Juan Manuel Buergo Gómez es el presidente general de la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, una organización católica laica, humanitaria y benéfico-social, dedicada al servicio directo de las personas que viven situaciones de pobreza, vulnerabilidad, soledad no deseada o exclusión social.
La Sociedad de San Vicente de Paúl nació en París en 1833, impulsada por un grupo de jóvenes universitarios encabezados por el beato Federico Ozanam. Desde entonces, su misión ha sido unir fe y acción concreta, cercanía y justicia, ayuda material y acompañamiento humano. Su forma de servir se basa en algo profundamente sencillo y exigente: encontrarse con la persona necesitada, escucharla, acompañarla y caminar con ella.
En una reciente entrevista en el medio «La Nueva España», Juan Manuel Buergo recuerda una idea esencial: las personas inmigrantes no son “un problema que resolver”, sino hombres y mujeres con dignidad, historia, capacidades y una gran voluntad de contribuir a la sociedad que los acoge. Frente a los discursos que reducen la inmigración al miedo, la sospecha o la carga social, Buergo propone una mirada más humana: ver primero a la persona, reconocer su valor y favorecer una integración real.
La entrevista también subraya que la pobreza no consiste solo en la falta de recursos materiales. Muchas veces la pobreza es también soledad, invisibilidad, ruptura de vínculos, falta de oportunidades y ausencia de escucha. Por eso, la acción de la Sociedad de San Vicente de Paúl no se limita a ofrecer ayuda puntual: busca crear relaciones de confianza, reconstruir esperanza y acompañar procesos de vida.
Otro de los mensajes centrales es la necesidad de desmontar prejuicios. Expresiones como “los inmigrantes nos quitan el trabajo” o “los inmigrantes saturan los servicios” no solo simplifican una realidad compleja, sino que pueden alimentar la exclusión y la indiferencia. La tradición vicenciana invita, en cambio, a mirar la realidad desde la cercanía: cuando conocemos nombres, rostros e historias, las etiquetas pierden fuerza.
Juan Manuel Buergo presenta así una visión profundamente vicenciana de la acción social: servir sin paternalismo, acompañar sin juzgar, defender la dignidad de cada persona y recordar que una sociedad se mide también por la forma en que acoge, cuida e integra a quienes llegan con más fragilidad.








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