“Sálvame Señor y viviré”
Is 38, 1-6. 21-22. 7-8; Is 38; Mt 12, 1-8.
El Evangelio de hoy nos presenta uno de los conflictos entre Jesús y las autoridades religiosas. El motivo es el sábado, pero en el fondo lo que se discute es la imagen de Dios. Para unos, Dios es un juez severo que vigila y castiga; para Jesús, Dios es Padre y Madre, cercano a la vida concreta de sus hijos.
Los discípulos tienen hambre y arrancan espigas. Jesús defiende una necesidad humana. Y recuerda que la Ley nunca puede ir contra la vida. Por eso cita la Escritura diciendo: «Misericordia quiero y no sacrificio». La verdadera fidelidad a Dios no está en la observancia ciega de normas, sino en tener el corazón puesto en la miseria del otro.
Los conflictos, son inevitables: en la familia, en la sociedad, en la Iglesia, son parte del proceso de crecimiento y conversión. Lo decisivo es cómo los afrontamos. Jesús no busca ganar discusiones, sino hacer prevalecer la misericordia sobre la ley.
Cuando la religión deja de aliviar y comienza a condenar, se aleja del Dios de Jesús. Que este Evangelio nos ayude a vivir una fe que libere, sane y ponga siempre a la persona en el centro.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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