Jesús no deja de salvar a los que le gritan para pedir ayuda en las noches oscuras de tormenta. Pues él es el Hijo de Dios.
Salvar a las gentes Jesús quiere decir, en concreto, librarlas de las enfermedades y del hambre. Y salvar a sus discípulos el Maestro es no dejar que se hundan ellos y se asusten demasiado. Es que las olas sacuden la barca de ellos a causa de la tormenta. Creen ellos, además, que se les aparece muy de mañana, estando aún oscuro, un fantasma que anda sobre el agua.
Mas dice Jesús que es él el que anda sobre el agua. Esto da a entender que él se les da a conocer un poco más. De hecho, tras salvar a Pedro él y al cesar la tormenta, confiesan postrados que él es Hijo de Dios. Es decir, son menos ignorantes ellos.
Y si bien conocemos a Jesús, lo tomaremos también por Hijo de Dios que nos quiere salvar a nosotros. Sí, salvar a los que, al igual que los discípulos, dudamos y titubeamos. Aún más, nos entregaremos a él para que seamos sus instrumentos.
Después de todo, se nos manda a nosotros darles de comer a la muchedumbre. Y se pide de nosotros los débiles que, una vez convertidos, confirmemos a nuestros hermanos. Que nos preocupemos por su salvación aunque lleve esto a que nos separemos de Cristo. También se nos deja claro que creer en Jesús quiere decir hacer las obras que hace él, aun mayores obras.
Pero el seguirle y hacer sus obras supone el orar a solas. El encontrarse con Dios que se da a conocer en un susurro suave, ligero. Para detectarlo, nos hemos de aquietar, apartar de todo el clamor; hemos de calmarnos y acoger ….
Señor Jesús, hombre de grandísima oración, concédenos ser hombres y mujeres de oración (SV.ES IX:380; SV.ES XI:778). Así seremos capaces de todo, capaces, al igual que tú, de salvar a los que se están hundiendo. Y de entregar nuestros cuerpos y derramar nuestra sangre.
9 Agosto 2026
19º Domingo de T.O. (A)
1 Re 19, 9a. 11-13a; Rom 9, 1-5; Mt 14, 22-33








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