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Un espacio para la inclusión: arte, deporte y autonomía para jóvenes en situación de discapacidad en Colombia

por .famvin | Jul 4, 2026 | Historias Vicencianas | 0 comentarios

En los últimos 20 años, un proyecto llevado a cabo por las voluntarias vicentinas AIC del grupo Alegría de Servir en Cali, Colombia, ha transformado la vida cotidiana de numerosos jóvenes y de sus familias. Se trata de un programa inclusivo dirigido a jóvenes entre 10 y 18 años en situación de discapacidad, cuyo propósito central es promover su integración social a través del deporte, el arte y la música. Más que actividades, este espacio se ha convertido en un entorno seguro donde se cultivan valores como el respeto, la solidaridad y el trabajo en equipo.

Desarrollarse a través del deporte, el arte y la música

Actualmente, el programa cuenta con 15 jóvenes inscritos, quienes participan junto a sus acudientes, en total son 30 personas beneficiarias directas. A este esfuerzo se suman 12 voluntarias AIC, mujeres comprometidas que dedican su tiempo y talento para acompañar los procesos formativos, recreativos y terapéuticos.

Los jóvenes reciben atención de un equipo de profesionales en arte, psicología, música, teatro, fisioterapia e hidroterapia, lo que garantiza un acompañamiento integral y especializado. Este equipo interdisciplinario permite la participación de los jóvenes en una amplia variedad de actividades: arte y pintura con material reciclado, manualidades, baile, canto, expresión corporal y deportes inclusivos, entre otras.

Apoyo personalizado para madres cabeza de familia

El programa también incluye talleres dirigidos a madres cabeza de familia, quienes aprenden técnicas de bisutería y macramé. Estas actividades no solo fortalecen sus habilidades manuales, sino que se convierten en una oportunidad real para mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Además, reciben apoyo psicológico, orientación en cambio sistémico, herramientas fundamentales para afrontar los desafíos cotidianos y promover su propio desarrollo.

El impacto del programa: un camino esencial hacia la autonomía

Antes de que se pusiera en marcha el programa, los jóvenes y sus familias se encontraban prácticamente desatendidos. El programa ha permitido dar continuidad a procesos terapéuticos que, de otro modo, se verían interrumpidos. El voluntariado también desea que los jóvenes sigan desarrollándose el mayor tiempo posible, incluso después de cumplir los 18 años. Por eso, los jóvenes que han alcanzado la edad adulta pueden integrarse a otro programa educativo donde aprenden lenguaje y matemáticas, asegurando así una ruta de desarrollo sostenida y coherente.

La importancia de este programa radica en que ofrece lo que muchas familias no encontraban en ningún otro lugar: acompañamiento, oportunidades y un camino hacia la autonomía. En el grupo Alegría de Servir, cada joven es reconocido por sus capacidades, cada madre encuentra un espacio de crecimiento, y cada voluntaria aporta a la construcción de una comunidad más justa e inclusiva.

Algunos testimonios de los participantes

“Estamos en proceso, mi hija es muy asocial. Aprendí a confiar que tengo ayuda diferente a mi familia”.
– Una madre

“Creía que mi hijo no podía hacer las cosas solo, pero aprendí que él tiene esa capacidad. Lo tenía muy sobreprotegido, pero ya lo estoy dejando que pueda hacer muchas cosas, sí ya definitivamente no puede le ayudo”.
– Una madre

“Aprendí a cantar, hacer manualidades, hacer ejercicio”.
– Un joven participante

“Aprendía a tener paciencia, a relajarme”.
– Una madre

“Ha sido un privilegio acompañar el proceso de desarrollo de estos jóvenes y ser testigo de su crecimiento, su entusiasmo y su capacidad para superar desafíos. Sentimos profundamente que Dios nos guía en cada paso. Cada avance, cada sonrisa y cada logro de los jóvenes es un recordatorio de que estamos cumpliendo un propósito mayor”.
– Una voluntaria AIC

Un proyecto sostenido por la solidaridad

Para financiar las actividades, el programa se nutre de la generosidad de la comunidad mediante donaciones de ropa usada, bingos y rifas. Cada aporte, por pequeño que parezca, se convierte en una pieza clave para garantizar la continuidad de este espacio que cambia vidas.

Gloria Amparo Benítez
Fuente: https://www.aic-international.org/


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