“Dios salva al que cumple su voluntad”
Miq 6, 1-4. 6-8; Sal 49; Mt 12, 38-42.
Algunos piden a Jesús una prueba extraordinaria para poder creer. Y Él les responde diciendo: “generación perversa”. Sus palabras son un fuerte llamado a revisar nuestro corazón. Cabe resaltar que, con esas fuertes palabras, Jesús se dirige específicamente a quienes se sienten seguros, correctos, intachables: los doctores de la ley. En el fondo, no buscan conversión, sino confirmarse en su propia justicia. Jonás es el profeta que huye. No quiere ir a Nínive porque cree tener la doctrina clara: “los demás son malos, que se las arreglen solos”.
Sentirse perfecto, y mirar a los demás desde arriba es un grave error. Por eso Jesús combate con fuerza esa actitud y ofrece el verdadero signo de Jonás: su muerte y su resurrección. Este signo nos recuerda que no nos salvamos por nuestras obras, aunque sean buenas y necesarias. Nos salvamos por la sangre de Cristo. Las obras son respuesta, fruto de la gracia; pero cuando creemos que ellas nos hacen mejores que los demás, caemos en el error de Jonás.
¿Queremos vivir desde la autosuficiencia de nuestra justicia o desde la humildad de la misericordia de Dios?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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