Ver a Cristo en el rostro de los pobres
noticias
Noticias
Últimas Noticias de la Familia Vicenciana
Historias vicencianas
La vida de nuestra Familia por todo el mundo
Formación
Formación desde el carisma vicenciano
Reflexiones
Reflexiones para vivir al estilo vicenciano
Series destacadas
Series destacadas en diversos temas
recursos
vinFormation
Recursos multimedia para la Familia Vicenciana
Somos Vicencianos
Formación en el carisma vicenciano
Contemplación: Las personas, los acontecimientos y la voluntad de Dios
Ser vicentino es responder a una llamada de Dios. Por eso la llamamos «vocación», palabra que tiene su raíz en el término latino que significa «llamar». A diferencia de los voluntarios, que se inscriben para *hacer* algo, nosotros nos unimos a la Sociedad para *ser* algo. Por ello, nuestra Regla explica que se trata de una «vocación para cada momento de nuestra vida». [Regla, Parte I, 2.6] Los voluntarios lo son hasta que la tarea concluye; los vicentinos lo somos hasta que alcanzamos nuestra plenitud. Esta vocación es nuestro camino de formación, que nos conduce hacia la santidad que Dios desea para nosotros en nuestra trayectoria vital de crecimiento y transformación.
Es natural preguntarse —especialmente cuando somos miembros nuevos— si realmente hemos sido llamados, si es verdaderamente la voluntad de Dios que seamos, permanezcamos y crezcamos como vicentinos. San Vicente creía que debíamos buscar constantemente discernir la voluntad de Dios para nosotros, no solo en un momento puntual, sino a lo largo de todo nuestro camino. «Una llamada es una elección que Dios hace de algunas almas para utilizarlas en una determinada buena obra», explicaba. «Entonces ilumina su entendimiento, haciéndoles discernir su plan y moviendo su voluntad a emprender dicha buena obra». [CCD XIIIb:417] Discernir significa detenerse siempre a reflexionar, a renovarse y a buscar la voluntad de Dios para nosotros, especialmente tal como Él la revela a través de las personas y los acontecimientos de nuestra vida.
Cuando era joven y aún discernía su propia vocación, Frédéric Ozanam no comprendía todavía que Dios a veces elige hablarnos a través de otras personas. Llegó incluso a quejarse de que tanta gente «deseaba convertirlo en una especie de líder de la juventud católica de aquel país… Debía estar al frente de todas las iniciativas y, siempre que había algo difícil que hacer, debía ser yo quien cargara con el peso. Era imposible celebrar una reunión… a menos que yo la presidiera». [67, a Falconnet, 1834] Lo que para el joven Frédéric resultaba tan confuso, y tal vez incluso injusto, a nosotros nos parece muy evidente; pero contamos con la ventaja de saber que todas aquellas personas veían algo real en Frédéric, algo que él mismo aún no reconocía. Y el hecho de saber que todos ellos tenían razón sugiere que hubo inspiración divina en sus intuiciones.
Todos vivimos experiencias y conocemos personas cuyo pleno significado en nuestras vidas no nos resulta evidente al principio. Los momentos en que reconocemos la mano de Dios en nuestra vida deben recordarnos que no podemos saber de antemano a qué persona ha inspirado el Espíritu Santo, ni a través de qué acontecimiento ha decidido hablar Dios. Al fin y al cabo, como explicaba Vicente: «Dios se vale de diversos medios para llamar a las personas a su servicio». [CCD XIIIb:360] Discernir consiste en abrir el corazón, así como los ojos y los oídos, y en buscar siempre la voluntad de Dios en nuestra vida. Estar abiertos a los demás es estar abiertos a Dios.
Crecer en santidad es el propósito de la Sociedad y la meta de nuestra formación continua. Al compartir y discernir juntos, no necesitamos pedir a Dios una señal; más bien, debemos orar para obtener la sabiduría necesaria para comprender todas las señales que Él ya ha puesto ante nosotros.
Contemplación
¿Busco la voluntad de Dios en todas las personas y acontecimientos de mi vida?
Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.
Tags:
English









0 Comentarios