“Nosotros confiamos en el Señor”
Os 8, 4-7. 11-13; Sal 113; Mt 9, 32-38.
Jesús libera a un hombre oprimido por el mal. Por un lado, la gente sencilla reconoce que Dios está actuando. Por otro, los fariseos, hombres religiosos, dicen que Jesús actúa por el poder del demonio.
¿Cómo es posible que ante un mismo hecho unos vean vida y otros, pecado? Sin duda, cuando se pierde el contacto con la gente y se absolutizan normas, se corre el riesgo de llamar “mal” a lo que en realidad es liberación, y de sospechar de todo lo que no encaja en nuestros esquemas. Sin embargo, Jesús no se detiene, camina por pueblos anunciando el Reino y curando. Y el texto es claro: anunciar el Evangelio y sanar la vida van siempre juntos. A Jesús le importa la vida concreta de las personas por eso su palabra libera y sus gestos sanan.
¿Nuestra forma de vivir la fe se parece a la de Jesús o a la de los fariseos? Él no pide funcionarios del templo sino trabajadores del Reino que se desgastan por los demás. Ser obrero significa una Iglesia menos preocupada por conservar estructuras y más comprometida con la justicia.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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