“Escucharé las palabras del Señor”
Am 9, 11-15; Sal 84; Mt 9, 14-17.
¿Por qué tus discípulos no ayunan?». Siempre existe la vieja tentación religiosa de medir la fe por las prácticas externas, por privaciones visibles, por sacrificios que se notan. Pero Jesús no funda su mensaje en la idea de que el sufrimiento, por sí solo, agrada a Dios. Mientras el esposo está presente –nos dice Él– no es tiempo de ayunar, sino de celebrar. Dios no es un enemigo de la vida ni de la alegría humana. Jesús desmonta esa religión basada en la privación, en la culpa y en la apariencia. Las observancias religiosas solo tienen sentido si nos hacen más humanos: más honestos y solidarios, más trabajadores y responsables. Una religión vacía de humanidad puede producir fanatismo, violencia e hipocresía.
Jesús utiliza dos imágenes sencillas, el remiendo nuevo en un vestido viejo y el vino nuevo en odres viejos. El Evangelio no cabe en estructuras rígidas ni en mentalidades cerradas. No se puede encerrar la novedad de Dios en prácticas que no transforman la vida. Nos haría mucho bien ayunar de consumo innecesario y de publicidad engañosa, para volver al Evangelio sencillo y exigente. Menos ostentación y más solidaridad. Menos religión de fachada y más fe que transforme la vida..
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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