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Evangelio y Vida para el 8 de julio de 2026
“Recurramos al Señor y a su poder”
Os 10, 1-3. 7-8. 12; Sal 104; Mt 10, 1-7.
Después de recorrer pueblos y de curar, Jesús comparte su misión con los discípulos. Llama a los Doce y les da autoridad para expulsar el mal, curar enfermedades, sanar la vida.
Llama la atención que Jesús no los envió a una misión universal, ni siquiera a los paganos o samaritanos. Los envía, en primer lugar, a las ovejas perdidas de Israel. Es decir, a su propio pueblo, tampoco les encarga una misión centrada en el templo o en el culto. No les habla de ritos, sacrificios o normas sagradas. Su tarea es clara: «Proclamen que el Reino de Dios está cerca».
Podemos afirmar que la misión que Jesús confía a sus discípulos apunta a una profunda reforma de la religión. Cambiar la imagen de Dios por la de un Padre bueno y compasivo. Proponer un nuevo proyecto de vida: el Reino de Dios en donde los últimos y descartados son los primeros. Despertar una nueva conciencia ética: relaciones más justas y fraternas. Y, sobre todo, aliviar el sufrimiento del pueblo sanando heridas físicas y espirituales. Este es el corazón del Evangelio y también el de la Iglesia: enviada, no instalada; servidora, no dominante. El mismo san Vicente de Paúl lo entendió y realizó así en su vida. Anunciar el Reino de Dios es trabajar por una vida más digna y humana para todos.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.
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