“El señor tiene compasión de nosotros”
Is 26, 7-9. 12. 16-19; Sal 101; Mt 11, 28- 30.
Si miramos la vida pública de Jesús como la presentan los evangelios, descubrimos a un hombre que pasó su vida afrontando con seriedad y responsabilidad el enorme problema del sufrimiento humano. Y aunque nunca se dedicó a explicar por qué existe el dolor ni a dar fórmulas para resolverlo. Sabemos que lo que hizo fue dar alivio. El yugo era símbolo de esclavitud, por eso Él sabe que el pueblo, ahora también, vive bajo muchos yugos: la pobreza, la enfermedad, la marginación, el pecado… pero también el yugo religioso, ese que convierte la fe en una carga pesada, en una suma de normas, obligaciones y miedos. Jesús viene a nuestra vida para liberar en nombre del Padre. Por tal motivo chocó con los dirigentes religiosos de su tiempo. Ellos habían convertido la religión en un sistema que vinculaba a Dios con la ley; Él en cambio ligó a Dios con la vida. Tan radical fue esta actitud que terminó pagando con su vida, condenado por liberar a la gente de sus yugos. Existe el riesgo de cargar pesos innecesarios sobre la gente, pero también encontramos hoy muchos religiosos y laicos que viven como Jesús: aliviando.
Que, al acercarse a nosotros, las personas puedan experimentar lo mismo que con Jesús de Nazareth.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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