Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Derribar el muro que nos separa unos de otros

por Ross Reyes Dizon | Ago 13, 2026 | Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es nuestra paz.  Al derribar el muro que nos separa los unos de los otros, él hace uno de los que venimos de toda raza, cultura y nación. 

No hay respuesta de parte de Jesús a la mujer cananea que le grita para pedir ayuda.  Aún más, se sirve él de la palabra ‘perro’, con la que se refieren los judíos a los no judíos.  Así que Jesús no parece derribar aún el muro que separa los judíos de los cananeos.

Tales indiferencia y desdén de parte de Jesús chocan a muchos y causan dificultades.  En el mejor de los casos, se podría decir que él pone a prueba a la cananea.  Con todo, queda claro que él y los discípulos se interesan no más en  la conversión de Israel, de los judíos.

Y quizás ese relato de Mateo deja ver la lucha de los primeros cristianos por captar dos cosas:  el rechazar los judíos a Jesús y el acogerlo los gentiles.  Les cuesta a los primeros cristianos captar que las dos cosas forman parte del plan de Dios.  Este no retira su elección de Israel ni revoca sus dones y su llamada.

Al igual que la mujer cananea, no nos cuesta admitir de rodillas que la salvación es de los judíos:  el pan es de los hijos.  Y cual ella también, insistimos en que esa salvación se desborda en bien de todos:  también los perros se comen las migajas que caen de la mesa.

Pero como católicos, ¿no nos cuesta no creernos mejores que los no católicos (véase F. Mauriac)?  ¿Procuramos de verdad derribar los muros en los que tratamos encerrar la compasión de Dios?  ¿Valoramos también, al igual que san Vicente, a las mujeres y lo que aportan (SV.ES X:953)?

Señor Jesús, concédenos derribar los muros de nacionalismo, racismo y exclusivismo.  Y no dejes que nos hagamos enfermos los que celebramos tu Cena por separarnos de los pobres.  Y por no compartir nuestros bienes con ellosLlévanos a todos al Santo Monte.

16 Agosto 2026
20º Domingo de T.O. (A)
Is 56, 1. 6-7; Rom 11, 13-15. 29-32; Mt 15, 21-28

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