El 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos fuertes terremotos que dejaron una profunda huella de dolor, incertidumbre y destrucción en numerosas comunidades del país. En cuestión de minutos, muchas familias vieron alterada su vida cotidiana: viviendas dañadas o destruidas, seres queridos desaparecidos o fallecidos, personas heridas, desplazamientos forzados, miedo a las réplicas y una sensación generalizada de vulnerabilidad. Más allá de las pérdidas materiales, toda catástrofe de esta magnitud abre también heridas invisibles: ansiedad, angustia, insomnio, duelo, culpa, ataques de pánico, estrés agudo y una pérdida profunda del sentido de seguridad.
Ante esta realidad, la Confraternidad de Psicólogos de la Familia Vicentina ha puesto en marcha el proyecto “Esperanza que Reconstruye: Programa Virtual de Atención Psicológica Comunitaria y Clínica para Personas Afectadas por el Terremoto en Venezuela”, una iniciativa gratuita de acompañamiento psicológico y psicosocial dirigida a las personas y comunidades afectadas por esta emergencia.
El proyecto nace desde el corazón del carisma vicentino: estar cerca de quienes sufren, reconocer la dignidad de cada persona y ofrecer una respuesta concreta, organizada y esperanzadora allí donde la vida ha sido golpeada. En este caso, la respuesta se realiza desde el campo profesional de la psicología, integrando el rigor científico, la ética del cuidado y la espiritualidad del servicio que anima a la Familia Vicentina en todo el mundo.
La iniciativa será desarrollada en modalidad virtual, a través de Google Meet, durante un período inicial de doce meses. Estará a cargo de psicólogos voluntarios de la Confraternidad de Psicólogos de la Familia Vicentina, ubicados en distintos países del continente americano. Esta dimensión internacional permite ofrecer una red de apoyo profesional más amplia, capaz de acompañar a personas afectadas dentro y fuera del territorio venezolano.
Una respuesta ante heridas que no siempre se ven
Los terremotos no solo derrumban edificios. También sacuden la memoria, el cuerpo, los vínculos, la confianza y la esperanza. Muchas personas que han sobrevivido a una catástrofe natural pueden experimentar miedo persistente, sobresaltos, dificultad para dormir, sensación de amenaza, tristeza profunda, irritabilidad, bloqueo emocional o incapacidad para retomar la vida cotidiana.
En los días y semanas posteriores a un desastre, la atención médica, la alimentación, el refugio y la seguridad son necesidades urgentes. Pero la salud mental también forma parte esencial de toda respuesta humanitaria. Acompañar emocionalmente a las personas afectadas ayuda a prevenir un sufrimiento más profundo, fortalece las redes comunitarias y favorece procesos de recuperación más humanos y sostenibles.
Desde esta convicción, el programa “Esperanza que Reconstruye” busca ofrecer una atención psicológica comunitaria y clínica que ayude a las personas afectadas a recuperar estabilidad emocional, fortalecer su resiliencia y reconstruir, poco a poco, su bienestar psicosocial.
Objetivos del proyecto
El objetivo general del programa es brindar atención psicológica comunitaria y clínica virtual a personas afectadas por el terremoto en Venezuela, promoviendo la recuperación emocional, la resiliencia y la reconstrucción del bienestar psicosocial.
Para ello, el proyecto contempla varios objetivos específicos: ofrecer Primeros Auxilios Psicológicos, realizar intervenciones de contención emocional en crisis, brindar atención psicológica individual virtual, desarrollar grupos de apoyo para personas en duelo, capacitar a líderes comunitarios y agentes pastorales en autocuidado y primeros auxilios psicológicos, detectar casos que requieran derivación a servicios especializados y fortalecer redes comunitarias de apoyo emocional.
No se trata únicamente de responder a situaciones individuales, sino también de ayudar a las comunidades a reconstruir vínculos, recuperar confianza, organizarse y sostenerse mutuamente en medio de la adversidad.
¿A quién va dirigido?
El programa está dirigido, en primer lugar, a personas directamente afectadas por los terremotos: familias desplazadas, personas en duelo, adultos mayores, personas que han perdido su vivienda o han vivido experiencias traumáticas, así como familias venezolanas afectadas que actualmente residen fuera del país.
También se contempla el acompañamiento a voluntarios, agentes pastorales, parroquias, comunidades en situación de riesgo y organizaciones aliadas. Quienes ayudan también necesitan ser cuidados. Por eso, el proyecto incluye espacios de formación y autocuidado para quienes están sosteniendo a otros en medio de la emergencia.
Cinco componentes de atención
El proyecto se articula en cinco grandes áreas de intervención.
- La primera es la atención comunitaria, que incluirá charlas psicoeducativas, talleres de manejo del estrés, estrategias de afrontamiento, resiliencia comunitaria, prevención del agotamiento emocional y fortalecimiento de redes de apoyo. Se prevén dos actividades mensuales de este tipo.
- La segunda es la atención clínica individual, mediante sesiones virtuales de entre 45 y 60 minutos. Cada persona podrá recibir hasta seis sesiones, ampliables según criterio clínico. Esta atención estará especialmente dirigida a quienes presenten crisis emocional, ansiedad, ataques de pánico, síntomas de estrés agudo, duelo, insomnio, culpa o señales que requieran evaluación para posible estrés postraumático.
- La tercera área es la contención en crisis, realizada conforme a los lineamientos de los Primeros Auxilios Psicológicos de la Organización Mundial de la Salud, las directrices internacionales sobre salud mental y apoyo psicosocial en emergencias, y recomendaciones humanitarias complementarias. Esta intervención incluirá escucha activa, validación emocional, identificación de necesidades inmediatas, evaluación del riesgo, elaboración de planes de seguridad y vinculación con recursos disponibles.
- El cuarto componente será el acompañamiento en duelo, mediante grupos virtuales dos veces al mes. Estos espacios abordarán temas como la comprensión del duelo, el duelo traumático, la culpa, las pérdidas múltiples, la ritualidad simbólica, la esperanza y la reconstrucción personal y comunitaria después de la pérdida.
- Finalmente, el proyecto contempla una importante dimensión de capacitación comunitaria, dirigida a líderes comunitarios, agentes pastorales, voluntarios e integrantes de la Familia Vicentina. Estas formaciones tratarán sobre primeros auxilios psicológicos, señales de alarma, prevención del suicidio, comunicación empática y autocuidado.
Cómo funcionará la atención
La metodología será sencilla y organizada. Las solicitudes se recibirán a través del correo de la Confraternidad. Después se realizará un primer contacto virtual, una entrevista inicial y una clasificación de necesidades. A partir de ahí, se asignará a la persona un profesional adecuado para su situación, se realizará el seguimiento correspondiente y, cuando sea necesario, se procederá al alta o a la derivación a servicios especializados.
Todo el proceso respetará criterios éticos fundamentales: consentimiento informado, confidencialidad, protección de datos, respeto al Código de Ética Profesional del Psicólogo y derivación responsable en situaciones de riesgo.
Un programa de doce meses
El proyecto tendrá una duración inicial de doce meses, con tres etapas principales.
En el corto plazo, de julio a noviembre de 2026, se realizará la organización del equipo, la difusión del programa, la apertura de inscripciones, el inicio de la atención individual, los talleres, los grupos de duelo y la supervisión mensual.
En el mediano plazo, de diciembre de 2026 a abril de 2027, se dará continuidad a los procesos terapéuticos, se desarrollarán talleres mensuales, se impulsará la capacitación comunitaria, se realizará una evaluación bimestral y se cuidará también el bienestar del equipo de profesionales voluntarios.
En la etapa final, de mayo a agosto de 2027, se hará seguimiento de los procesos, cierre de acompañamientos, un seminario virtual, evaluación de satisfacción e informe final.
Psicología, misión y esperanza vicentina
“Esperanza que Reconstruye” expresa una convicción profundamente vicentina: la caridad necesita cercanía, organización, competencia y ternura. En momentos de emergencia, el acompañamiento psicológico no es un lujo ni un añadido secundario. Es una forma concreta de cuidar la vida, proteger la dignidad humana y ayudar a las personas a recuperar fuerzas para seguir caminando.
La Confraternidad de Psicólogos de la Familia Vicentina quiere así poner sus conocimientos profesionales al servicio de quienes han sido golpeados por los terremotos en Venezuela. Su propuesta combina atención clínica, trabajo comunitario, formación, prevención y acompañamiento espiritual desde una mirada integral de la persona.
El proyecto espera ofrecer atención psicológica gratuita, reducir el malestar emocional, fortalecer la resiliencia de las personas afectadas, activar redes de apoyo, capacitar a líderes comunitarios y consolidar una red internacional de psicólogos vicentinos al servicio de la misión.
En medio de los escombros, del miedo y de la incertidumbre, esta iniciativa quiere ser un signo concreto de presencia, consuelo y esperanza. Porque reconstruir no significa solamente levantar paredes. También significa sostener corazones, acompañar duelos, devolver confianza, fortalecer comunidades y recordar a cada persona afectada que no está sola.
La Familia Vicentina, fiel a su vocación de servir a Cristo en los pobres y vulnerables, se une así al dolor del pueblo venezolano y ofrece, a través de sus profesionales voluntarios, una respuesta profundamente humana: escuchar, acompañar, cuidar y ayudar a reconstruir la esperanza.








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