8. Caminar con la Providencia
Como elemento final, queremos destacar la confianza de Vicente y del padre Triest en la Divina Providencia. Habiendo establecido el amor divino como fundamento del desarrollo de la caridad, podemos concluir ahora citando la Divina Providencia, en la que ambos tuvieron una firme confianza.
Es imposible comprender todas las actividades y la caridad de Vicente sin contemplarlas a la luz de una profunda confianza en Dios, a la que Vicente se refiere como Divina Providencia. Intenta percibir la mano de Dios en todo. Incluso sus turbulentos primeros años como sacerdote errante en busca de medios económicos para sí mismo y para su familia los considera retrospectivamente como obra de la Divina Providencia, que finalmente lo llevó al lugar donde debía estar y a las personas que lo necesitaban. Así es capaz de ver los contratiempos como el camino que Dios utiliza para ayudarle a experimentar algo nuevo. “Alabado sea Dios por todo lo que permite que nos suceda. Me resultaría difícil soportar estas cosas si no las considerara como un decreto de Dios, que dirige todas las cosas al bien.” A Luisa de Marillac, que a veces podía ser muy impaciente e insegura, le escribió en 1647: “En nombre de Dios, no nos sorprendamos por nada. Dios convertirá todas las cosas en bien.”
“Querer lo que la Providencia quiere, y no querer lo que ella no quiere. Durante mi humilde oración de esta mañana, me llené de un gran deseo: querer todo lo que sucede en la tierra, lo bueno y lo malo, para todos y para cada uno individualmente, porque Dios así lo quiere: Él nos lo envía. La disposición a poner nuestra voluntad en armonía con la voluntad de Dios despierta en nosotros una paz profunda, de la que brota la fuerza para los actos de caridad.”
Escribe a las Hijas de la Caridad: “Oh, hermanas mías, debéis tener una devoción, una confianza y un amor tan grandes por la Divina Providencia que, si la propia Providencia no os hubiera dado ese hermoso nombre de ‘Hijas de la Caridad’, habríais tenido que llevar el de ‘Hijas de la Providencia’, porque la Providencia os ha llamado a la existencia.”
En varias de sus cartas exhorta a sus sacerdotes y hermanas a caminar con la Providencia, ni demasiado deprisa ni demasiado despacio. Esto se convierte para él en una frase emblemática. Otro de sus dichos es: la gracia tiene su propio tiempo. “La gracia tiene su propio tiempo. Confiemos en la Providencia de Dios y abstengámonos de adelantarnos a ella. Si a Nuestro Señor le place concederme algún consuelo en nuestra vocación, es este: creo que hemos intentado seguir la divina Providencia en todas las cosas y que nos hemos abstenido de adelantarnos a ella, y de poner el pie en lugares que ella no había designado.” Esta actitud explica por qué Vicente a veces toma una decisión con mucha rapidez y otras veces con mucha lentitud. Según él, todo depende de la Providencia. “Las cosas de Dios llegan por sí mismas, y la sabiduría en esto consiste en seguir a la Providencia paso a paso. Para quienes saben esperar, todo saldrá bien.”
Respecto al lugar de la Providencia en su vida, el padre Triest afirmó lo siguiente en un sermón fechado en 1813: “La Providencia nos sostiene, nos protege, nos guía de día y vela por nosotros de noche. Nos proporciona el pan que comemos. Hace brotar del seno de la tierra el agua que bebemos. Ella da la savia a los frutos y a las plantas, y también a la carne que comemos, para que nos alimente. En una palabra: ella provee sin cesar a todas nuestras necesidades con una bondad infinita.” Esta fuerte confianza en la Divina Providencia se convirtió en fuente de esperanza durante los cinco años en que el padre Triest tuvo que vivir escondido como sacerdote en Ronse. No escribió nada sobre ello, pero por su actitud retrospectiva podemos deducir que nunca perdió la esperanza y que siguió confiando en que al final todo saldría bien. También tuvo que aprender a caminar con la Providencia, ni demasiado deprisa ni demasiado despacio. También ve la Divina Providencia activamente obrando a través del apostolado realizado por sus religiosas. Verdaderamente las ve como instrumentos de la Divina Providencia. Escribe lo siguiente al respecto: “Servir a los enfermos es una vocación noble; por medio de este servicio os convertís en cooperadoras y siervas de la Providencia de Dios, que Él tiene sobre estos enfermos.” A través de su amor, su cuidado y su solicitud, llevan verdaderamente la presencia de Dios al mundo. Dejan brillar el amor de Dios en este mundo, mediante su compasión por quienes sufren y han abandonado toda esperanza.
Sin esa profunda confianza en la Divina Providencia, el padre Triest quizá habría logrado mucho menos de lo que, al igual que en Vicente, podemos admirar hasta el día de hoy. También para él se trató verdaderamente de caminar con la Providencia, discernir la mano de Dios en todas las cosas y, como Vicente, estar convencido de que la gracia tiene su tiempo.
Conclusión
Desde estas ocho perspectivas hemos intentado esbozar cómo tanto san Vicente de Paúl como el venerable Pedro José Triest interpretaron de un modo bastante similar el carisma de la caridad que habían recibido del Espíritu Santo. Ambos lo hicieron en su propio tiempo, con su propio temperamento y carácter, y con las personas que encontraron por el camino, a quienes inspiraron para recorrer con ellos una parte del camino de la vida. Ambos aprovecharon al máximo sus talentos y estuvieron profundamente inspirados por el ejemplo de Jesucristo y el mensaje del Evangelio, impulsados por la gracia divina a través de su confianza inquebrantable en Dios.
Mucho de lo que dijeron, escribieron e hicieron contiene elementos propios de su tiempo, pero no hará falta gran esfuerzo para traducirlo al contexto actual y darle vida en la forma en que podemos llevar este carisma de la caridad al mundo. Por tanto, seguimos agradecidos de poder considerar tanto a san Vicente como al padre Triest como nuestros maestros, y de seguir aprendiendo de ellos para encontrar nueva inspiración y ser hermanos y hermanas de la caridad para muchos, también hoy.
Hermano René Stockman,
Hermano de la Caridad








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