Juntas en la esperanza: las Hermanas de Santa Marta celebran 125 años de hospitalidad evangélica

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16 julio, 2026

Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Juntas en la esperanza: las Hermanas de Santa Marta celebran 125 años de hospitalidad evangélica

por .famvin | Jul 16, 2026 | Noticias | 0 comentarios

Un jubileo que contempla la memoria y el futuro

En Antigonish, Nueva Escocia, el 125.º aniversario de las Hermanas de Santa Marta no se ha desarrollado simplemente como una conmemoración del pasado, sino como un acto de esperanza cristiana.

El año conmemorativo de la Congregación comenzó el 29 de julio de 2025 y concluirá el 29 de julio de 2026. Su lema, «Juntas en la esperanza: dando forma al futuro que emerge», expresa la tensión que se encuentra en el corazón de esta celebración. Las Martas miran hacia atrás con gratitud por generaciones de servicio entregado, pero también están discerniendo cómo puede continuar su misión en medio de los cambios demográficos, la disminución del número de Hermanas activas y la transferencia o conclusión gradual de los ministerios que en otro tiempo fundaron y administraron.

Por tanto, se trata de algo más que de una celebración de cumpleaños. Es un jubileo en el sentido bíblico: un tiempo para recordar la fidelidad de Dios, reconocer aquello que debe dejarse atrás y abrir espacio a nuevas expresiones de la misión.

Durante 125 años, las Hermanas han sido conocidas en todo el este de Canadá sencillamente como «las Martas». Su nombre evoca a Marta de Betania, la mujer del Evangelio que acogió a Jesús en su casa y lo sirvió con generosidad práctica. Con el paso del tiempo, aquel espíritu se convirtió en lo que la Congregación denomina hoy Hospitalidad Evangélica: una acogida que reconoce la dignidad de cada persona, abre espacios de encuentro y no aparta la mirada ante las realidades difíciles.

La discreta llegada de una nueva Congregación

La historia comenzó antes de la fundación formal de la Congregación. En 1894, el obispo John Cameron de Antigonish hizo un llamamiento a las mujeres de la diócesis para que ingresaran en una nueva comunidad vinculada a las Hermanas de la Caridad de Halifax. Allí recibieron formación religiosa y una preparación práctica para un ministerio que era urgentemente necesario: hacerse cargo de las labores domésticas del St. Francis Xavier College.

A finales del siglo XIX, el trabajo doméstico era con frecuencia ignorado y rara vez se describía como un ministerio público. Sin embargo, las futuras Martas entendieron que cocinar, limpiar, coser, atender a los enfermos y crear un hogar para estudiantes y sacerdotes constituían un verdadero servicio a Cristo.

En julio de 1900, aquellas mujeres fueron invitadas a formar una congregación diocesana independiente. Las primeras Hermanas llegaron a Antigonish en tren el 16 de julio. No hubo ninguna recepción ceremonial. Con su modesto equipaje, caminaron desde la estación de ferrocarril, atravesando la localidad, hasta el St. Francis Xavier College. El 29 de julio, fiesta de Santa Marta, la nueva Congregación comenzó formalmente su andadura y eligió a su primera superiora.

Lo que comenzó en las cocinas, lavanderías, residencias y enfermería de un colegio que atravesaba dificultades pronto se extendió mucho más allá del campus. La competencia, la cercanía y la disposición de las Hermanas para responder allí donde fueran necesarias se ganaron la confianza de las comunidades vecinas.

En 1906 abrieron el Hospital de Santa Marta en Antigonish, llevando atención médica organizada a una zona que la necesitaba urgentemente. El hospital se convirtió tanto en un centro de asistencia compasiva como en un lugar para la formación profesional de enfermeras. Más adelante, la Congregación se dedicó a la enseñanza, el trabajo social, el ministerio pastoral, la organización de retiros, la atención a niños y familias y el servicio en comunidades rurales y económicamente desfavorecidas. Sus misiones llegaron con el tiempo a otras zonas de Nueva Escocia, así como a Alberta, Saskatchewan, Columbia Británica, Quebec, Terranova, Massachusetts y San Cristóbal.

Mujeres que ayudaron a las comunidades a descubrir su propia fuerza

Las Martas también estuvieron estrechamente vinculadas al Movimiento de Antigonish, el movimiento de cooperativismo y educación de adultos de inspiración católica asociado al padre Jimmy Tompkins, al padre Moses Coady y a la Universidad St. Francis Xavier (StFX).

Su aportación fue a menudo menos visible que la de los sacerdotes cuyos nombres llegaron a conocerse internacionalmente, pero resultó esencial. Las Hermanas enseñaron en comunidades rurales, trabajaron con mujeres, apoyaron grupos de estudio e iniciativas cooperativas y llevaron servicios educativos, sociales y sanitarios a lugares afectados por la pobreza y la inseguridad económica.

Cuando en 1925 abrieron una escuela en Margaree Forks, en la isla de Cabo Bretón, esta se convirtió en un centro no solo para la educación de los niños, sino también para la organización comunitaria y la formación de adultos. En Canso, desde la década de 1930, las Martas combinaron la educación, la atención pastoral, el trabajo sanitario y los servicios sociales entre familias de pescadores y comunidades cercanas. Otras sirvieron en el Departamento de Extensión de StFX y, posteriormente, en el Instituto Internacional Coady, acogiendo a estudiantes procedentes de todo el mundo.

Su historia revela una comprensión profundamente cristiana de la hospitalidad. Nunca se limitó a recibir cortésmente a los invitados. La hospitalidad de las Martas significaba ayudar a las personas a descubrir sus propias capacidades, organizar sus comunidades, acceder a la educación y a la atención médica y participar en las decisiones que afectaban a sus vidas.

«SIMPLEMENTE SENTÍ QUE TENÍA QUE ECHARME A ANDAR».
En julio de 1900, en respuesta a la petición del obispo John Cameron, quince mujeres aceptaron valientemente fundar una nueva congregación en Antigonish. Durante un retiro en silencio, se les pidió que se pusieran de pie si decidían abandonar la familiar Casa Madre de Halifax, arriesgándose a un futuro incierto. Las valientes pioneras que se levantaron aquel día se convirtieron en las fundadoras de las Hermanas de Santa Marta de Antigonish.

Un lugar dentro de la Familia Vicenciana

Los orígenes de las Martas están estrechamente vinculados a las Hermanas de la Caridad de Halifax, que formaron a las primeras integrantes de la comunidad. A través de esta relación, la Congregación pertenece a la amplia tradición espiritual configurada por san Vicente de Paúl, santa Luisa de Marillac y santa Isabel Ana Seton.

En 2003, las Hermanas de Santa Marta de Antigonish se incorporaron a la Federación de Hermanas de la Caridad de América del Norte. La Federación reúne a congregaciones cuyas historias y ministerios reflejan la tradición vicenciano-setoniana de caridad práctica, colaboración y atención a las personas que viven en la pobreza o en los márgenes de la sociedad.

Las Martas han expresado esta tradición con un lenguaje propio y dentro de su contexto cultural. Su concepto de Hospitalidad Evangélica resuena profundamente con la espiritualidad vicenciana: reconocer a Cristo en la persona que tenemos delante, responder de manera concreta a las necesidades humanas y afrontar las condiciones sociales que privan a las personas de su dignidad.

La Hospitalidad Evangélica en una nueva época

Hoy, la Congregación atraviesa una profunda transición. Su orientación actual pone el acento en la ecología integral, la colaboración con los laicos, el diálogo contemplativo, la sinodalidad, la diversidad y la creación de espacios donde puedan producirse transformaciones personales y sociales.

El Ministerio de Justicia de las Martas reúne a Hermanas y colaboradores laicos para trabajar en favor de la justicia y la reconciliación con los pueblos indígenas, la lucha contra la pobreza, la justicia ecológica y climática, la sostenibilidad alimentaria, los derechos de las personas migrantes, la protección del agua y los ecosistemas y la participación de los jóvenes en el cambio social. Su labor conecta la acción local con la defensa internacional de estas causas a través de la presencia de la Federación de Hermanas de la Caridad ante las Naciones Unidas.

En la Universidad St. Francis Xavier, el Wellspring Centre continúa el ministerio original de las Martas de crear un hogar para la comunidad universitaria. Estudiantes, profesores y personal de diferentes procedencias y tradiciones religiosas encuentran allí un espacio para la conversación, el estudio, la oración, el descanso y el apoyo mutuo.

Un Ministerio del Carisma de las Martas, de creación más reciente, está explorando cómo compartir la Hospitalidad Evangélica más allá de los miembros de la Congregación que han profesado votos. Los laicos han participado en el estudio del carisma y en el desarrollo de expresiones contemporáneas de este mediante conversaciones, actividades infantiles, proyectos artísticos, actos comunitarios y recursos educativos. Del mismo modo, los Asociados de las Martas siguen encarnando el espíritu de la Congregación en sus familias, parroquias, lugares de trabajo y comunidades locales.

Esta colaboración no se presenta simplemente como una respuesta práctica a la disminución del número de Hermanas. Refleja una convicción más profunda: un carisma es un don del Espíritu Santo confiado a la Iglesia, no una propiedad privada que pertenezca exclusivamente a una institución.

Dejar atrás sin abandonar la misión

Uno de los acontecimientos más difíciles del año conmemorativo está relacionado con el hospital que las Hermanas fundaron hace 120 años.

Las Martas transfirieron la propiedad y la administración del Hospital de Santa Marta al Gobierno de Nueva Escocia en 1996, pero continuaron salvaguardando su identidad católica mediante un Acuerdo de Garantía de la Misión. En 2026, las Hermanas anunciaron que ya no podrían seguir ejerciendo como entidad patrocinadora después del 30 de septiembre.

Dado que el Gobierno provincial decidió no mantener el acuerdo con otra entidad patrocinadora católica, la institución dejará de ser un hospital católico y recibirá un nuevo nombre. No obstante, se espera que la atención espiritual y religiosa siga estando disponible para personas de todas las tradiciones religiosas. Las Hermanas y Nova Scotia Health también están trabajando para preservar y honrar la historia y los valores que las Martas arraigaron en la cultura del hospital.

La decisión conlleva un dolor real. La historia del hospital abarca casi toda la trayectoria de la Congregación. Sin embargo, las Hermanas han insistido en que esta transición no significa retirarse del mundo. Forma parte, más bien, de la difícil tarea de orientar sus energías actuales hacia el futuro del Ministerio de Justicia de las Martas, la transmisión de su carisma y la relación entre contemplación, espiritualidad y justicia.

La esperanza cristiana no niega la pérdida. Confía en que el bien sembrado durante décadas de servicio fiel puede sobrevivir a los cambios de propiedad, estructuras y nombres.

Una celebración compartida con la comunidad

Los actos del aniversario han reflejado la preferencia de las Martas por la participación, más que por las ceremonias como un fin en sí mismas.

El año comenzó con la exposición «La Hospitalidad Evangélica en acción: las Martas en la región de Antigonish», instalada en el Museo del Patrimonio de Antigonish, la antigua estación de ferrocarril a la que llegaron las primeras Hermanas en 1900. Tras la inauguración de la muestra, las Martas actuales recorrieron de nuevo el camino de las fundadoras desde la estación hasta el campus de StFX.

Una serie de conferencias vinculada a la exposición profundizó en la historia de la Congregación, su trabajo por la justicia social y ecológica, su presencia en las Naciones Unidas, su reflexión sobre la Historia del Universo y su comprensión de la Hospitalidad Evangélica. También se plantaron dos robles rojos —uno en Bethany y otro en StFX— para simbolizar las raíces compartidas de la Congregación y la universidad.

Otros acontecimientos han sido deliberadamente sencillos y locales. Las Martas donaron 125 libros a bibliotecas de Antigonish y Sydney. Distribuyeron 125 paquetes de semillas de judía, llamados «Bolsillos de esperanza», invitando a quienes los recibieran a cultivar y compartir la cosecha. Unos encuentros para compartir recuerdos en torno al té permitieron a las Hermanas rememorar el noviciado, las misiones en el oeste de Canadá y la vida en la antigua Casa Madre de Bethany. Un saque de honor ceremonial en un partido de hockey femenino de StFX rindió homenaje a la prolongada relación de las Hermanas con los estudiantes y el deporte universitario.

La exposición «Hecho por una Marta», presentada durante junio y julio en la Biblioteca People’s Place de Antigonish, muestra pinturas, grabados en linóleo, bordados y otras obras creadas por las Hermanas. La exposición revela otra dimensión de la vida de las Martas: una creatividad arraigada en la fe, la atención a la belleza y el amor por el mundo natural.

El acontecimiento público más importante de las últimas semanas es «El jardín de las Hermanas: ocho pequeñas obras sobre la Hospitalidad Evangélica», escrita y dirigida por Laura Teasdale. Representada en el Jardín del Centenario de Bethany en fechas seleccionadas entre el 16 y el 24 de julio, esta producción al aire libre conduce al público de una escena a otra mediante el humor, la música, la narración y la reflexión. Ocho «Martas» diferentes encarnan los valores fundamentales de la Congregación e invitan a los espectadores a considerar qué puede significar la Hospitalidad Evangélica en sus propias vidas.

El aniversario concluirá el 29 de julio con una Misa especial en la catedral de San Ninian de Antigonish.

La semilla sigue creciendo

Entre todos los símbolos del aniversario, quizá los paquetes de semillas sean los más apropiados.

Una semilla es pequeña, fácil de pasar por alto y depende de otras personas para ser llevada hacia adelante. Sin embargo, cuando se confía a una tierra fértil, puede multiplicarse mucho más allá de su forma original.

Las instituciones construidas por las Hermanas de Santa Marta han cambiado. Algunos ministerios han sido transferidos y otros han llegado a su conclusión natural. Pero el don más profundo de la Congregación no puede medirse únicamente por el número de Hermanas o por las instituciones que llevan su nombre. Vive allí donde alguien ofrece una acogida sincera, protege la dignidad humana, escucha el clamor de la Tierra y de los pobres o crea un espacio en el que otra persona pueda desarrollarse plenamente.

Después de 125 años, las Martas no se limitan a conservar una historia. Están depositando su semilla en nuevas manos, permaneciendo juntas en la esperanza y confiando en que el Espíritu dará forma a lo que está por nacer.


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