“Señor, si eres Tú, mándame ir por el agua hacia Ti”
1ª Re 19, 9. 11-13; Sal 84; Rom 9,1-5; Mt 14,22-33.
“Los mandó antes que Él, a la otra orilla”: tengamos presente que, para los judíos, el mar era el lugar de todos los peligros y fuerzas destructivas de la vida y la felicidad del hombre.
Muy entrada la noche, la barca se encontraba sacudida por las olas y el viento. Impresionante retrato de la comunidad de los discípulos, la iglesia, en el camino de la historia. La iglesia es enviada a la misión, al mundo entero, a “la otra orilla”. Azotada por las olas y el viento contrarios al Evangelio, contrario a la Iglesia, contrario a la vocación sacerdotal y religiosa. Otras veces los discípulos de Jesús son tan molestos a los sistemas e ideologías dominantes, que son objeto de burla, desprecio y descrédito, o desaparecidos. Y otras veces nos sentimos como perdidos, desanimados, sentimos que el Señor nos ha dejado solos. La fe llena de fuerza a los discípulos y son capaces de caminar sobre y entre las olas y el viento contrario.
«Por lo demás, exponer la vida, atravesar los mares por puro amor de Dios y por la salvación del prójimo, es una especie de martirio, ya que aunque no lo sea efectivamente, al menos lo es en la voluntad» (ES XI, 298).
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Rosendo Martínez Flores C.M.








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