.
Su labor pastoral lo puso en contacto directo con personas empobrecidas, jóvenes sin acceso a una educación adecuada, niñas abandonadas, presos y familias que atravesaban graves dificultades. Fundó escuelas, un orfanato y otras iniciativas caritativas. Para dar continuidad a estas obras, estableció las Hermanas Vicencianas de María Inmaculada, conocidas también como Albertinas.
Federico Albert entendía la caridad como una respuesta dirigida a la persona en su totalidad. La ayuda material, la educación, la formación espiritual y el acompañamiento afectuoso formaban una unidad. Rechazó honores y procuró permanecer cerca de las personas que le habían sido confiadas.
Murió el 30 de septiembre de 1876 y fue beatificado exactamente 108 años después, el 30 de septiembre de 1984, por san Juan Pablo II.
Su fiesta cierra oportunamente el mes vicenciano. Su vida muestra cómo un solo párroco, atento al sufrimiento local y dispuesto a organizar una respuesta, puede iniciar una obra cuya influencia perdure mucho después de su muerte.
Celebrar una herencia viva
El calendario de septiembre revela la extraordinaria amplitud de la vocación vicenciana. Incluye a mujeres y hombres laicos, matrimonios y padres de familia, sacerdotes y hermanos, religiosas, misioneros, estudiosos, enfermeras, educadores, fundadores y mártires. Sus vidas se desarrollaron en Europa, Asia, América del Norte y América del Sur, en contextos que van desde universidades y hogares familiares hasta hospitales, misiones, cárceles, escuelas y lugares de persecución.
Sus historias son diferentes, pero las unen varias convicciones. Cristo sale a nuestro encuentro en las personas empobrecidas. La fe debe convertirse en amor activo. La caridad exige preparación, organización, valentía y perseverancia. La dignidad de la persona debe defenderse incluso cuando hacerlo resulta costoso. La oración debe conducir al servicio, y el servicio debe llevarnos continuamente de regreso a la oración.
No celebramos a estos santos y beatos porque fueran figuras distantes o sin defectos, sino porque la gracia transformó sus vidas concretas. Su ejemplo puede ayudarnos a discernir lo que Dios nos pide hoy. Celebramos los aniversarios fundacionales para dar gracias por todos los que dijeron sí al comienzo de una comunidad y por las generaciones que llevaron adelante su misión. También recordamos a las innumerables personas anónimas —miembros, colaboradores, benefactores, voluntarios y personas que vivieron situaciones de pobreza— sin las cuales estas historias nunca habrían podido escribirse.
Cada rama es una expresión de un don mucho mayor que ella misma. En conjunto, estas conmemoraciones revelan cómo la semilla plantada por Vicente, Luisa y sus primeros compañeros ha seguido creciendo, atravesando fronteras, entrando en nuevas culturas y respondiendo a nuevas formas de sufrimiento.
La mejor manera de honrar esta herencia no consiste únicamente en admirarla, sino en continuarla: rezando con mayor profundidad, colaborando con más generosidad, escuchando más atentamente a quienes se encuentran en los márgenes, examinando las estructuras que producen pobreza y respondiendo con la creatividad práctica que siempre ha caracterizado al carisma vicenciano.
La Familia Vicenciana está viva y en constante crecimiento. Surgen nuevas comunidades, la investigación histórica saca a la luz historias olvidadas y algunas ramas locales pueden celebrar conmemoraciones que todavía no aparecen en los calendarios internacionales. Por esta razón, y a pesar de nuestros esfuerzos, puede que hayamos pasado por alto alguna fiesta, conmemoración o aniversario fundacional, y que ciertos datos necesiten corrección o una aclaración más profunda. Si observas que falta alguna celebración o detectas algún error en este artículo, háznoslo saber en los comentarios para que podamos verificar la información y realizar la corrección necesaria.








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