De no más cinco panes y dos peces, da de comer Jesús a más de cinco mil. Comen todos hasta saciarse y aún hay sobras.
Un grano pequeño de mostaza se hace un arbusto alto; un poco de lavadura fermenta toda la masa. De modo parecido, cinco panes y dos peces se multiplican para saciar a mucha gente.
Pues, de veras, los pequeños y humildes comienzos del reino del cielo llevan a grandes finales. Y de lo poco que se pone al servicio del reino del cielo resultan muchos y grandes logros.
No hay que tener en poco, por lo tanto, ni lo poco ni lo pequeño. Después de todo, ser fiel en lo poco y en las pequeñas cosas quiere decir ser fiel en la cosas grandes (SV.ES IX:297; 852-854). También son las pequeñas contrariedades que nos preparan para las mayores aflicciones, angustias, persecuciones (SV.ES XI:570).
De hecho, los gestos de bondad y justicia que siembra Jesús no son nada grandiosos ni espectaculares. A su vez, san Vicente, se conforma con responder a las situaciones de pobreza que se le presentan. Y sus pocas y pequeñas respuestas llevan a las grandes y sorprendentes fundaciones (SV.ES IX:232-233, 541-543; SV.ES XI:327).
Sí, si hacemos lo poco que nos toca hacer y lo ponemos en manos de Jesús, esto bastará. Se multiplicará al igual que los cinco panes y dos peces. Al igual que los 57 centavos de una niña que llevan a que se construya una iglesia más grande. Hasta de una universidad, la Universidad de Temple.
Señor Jesús, apenado por la muerte de Juan, te retiras a un sitio tranquilo y apartado. Mas buscas más no lo tuyo, sino lo de los demás. Por lo que los curas y de balde les das de comer con cinco panes y dos peces. Deja que lo poco que aportamos forme parte del don que haces de ti mismo. Pues entregas tu cuerpo y derramas tu sangre por los demás.
2 Agosto 2026
18º Domingo de T.O. (A)
Is 55, 1-3; Rom 8, 35. 37-39; Mt 14, 13-21








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