Ver a Cristo en el rostro de los pobres
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Oír y entender la Palabra de Dios
Jesús es la Palabra de Dios. Cumple él el encargo de Dios y da fruto en los que logran oír y entender lo que les dice.
Los discípulos de Jesús son de las gentes sencillas a quienes revela el Padre lo que oculta a los sabios. No es de extrañar, pues, que se les conceda a los discípulos conocer los misterios del reino de los cielos. Se les concede tal conocer, sí, pues se les concede oír y entender lo que enseña Jesús.
Claro, está de acuerdo san Vicente en esto de que conocer, oír y entender es de las gentes sencillas. Después de todo, la experiencia lo ha convencido al santo que la verdadera religión está entre las gentes sencillas. Entre los pobres que «creen, palpan, saborean las palabras de vida» (SV.ES XI:462).
Y las palabras de vida dan fruto en esos pobres que se las esfuerzan por oír y entender. No, no dejan ellas de producir en ellos una buena cosecha de paciencia, candidez, sinceridad, generosidad. Saben ellos, sí, conservar la paz en medio de sus penas y calamidades. Y lo que dicen responde a lo que llevan en el corazón. Aún más, se fatigan para alimentar a los demás, que estos viven del sudor de aquellos (SV.ES XI:120-121).
Señor Jesús, por la gracia del Padre se nos concede conocer los misterios del reino de los cielos. Y, lo has iniciado tú nuestro oír y entender tus palabras. Gracias por no sembrar de forma escasa. Pues, de hecho, siembras de modo abundante. Haz que tu amor derrochador saque amor de tal modo que nos hagamos tierra digna. Es decir, que aceptemos, con expectación y gimiendo en nuestro interior, lo que dices. Y concédenos estar dispuestos aun a entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre por vivir tus palabras de vida.
12 Julio 2026
15º Domingo de T.O. (A)
Is 55, 10-11; Rom 8, 18-23; Mt 13, 1-23
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