Gran parte de la historia de Estados Unidos se ha contado a través de sus presidentes, sus guerras, sus movimientos políticos y sus transformaciones económicas. Con mucha menor frecuencia se relata la historia de las miles de religiosas cuya fe y servicio contribuyeron a construir las redes educativas, sanitarias y de servicios sociales del país, a menudo en lugares donde apenas existían otras formas de asistencia.
La exposición especial «Do the Good: The Sisters Who Shaped America» («Haz el bien: las religiosas que contribuyeron a forjar Estados Unidos»), abierta actualmente en el Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, en Emmitsburg (Maryland), saca a la luz esta importante historia. A través de las experiencias de religiosas concretas y de las comunidades a las que pertenecieron, la exposición recorre más de dos siglos durante los cuales estas mujeres respondieron a la pobreza, la enfermedad, la guerra, el desplazamiento, la desigualdad y los cambios sociales.
Esta exposición, concebida para ser visitada de forma autónoma, es gratuita y permanecerá abierta al público hasta la primavera de 2027. Su inauguración coincide con la celebración del 250.º aniversario de Estados Unidos y ofrece a los visitantes la oportunidad de contemplar desde una nueva perspectiva a las personas y los movimientos que contribuyeron al desarrollo del país, pero que no siempre han recibido la atención que merecen. Según el Santuario de Seton, la exposición cuenta la historia de más de 20.000 mujeres cuyas congregaciones remontan su linaje espiritual a santa Isabel Ana Seton.
Del sueño de Madre Seton a una misión de alcance nacional
La historia comienza en 1809, cuando Isabel Ana Seton fundó en Emmitsburg las Hermanas de la Caridad de San José, la primera comunidad de religiosas apostólicas fundada en Estados Unidos. Ese mismo año, Madre Seton abrió una escuela católica gratuita para niñas y puso así los cimientos de lo que llegaría a convertirse en el sistema de escuelas parroquiales católicas del país.
Madre Seton entendía el servicio a las personas necesitadas como una respuesta directa a Cristo. En una carta escrita en marzo de 1809, manifestó su alegría ante la perspectiva de ayudar a los pobres, visitar a los enfermos, consolar a quienes sufrían, vestir a los niños y enseñarles a amar a Dios. Su visión era práctica, personal y profundamente arraigada en la fe.
De la pequeña comunidad fundada en el valle de San José surgió una familia de congregaciones mucho más amplia. La exposición presenta a mujeres pertenecientes a las 13 comunidades religiosas de Estados Unidos y Canadá que constituyen la Federación de Hermanas de la Caridad. Ocho de ellas remontan sus orígenes directamente a Madre Seton, mientras que las 13 siguen una tradición espiritual marcada por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac.
Esta herencia común llamaba a las religiosas a reconocer a Cristo en las personas que vivían en la pobreza y a ponerse al servicio de quienes eran desatendidos por la sociedad. Su respuesta no se limitó a actos aislados de bondad. Construyeron instituciones, crearon redes de asistencia, cuestionaron estructuras injustas y adaptaron sus ministerios cada vez que aparecieron nuevas formas de sufrimiento.
Responder a las necesidades de una nación joven
La exposición se desarrolla a lo largo de cinco grandes periodos de la historia estadounidense, comenzando en los primeros años de la República y prolongándose hasta nuestros días.
Durante las primeras décadas del país, el rápido crecimiento de la población, la inmigración, las enfermedades recurrentes y la expansión hacia el oeste ejercieron una enorme presión sobre unas comunidades que contaban con muy pocos sistemas organizados de asistencia pública. Las Hermanas de la Caridad respondieron educando a los niños, atendiendo a los enfermos y fundando orfanatos, escuelas y hospitales tanto en las ciudades en expansión como en los asentamientos fronterizos.
Estos ministerios pasaron a formar parte de una incipiente red de servicios sociales destinada a las familias vulnerables. Las religiosas acudían con frecuencia allí donde las necesidades eran mayores, aportando competencia profesional y una atención compasiva a personas que, de otro modo, podrían haber quedado abandonadas.
La Guerra Civil provocó una crisis aún más urgente. Las religiosas prestaron servicio en hospitales militares y cerca de los campos de batalla, atendiendo a soldados heridos y moribundos tanto de la Unión como de la Confederación. Trabajaron en medio de la escasez, las enfermedades infecciosas, la violencia y un número abrumador de víctimas. Su disciplina, su experiencia y su disposición a cuidar de las personas sin hacer distinciones les granjearon un amplio respeto y contribuyeron al desarrollo de la enfermería y de la atención médica en Estados Unidos.
Después de la guerra, la industrialización y el rápido crecimiento urbano transformaron la sociedad estadounidense. Llegaron grandes oleadas de inmigrantes, las ciudades se volvieron cada vez más populosas y muchos niños quedaron huérfanos o en situaciones de vulnerabilidad. Una vez más, las religiosas ampliaron sus ministerios. Abrieron escuelas, hospitales, centros de acogida vecinal y centros de servicios sociales que ayudaron a las familias a superar difíciles procesos de transición y permitieron que generaciones de recién llegados construyeran una nueva vida.
Durante la primera mitad del siglo XX, respondieron a las guerras mundiales, las dificultades económicas y las enfermedades generalizadas. Las religiosas prestaron servicio durante la pandemia de gripe de 1918, trabajaron en hospitales durante los conflictos bélicos, modernizaron las instituciones sanitarias y ampliaron la formación en enfermería. En las últimas décadas, sus ministerios han incluido la defensa de los derechos civiles, las misiones internacionales, la innovación sanitaria y el acompañamiento de personas afectadas por la pobreza, la enfermedad, los traumas y el desplazamiento. La presentación que el Santuario hace de la exposición destaca que estas mujeres respondieron constantemente a las necesidades más urgentes de su tiempo con creatividad, valentía y compasión.
Mujeres cuyo valor cambió vidas
Dentro de este amplio relato histórico, la exposición destaca a algunas religiosas concretas cuyas acciones encarnan una misión mucho mayor.
- La hermana Anthony O’Connell, SC, atendió a los heridos después de la batalla de Shiloh, en 1862. En medio del caos de la medicina en el campo de batalla, ayudó a introducir un sistema que daba prioridad al tratamiento de los heridos más graves, contribuyendo así al desarrollo del triaje de campaña. Su valiente servicio hizo que fuera conocida como el «Ángel del Campo de Batalla».
- La hermana Josella Conlin, SCN, respondió a otra emergencia nacional durante la pandemia de gripe de 1918. Cuando la enfermedad se propagó por el Campamento Zachary Taylor, en Kentucky, movilizó a 88 religiosas para atender a los soldados enfermos. Entraron en barracones abarrotados, donde el miedo, el sufrimiento y la muerte estaban muy extendidos, y ofrecieron atención cualificada y consuelo humano a quienes se encontraban en una situación desesperada.
- La hermana Mary William Sullivan, H.C., llevó la misión de la caridad a la lucha por los derechos civiles. Desde Marillac House, en la zona oeste de Chicago, ayudó a transformar un centro comunitario de barrio en un espacio para la promoción y el fortalecimiento de la comunidad. Su ministerio hizo frente a la injusticia racial al tiempo que ampliaba las oportunidades y los apoyos disponibles para los habitantes de la zona.
- La hermana Barbara Ford, SC, llevó esta tradición de servicio a Guatemala a partir de 1978. Formó a promotores de salud comunitarios y comadronas, ayudó a suministrar agua potable a comunidades indígenas y desarrolló programas para personas que sufrían traumas. Tras la guerra civil de Guatemala, también colaboró en los esfuerzos por localizar fosas comunes y acompañar a los supervivientes durante el largo proceso de sanación.
Cada una de estas mujeres representa a cientos de religiosas cuyos nombres quizá nunca lleguen a ser ampliamente conocidos. En conjunto, sus historias demuestran cómo la vocación religiosa se convirtió en una fuente de transformación social.
La caridad como servicio y justicia
«Do the Good» presenta la caridad como algo que va más allá de la asistencia de emergencia. En algunas ocasiones, las religiosas respondieron alimentando, enseñando, curando, dando cobijo o consolando a quienes atravesaban una necesidad inmediata. En otras, se preguntaron por qué tantas personas carecían de acceso a una alimentación adecuada, una vivienda digna, educación y atención médica.
Esas preguntas las llevaron a examinar las estructuras que perpetuaban la pobreza y la exclusión. Crearon coaliciones, defendieron a las comunidades marginadas y llevaron las experiencias de quienes carecían de poder ante los responsables civiles, religiosos e institucionales.
La hermana Regina Bechtle, SC, durante la ceremonia de inauguración de la exposición, describió la humildad, la sencillez y la caridad como características definitorias de las Hermanas y las Hijas de la Caridad. Su labor superó barreras de raza, lengua, cultura, credo y filiación política porque reconocían a cada persona como creada y amada por Dios. Sus reflexiones también destacaron que las religiosas obtenían su valor de Jesucristo, fuente y modelo de toda caridad.
Esto es lo que hace que su aportación resulte especialmente significativa. No se limitaron a fundar instituciones; introdujeron una forma de mirar a los demás. La persona enferma no era una carga. El niño huérfano no era prescindible. El inmigrante no era un extraño al que hubiera que temer. El soldado herido no era tratado de acuerdo con el uniforme que llevaba. Cada persona poseía una dignidad que exigía reconocimiento y cuidado.
Una historia que todavía no ha concluido
Aunque la exposición honra el pasado, su finalidad no es meramente conmemorativa. Su título se inspira en la invitación de san Vicente de Paúl a «hacer el bien» que se nos presenta. La misma llamada que impulsó a Madre Seton y a las generaciones de religiosas que siguieron sus pasos se dirige hoy a quienes visitan la exposición.
Las realidades sociales han cambiado, pero las preguntas fundamentales permanecen. ¿A quién se está ignorando? ¿Dónde hay personas que sufren sin recibir una atención adecuada? ¿Qué nuevas formas de pobreza, exclusión, soledad y desplazamiento requieren una respuesta creativa? ¿Qué instituciones necesitan renovarse y qué nuevos ministerios deben crearse?
Las religiosas que aparecen en la exposición no esperaron a disponer de soluciones perfectas ni de recursos abundantes. Reconocieron la necesidad que tenían delante, confiaron en la Providencia, organizaron a otras personas y comenzaron a servir. Su historia demuestra cómo las respuestas fieles ante el sufrimiento inmediato pueden convertirse en obras capaces de transformar comunidades enteras.
En este sentido, «Do the Good: The Sisters Who Shaped America» es tanto una exposición histórica como un examen de conciencia. Recupera la contribución, a menudo poco reconocida, de las religiosas a Estados Unidos, al tiempo que recuerda a los visitantes que su legado sigue vivo. La obra que comenzaron continúa por medio de las religiosas de hoy, los asociados laicos, los colaboradores, los voluntarios, los educadores, los profesionales sanitarios y todas las personas que deciden encontrar a Cristo en quienes son pobres y vulnerables.
Visitar la exposición
«Do the Good: The Sisters Who Shaped America» se encuentra en el Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, en el número 339 de South Seton Avenue, Emmitsburg (Maryland). La entrada es gratuita y la exposición permanecerá abierta hasta la primavera de 2027 durante el horario habitual del Santuario, actualmente todos los días de 10:00 a 17:00 horas.
La experiencia, concebida para que cada visitante pueda recorrerla a su propio ritmo, está dirigida a particulares, familias, educadores, parroquias, centros escolares y grupos organizados. Se recomienda reservar con antelación para las visitas en grupo. En el sitio web oficial de la exposición se ofrece más información y todo lo necesario para planificar la visita.








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