“Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”
Ez 28,1-10; Dan 32; Mt 19,23-30.
En la lectura continuada del Evangelio, Jesús sigue tratando el mismo asunto; la renuncia del apego a las riquezas no es opcional para la entrada en el reino. Las imágenes de la parábola muestran la exigencia de la renuncia. ¡Qué susto! Entonces “¿Quién pude salvarse?” Para la naturaleza humana con sus propias fuerzas, imposible. Todo es posible para Dios, Él nos puede dar la libertad cuando tomemos la decisión de amarlo con todo el corazón, demos los primeros pasos en su servicio y nos dispongamos a seguirlo de manera generosa. La alegría y la paz que experimentemos nos confirmará, como a los discípulos, el ciento por uno en este mundo y la esperanza de la vida plena. Sólo con su gracia podremos ver las riquezas del mundo como Él las ve, entonces seremos realmente libres y caminaremos a la patria verdadera.
“No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario, no sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor? o que siendo pobre, hurte, y profane el nombre de mi Dios” (Prov. 30,8-9).
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Rosendo Martínez Flores C.M.








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