“Dios salva al que cumple su voluntad”
Is 1, 10-17; Sal 49; Mt 10, 34-11, 1.
Jesús no ha venido a traer paz, sino espada.
¿Cómo entender esto sin traicionar todo lo que Él anunció? Cuando hablaba de la paz se refiere a la del Reino: paz que busca la justicia, la dignidad y la vida plena para todos. Pero esa paz no siempre es cómoda. Hoy Jesús nos recuerda que el Evangelio puede generar conflicto, especialmente en el ámbito más profundo de la sociedad: la familia. En su tiempo, la familia era una estructura patriarcal, marcada por relaciones de dominio y sometimiento. Seguir a Jesús implicaba romper esquemas muy arraigados, incluso dentro del propio hogar. El anuncio del Reino podía provocar divisiones porque su propuesta de vida nueva cuestiona todo lo que oprime y deshumaniza.
Jesús mismo experimentó incomprensión en su propia familia. El seguimiento no siempre trae aplausos; a veces exige tomar decisiones difíciles, priorizar el Evangelio por encima de cualquier otro vínculo. No significa despreciar nuestra familia, sino poner a Dios en el centro. Cuando el Reino de Dios es el corazón de la vida familiar, entonces la familia se transforma en espacio de amor, libertad y servicio. La espada no es violencia, sino claridad del Evangelio que corta, discierne y purifica para bien.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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