“Acuérdate Señor de tu misericordia ”
Zac 9, 9-10; Sal 144; Rom 8, 9. 11-13; Mt 11, 25-30.
En el evangelio de hoy, Jesús nos deja ver su relación con Dios y, a la vez, el rostro mismo de Dios. Él habla desde una intimidad única con el Padre. Dice que sólo el Padre conoce al Hijo y sólo el Hijo conoce al Padre. Se trata de un conocimiento de lo igual, de lo más profundo del ser. ¿Qué significa esto para nosotros? Cuando miramos la vida de Jesús, cuando contemplamos su manera de vivir, de actuar, de relacio- narse con las personas, ahí es donde realmente cono- cemos a Dios. Dios se revela en una vida concreta: la vida humana de Jesús.
Jesús da gracias al Padre porque estas cosas no se han revelado a los sabios y entendidos, sino a los pequeños y sencillos. No porque Dios desprecie la inteligencia o el conocimiento, sino porque hay personas que, llenas de títulos y prestigios, ya no dejan espacio para Dios. En cambio, los descartados, los que no tienen más que su propia humanidad, esos están abiertos al encuentro con Dios. Una clave fundamental del evangelio es que Dios se deja encontrar en lo humano, en lo frágil. Por eso Jesús se acercó a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a los cansados de la vida. Él mismo fue, en su forma de vivir, una manifestación limpia y transparente de nuestra condición humana.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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