“Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti – Ven, le dijo”
Jer 28,1-17; Sal 118; Mt 14,22-36.
Ya antes Jesús había acompañado a sus discípulos en otra tormenta, cuando Él dormía. En aquella ocasión les mostró su autoridad sobre la fuerza del mar. Y los llevó a preguntarse sobre su identidad más profunda: “¿quién es este…?”. En el texto de hoy, lleva a la comunidad de los discípulos a dar un paso arriesgado, apoyados en la fe en él. “Saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua”. Los discípulos de todos los tiempos, hemos hecho esta experiencia. La fe nos ha llevado a dar uno o varios pasos más al frente, a veces sentimos los riesgos. Le pedimos ayuda y luz en el camino, y él nos extiende la mano. ¡Qué confortados nos sentimos! Y, también, con la comunidad de creyentes le decimos: “Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios”. O, como Juan en la Playa: “Es el Señor”.
“Tendrán una gran confianza en la divina Providencia, … Dios los mantendrá siempre bajo su protección, les asistirá en todo cuanto necesiten, tanto para el cuerpo como para el alma, en el mismo instante en que se imaginen que está ya todo perdido” SVP.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Rosendo Martínez Flores C.M.








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