“Jesús proclamaba en el Evangelio del Reino y curaba a todos los enfermos del pueblo”
Is 56,1.6-7; Sal 66; Rom 11,13-15.27-32; Mt 15,21-28.
No quisieron ver la luz los pueblos que caminaban en las tinieblas . Ante el rechazo de los escribas, de los fariseos, de Herodes y de los saduceos, Jesús se “retiró a la región de Tiro y Sidón”, fuera de Israel, cuyos habitantes eran considerados “canes”, por los judíos como un insulto y desprecio.
Las intervenciones de la mujer ante Jesús, prueban su fe: “Señor, Hijo de David… ten compasión de mi”. La dureza de Jesús con la insistencia de la mujer, prueba ante los judíos una fe que no encontró entre los suyos y hecha por tierra los prejuicios contra ellos. Ante Dios, son buenos y merecedores de la salvación.
La lección de esta mujer: para pertenecer a la comunidad del reino, a la Iglesia de Cristo, no valen títulos, ni posición social, no valen cantidad de obras buenas ni el cumplimiento de todo lo mandado en las santas leyes; sólo fe, como aceptación del proyecto de Jesús, como disposición generosa para seguirlo. “En ti confiarán los que conocen tu nombre” Salmo 9,10.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Rosendo Martínez Flores C.M.








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