“Señor, tú eres nuestro rey”
Is 6, 1-8; Sal 92; Mt 10, 24-33.
«El discípulo no es más que su Maestro». Con esta frase Jesús nos aclara que no hay un cristianismo cómodo que evite el camino que recorrió Jesús. Él no triunfó según los criterios del mundo, acabó clavado en una cruz. Por eso, quien busca triunfos y éxito a cualquier precio, difícilmente puede llamarse discípulo de Jesús. Cuando el seguimiento se vuelve exigente, cuando vivir el Evangelio nos puede costar la imagen o ciertos privilegios, surge la tentación de ocultar y callar. En la sociedad y en la Iglesia podemos observar a algunas personas “camaleones”, que cambian de color según les conviene. Jesús conoce bien ese miedo y por eso lo repite en el Evangelio: «No tengan miedo».
Quien no supera estos miedos, termina acomodándose y no puede ponerse del lado de Jesús. Seguir a Cristo implica transparencia:
«Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz». El discípulo se define por la coherencia entre lo que cree y lo que vive. Al final el pasaje nos recuerda que el Padre cuida siempre de nosotros. Pidámosle al Señor una fe valiente y una fidelidad sin dobleces.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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