Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Veinticinco años desde Los Molinos: la Asamblea que dio a MISEVI una voz global

por .famvin | Ago 2, 2026 | Misioneros Seglares Vicencianos, Noticias | 0 comentarios

Un encuentro nacido de la misión

Del 2 al 6 de enero de 2001, aproximadamente 70 miembros de la Familia Vicenciana, en representación de 16 países, se reunieron en Los Molinos, en la sierra de Madrid (España), para celebrar la Primera Asamblea General de Misioneros Seglares Vicencianos, más conocidos como MISEVI.

Veinticinco años después, aquel encuentro sigue siendo un momento decisivo en la historia de la vida misionera laical vicenciana. Fue mucho más que una reunión organizativa. Congregó a personas cuyas experiencias misioneras se habían desarrollado en diferentes países y contextos culturales, pero que reconocían unas en otras una misma llamada: seguir a Jesucristo como laicos, en el espíritu de san Vicente de Paúl, compartiendo su vida con comunidades que padecen pobreza y exclusión.

La Asamblea otorgó una voz internacional, una estructura común y un futuro más definido a una vocación que llevaba años creciendo.

De una experiencia temporal a una vocación para toda la vida

Las raíces de MISEVI se remontan a las iniciativas misioneras promovidas por Juventudes Marianas Vicencianas, especialmente en España desde la década de 1980. Jóvenes adultos viajaban a territorios de misión durante periodos temporales, a menudo en verano, para colaborar con miembros de la Familia Vicenciana.

Para algunos, sin embargo, aquellos viajes despertaron algo que no podía limitarse a una experiencia de corta duración. La misión dejó de ser simplemente una actividad desarrollada durante unas semanas o unos meses. Se había convertido en una forma de comprender el discipulado cristiano y en una posible vocación para toda la vida.

Algunos jóvenes misioneros laicos permanecieron durante periodos más prolongados en lugares como Honduras, asumiendo responsabilidades pastorales y sociales junto a la Congregación de la Misión y otras ramas de la Familia Vicenciana. Su experiencia fue poniendo de manifiesto la necesidad de una asociación estable que pudiera formar, enviar, acompañar y sostener a los misioneros laicos antes, durante y después de su servicio.

La idea fue madurando a lo largo de años de consultas, discernimiento y colaboración paciente. MISEVI comenzó a adquirir una forma institucional en España a finales de la década de 1990, mientras en otros países se desarrollaban experiencias misioneras semejantes. La aprobación de los estatutos internacionales en 1999 proporcionó una base, pero todavía era necesaria una asamblea mundial que reuniera las distintas realidades.

Los Molinos se convirtió en ese lugar de encuentro.

Dieciséis países, una sola misión

Los participantes llegaron desde Europa, África, Asia y América. Entre los países representados se encontraban Italia, Mozambique, Honduras, Bolivia, Líbano, Argelia, República Dominicana, Bélgica, Estados Unidos, Colombia, Francia, Portugal, Indonesia, Brasil y España, formando en conjunto una reunión misionera de extraordinaria diversidad.

Llevaban consigo diferentes lenguas, experiencias pastorales, realidades sociales y formas de organizar la misión. Sin embargo, bajo todas aquellas diferencias había una convicción compartida: los laicos no son meros colaboradores de la misión de la Iglesia; son misioneros en virtud de su bautismo y de su vocación particular.

La Asamblea permitió que los participantes se escucharan unos a otros, compararan experiencias, identificaran necesidades comunes y discernieran cómo podía MISEVI servir a los misioneros y a las comunidades locales sin borrar la riqueza propia de cada país.

Este carácter internacional fue una de las mayores fortalezas del encuentro. MISEVI no fue concebida como la expansión de un modelo nacional hacia otras partes del mundo. Surgió como una red construida a partir de numerosas experiencias, unidas por el Evangelio y el carisma vicenciano.

Dar a la asociación un rostro y un futuro

Durante los cinco días de encuentro, los participantes clarificaron la identidad de MISEVI y establecieron las prioridades para su desarrollo futuro. Crearon una estructura internacional de coordinación, eligieron al primer equipo dirigente, designaron asesores para acompañar a la asociación y prepararon un Documento Final que orientaría su trabajo durante los años siguientes.

Eva Villar fue elegida para dirigir el primer equipo coordinador internacional. La Asamblea también reforzó la relación entre MISEVI y el conjunto de la Familia Vicenciana, cuyos miembros habían contribuido a cuidar y hacer crecer la asociación desde sus primeras etapas.

La Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad ofrecieron no solo acompañamiento espiritual y pastoral, sino también un apoyo práctico esencial. Los responsables provinciales ayudaron a cubrir los gastos de participación y posibilitaron la presencia de misioneros procedentes de diferentes continentes.

Este apoyo reflejaba algo más profundo que la generosidad institucional. Expresaba un reconocimiento creciente de que el futuro del carisma vicenciano dependía de una colaboración auténtica entre laicos, hermanas, sacerdotes y hermanos.

Poco después de la Asamblea, el padre Robert P. Maloney, C.M., entonces superior general de la Congregación de la Misión, subrayó la importancia de lo que había sucedido. Vio en MISEVI una respuesta concreta tanto a la llamada de la Iglesia a una mayor participación de los laicos como al deseo de la Familia Vicenciana de alcanzar una cooperación internacional más estrecha.

La Asamblea demostró que el compromiso misionero laical podía sostenerse mediante una formación seria, una vida comunitaria, estructuras responsables y un acompañamiento a largo plazo.

Mucho más que enviar misioneros

Una de las aportaciones más importantes de MISEVI ha sido su comprensión de que el servicio misionero implica mucho más que enviar a una persona a otro país.

Los misioneros necesitan preparación antes de su partida, acompañamiento espiritual y humano durante su servicio, apoyo económico y administrativo, asistencia sanitaria y seguros, así como una ayuda meditada cuando regresan. La misión también implica a las comunidades que los reciben, a las ramas vicencianas que los acompañan y a las redes de solidaridad que hacen posible su presencia.

Con el paso del tiempo, MISEVI fue asumiendo una responsabilidad cada vez mayor en todo este proceso. También promovió la formación misionera, la vida comunitaria, la educación para una ciudadanía global, el apoyo a proyectos locales y la colaboración con organizaciones eclesiales y de la sociedad civil.

Las semillas plantadas en Los Molinos continuaron creciendo mediante posteriores asambleas y encuentros internacionales. Sin embargo, la Primera Asamblea General siguió siendo el punto de referencia fundacional: el momento en que diferentes experiencias se convirtieron en un proyecto internacional compartido.

Una memoria que continúa interpelándonos

Celebrar el 25.º aniversario de la Asamblea no es simplemente un ejercicio de recuerdo de fechas, nombres y documentos. Es una invitación a recuperar la valentía de quienes creyeron que era posible una nueva forma de vida misionera vicenciana.

Confiaron en la Providencia antes de que existieran todas las estructuras necesarias. Atravesaron las fronteras entre naciones, culturas, lenguas y ramas de la Familia Vicenciana. Aceptaron la responsabilidad de transformar el entusiasmo misionero personal en un compromiso duradero, capaz de sostener a otras personas.

Su experiencia continúa interpelando a MISEVI y a toda la Familia Vicenciana.

¿Qué significa hoy compartir la misión? ¿Cómo pueden las ramas vicencianas superar los proyectos paralelos y trabajar más plenamente como una sola familia? ¿Cómo pueden los misioneros laicos responder a las migraciones forzosas, la desigualdad, la destrucción del medioambiente, la guerra, el desarraigo cultural y las nuevas formas de pobreza? ¿Cómo puede el compromiso misionero permanecer arraigado en Cristo y, al mismo tiempo, adoptar una postura cada vez más clara frente a la injusticia?

Las respuestas surgirán en unas circunstancias muy diferentes de las de 2001. Pero la intuición fundacional permanece: allí donde está presente un seguidor vicenciano de Jesús, está presente la misión de toda la Familia.

La misión continúa

Veinticinco años después de Los Molinos, MISEVI sigue siendo una expresión viva de la vocación misionera de la Iglesia y de la convicción vicenciana de que el amor debe hacerse organizado, práctico y cercano a quienes sufren.

La Primera Asamblea General proporcionó una estructura a la asociación, pero su logro más profundo fue confirmar una vocación. Demostró que hombres y mujeres laicos —personas solteras, matrimonios, profesionales, trabajadores y familias— podían ofrecer su vida a la misión de una manera estable y específicamente vicenciana.

Los participantes reunidos en enero de 2001 no podían prever todos los desafíos a los que se enfrentaría la asociación. Tampoco podían imaginar todas las comunidades, misioneros, amistades y proyectos que surgirían de las decisiones que tomaron.

Pero comprendieron algo esencial: la misión no es una experiencia pasajera, sino la respuesta a una llamada.

Un cuarto de siglo después, su testimonio invita a una nueva generación a escuchar esa misma llamada y a responder a ella con creatividad, valentía y confianza en la Providencia.


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