“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio”
Ef 2, 19-23; Sal 116; Jn 20, 24-29.
El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro entre Jesús resucitado y Tomás. Este pasaje es una invitación a una fe que no se aleja de las heridas en nuestra sociedad, sino que las toca, las reconoce y se deja transformar por ellas.
El Señor no le reprocha a Tomás su necesidad de tocar. Al contrario, le dice: «Trae tu dedo, mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado». Jesús resucitado no oculta sus llagas, están ahí, abiertas, visibles, como memoria del amor que fue capaz de cargar con el sufrimiento humano. La fe auténtica se edifica desde el contacto con las heridas del mundo. Él nos las sigue mostrando en cada niño que muere de hambre, en cada migrante perseguido, Él mismo se identificó con todos los sufrientes. No podemos decir con verdad «¡Señor mío y Dios mío!» si no hemos tocado, de alguna manera, las dolencias en la humanidad. Por eso Tomás cree cuando toca las llagas de Cristo. Nuestra fe madura cuando no es solo una teoría sino un compromiso. No temas acercarte a los que sufren. Ahí lo encontrarás.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Guillermo Flores Chávez C.M.








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