El 29 de junio de 2026, la Ley de Vagancia de 1824 quedó formalmente derogada en Inglaterra y Gales. Después de más de 200 años, dormir al raso y pedir limosna han dejado de ser delitos.
Es la decisión correcta.
Durante demasiado tiempo, esta ley reflejó una visión anticuada según la cual el sinhogarismo era únicamente consecuencia de decisiones individuales, sin reconocer el enorme papel que desempeñan las circunstancias personales y las políticas públicas. La derogación de la ley elimina uno de los símbolos más evidentes de esa forma de pensar.
Sin embargo, debemos resistir la tentación de considerar que con esto concluye la historia. La verdadera prueba no es si hemos abolido una ley de otro siglo, sino si las políticas y los servicios que la sustituyan ayudarán a más personas a dejar atrás el sinhogarismo.
La historia de la Ley de Vagancia y las razones de su derogación
La Ley de Vagancia fue aprobada en 1824, tras las guerras napoleónicas, cuando el Parlamento respondió al aumento del número de personas que vivían en las calles.
Su lenguaje revela los prejuicios que la inspiraron. Las personas sin hogar eran descritas como «ociosas y revoltosas» o como «pícaras y vagabundas». Incluso en el siglo XIX hubo quienes criticaron que se castigara a las personas por el mero hecho de no tener un lugar donde dormir.
Más de 200 años después, nuestra manera de entender el sinhogarismo ha cambiado radicalmente.
Sabemos que dormir al raso rara vez es consecuencia de un único acontecimiento o de una decisión personal. La ruptura familiar, la pobreza, los traumas, los problemas de salud mental, la inseguridad residencial y las presiones económicas más amplias desempeñan un papel importante. El sinhogarismo no es un defecto del carácter. Es consecuencia de unas circunstancias que pueden afectar a cualquiera.
En Depaul UK llevamos más de 40 años trabajando junto a jóvenes en situación de sinhogarismo.
Por eso, la prevención ocupa el centro de nuestra labor. Creemos que el sinhogarismo no tiene cabida en la sociedad y que, en casi todos los casos, puede prevenirse mediante la intervención adecuada en el momento oportuno.
Por qué criminalizar el sinhogarismo nunca fue la solución
Tener antecedentes penales dificulta el acceso a una vivienda, la obtención de un empleo y la recuperación de la estabilidad. Y esas son precisamente las cosas que las personas necesitan para poder salir definitivamente del sinhogarismo.
Por tanto, la derogación de la Ley de Vagancia es mucho más que un cambio simbólico. Representa una importante transformación en nuestra manera de comprender el sinhogarismo y de responder ante él.
Igualmente importante es que nos permite abandonar un lenguaje que estigmatiza a las personas y adoptar otro que reconoce su dignidad y su potencial.
Por qué las medidas coercitivas no pueden acabar por sí solas con el sinhogarismo en la calle
Al mismo tiempo, debemos reconocer que la realidad sobre el terreno siempre ha sido más compleja que la propia legislación.
Durante los últimos años, la Ley de Vagancia se utilizó con relativa poca frecuencia. En algunos casos, los agentes de policía y los equipos de intervención en la calle la consideraban un mecanismo de último recurso para entrar en contacto con personas expuestas a graves riesgos que habían rechazado repetidamente la ayuda. Esto apunta hacia un problema mucho más amplio.
La verdadera cuestión nunca ha sido si disponemos de las facultades coercitivas adecuadas, sino si hemos invertido lo suficiente en los servicios que previenen el sinhogarismo y ayudan a las personas con las necesidades más complejas.
Una intervención eficaz en la calle depende de profesionales con experiencia, de prácticas que tengan en cuenta los efectos del trauma, de relaciones de confianza y de una inversión sostenida. Sin estos elementos, cambiar la ley no bastará para cambiar la vida de las personas.
¿Qué sustituye a la Ley de Vagancia?
La derogación también plantea importantes preguntas sobre las facultades que sustituyen a las contempladas en la Ley de Vagancia.
Dos nuevos delitos —la entrada en propiedad ajena con intención de cometer un delito y la organización o facilitación de la mendicidad con ánimo de lucro—, incluidos en la Ley de Delincuencia y Policía de 2026, han sustituido en la práctica a algunas disposiciones de la Ley de Vagancia. Durante el examen del proyecto de Ley de Delincuencia y Policía, el Comité Conjunto de Derechos Humanos cuestionó si la amplitud y la subjetividad de algunas disposiciones ofrecían garantías suficientes frente a un uso desproporcionado.
También persiste la preocupación por el uso de las Órdenes de Protección de Espacios Públicos y de las facultades de dispersión. Las organizaciones del sector del sinhogarismo han señalado casos en los que estas medidas se han utilizado para obligar a las personas a marcharse, en lugar de abordar las razones por las que duermen al raso.
También debemos prestar mucha atención a la forma en que el nuevo marco afecta a los solicitantes de asilo y a quienes tienen una situación migratoria insegura, ya que pueden ser especialmente vulnerables a consecuencias imprevistas.
Estas cuestiones merecen seguir siendo examinadas. La derogación nunca debe significar que se sustituya una forma de criminalización por otra.
¿Qué ocurrirá después de la derogación de la Ley de Vagancia?
Este era, con toda justicia, un momento para las organizaciones que lideraron la campaña. Nuestros compañeros del sector del sinhogarismo, encabezados por Crisis, trabajaron incansablemente durante muchos años para lograr este resultado y merecen un enorme reconocimiento. El papel de Depaul UK consiste en contribuir allí donde nuestra experiencia pueda aportar algo diferente.
Para nosotros, esto significa centrar la atención en lo que sucederá a continuación: si la prevención recibe la inversión que necesita, si la intervención en la calle y los alojamientos con apoyo cuentan con una financiación adecuada y si el nuevo marco jurídico se aplica de forma que mejore realmente la situación de las personas sin hogar.
La derogación de la Ley de Vagancia cierra un capítulo en el que el sinhogarismo era tratado como un delito.
El siguiente capítulo debe centrarse en prevenir el sinhogarismo siempre que sea posible, intervenir antes cuando las personas se encuentren en situación de riesgo y garantizar que nadie sea castigado por el mero hecho de no tener hogar.
Este es el desafío al que se enfrentan ahora por igual los responsables políticos, las autoridades locales y el sector del sinhogarismo.
Y esta es la conversación que, a mi juicio, deberíamos mantener a partir de ahora.
Por Alessandra Sciarra, responsable de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales
DePaul UK
Fuente: https://www.depaul.org.uk/








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