“Ven Señor a Salvarnos”
Os 11, 1-4. 8-9; Sal 79; Mt 10, 7-15.
Jesús es claro con sus apóstoles sobre qué misión les confía y en qué condiciones deben llevarla a cabo. Ambas están unidas y no se pueden separar sin traicionar el corazón del Evangelio. La misión es anunciar una manera distinta de relacionarse el Cielo con la Tierra, lo divino con lo humano.
El Reino de los Cielos no llega por la fuerza sino desde abajo, desde la fragilidad, desde la no~violencia. Este anuncio es incómodo porque amenaza los sistemas que se sostienen en el control, el miedo y la violencia. Jesús nos plantea un cambio radical de mentalidad y de actitudes. Un modo nuevo de entender la autoridad, el éxito y la grandeza.
¿Cómo reina ese Cielo del que habla Jesús? Mediante la compasión y la misericordia que alivian el sufrimiento. Por eso el mandato es: curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Devuelvan la vida al mundo, y vayan por el camino sin ostentación. Esto porque las seguridades excesivas nos hacen confiar más en nosotros mismos que en Dios, más en el poder que en el Amor. Que el Evangelio nos dote del amor de Jesús, la libertad de los primeros enviados, la certeza de que el Reino de Dios se sirve, se comparte y se vive en fraternidad.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.









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