El liderazgo vicentino es, ante todo, una misión inspirada en el Evangelio y colocada al servicio de los pobres y de los que sufren. En la Sociedad de San Vicente de Paúl, liderar no significa ocupar un lugar destacado, sino asumir una responsabilidad con espíritu fraterno, capacidad de servir y disposición para conducir a los miembros en la misión.
Para ello, algunas características son fundamentales: habilidad, honestidad, humor y humildad. Cuando estas virtudes se unen, forman un verdadero estilo de liderazgo cristiano, capaz de fortalecer la unidad y producir buenos frutos en el camino vicentino. Vamos, a continuación, a explicar un poco sobre estos cuatro elementos que, juntos, crean líderes servidores que producirán muchos frutos.
La primera característica es la habilidad. El líder vicentino necesita desarrollar competencias para organizar, dialogar, planificar, tomar decisiones y motivar a los demás, siempre poniendo sus talentos al servicio de la misión. La habilidad no consiste solamente en poseer conocimientos técnicos, sino también en saber escuchar, comprender a las personas y encontrar caminos para superar las dificultades.
Jesús nos enseña: “A todo aquel que mucho recibió, mucho se le pedirá” (Lucas 12, 48). Los dones que recibimos no son privilegios personales. En realidad, ellos son instrumentos que Dios pone en nuestras manos para que podamos servir mejor. El buen líder vicentino, por lo tanto, perfecciona sus capacidades para que su actuación contribuya efectivamente al bien de la Sociedad y de los pobres.
La segunda característica es la honestidad. No existe un liderazgo verdaderamente cristiano sin transparencia, verdad, coherencia y fidelidad a los principios que profesamos. El líder vicentino debe ser una persona confiable, que administra correctamente los bienes, cumple su palabra y actúa con rectitud incluso cuando nadie está observando.
La Sagrada Escritura nos recuerda: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lucas 16,10). La honestidad construye confianza, preserva la unidad y da credibilidad a la misión. Más que hablar sobre valores y principios, el líder debe testimoniarlos diaria y concretamente, haciendo que su vida sea ejemplo para los demás y confirme aquello que sus labios anuncian.
La tercera característica es el humor. Puede parecer sorprendente hablar de humor en una reflexión sobre liderazgo, pero la alegría cristiana es una poderosa herramienta de fraternidad. El líder vicentino no necesita ser serio ni transformar cada reunión o evento en un ambiente pesado o fúnebre. Una sonrisa, una palabra humorística y una actitud alegre pueden acercar a las personas, aliviar tensiones y hacer más humana la convivencia.
San Pablo nos recomienda: “Alegraos siempre en el Señor” (Filipenses 4, 4). El humor saludable, sin ironías que hieran o actitudes que falten al respeto al prójimo, ayuda a crear un ambiente de confianza y esperanza. En medio de las dificultades de la misión, el líder que transmite serenidad y alegría recuerda a todos que servir también es una fuente de felicidad. No olvidemos los consejos del consocio Jules Gossin, 2º Presidente General, quien era partidario del buen humor en las reuniones de las Conferencias.
La cuarta característica es la humildad, y esta es, sin duda, la más significativa, pues está profundamente basada en las virtudes de San Vicente de Paúl, el gran maestro de la caridad. Para Vicente, el verdadero servidor debía reconocer que todo bien procede de Dios y que nadie está por encima del otro cuando se pone al servicio de los pobres.
Jesús mismo nos ofrece el modelo perfecto: “El que quiera ser el primero, sea el último y el servidor de todos” (Marcos 9, 35). La humildad vicentina no significa debilidad o falta de iniciativa, sino capacidad de servir sin buscar aplausos, reconocer los propios límites, valorar los talentos de los demás y aceptar correcciones con el corazón abierto. El líder humilde no es arrogante, no centraliza, no se impone y no busca privilegios; promueve, escucha, orienta y camina junto a sus hermanos y hermanas.
Así, las cuatro Hs (habilidad, honestidad, humor y humildad) pueden ser comprendidas como las cuatro columnas de un liderazgo verdaderamente vicentino. La habilidad prepara para servir mejor, la honestidad conquista confianza, el humor acerca a las personas y la humildad da sentido cristiano a todas las demás acciones.
Inspirados en Jesucristo, en el testimonio de San Vicente de Paúl, en la ternura de María Santísima y en la audacia de nuestros siete fundadores, estamos llamados a ejercer el liderazgo jamás como poder, sino como servicio. Al fin y al cabo, en la espiritualidad vicentina, el verdadero líder es aquel que, cuanto más responsabilidad recibe, más profundamente se pone al servicio de Dios, de la SSVP, de la Familia Vicentina y de los pobres.
Consocio Renato Lima de Oliveira
16.º Presidente General de la SSVP entre 2016 y 2023








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