“La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena”
2 Re 24, 8-17; Sal 78; Mt 7, 21-29.
Jesús nos dice algo muy claro: no basta con decir “Señor, Señor”, sino hacer la voluntad del Padre. La fe no se reduce a palabras bonitas o a momentos de emoción; se demuestra en la vida concreta. Podemos hablar mucho de Dios, pero si nuestras acciones no reflejan su amor, nuestra fe se queda vacía.
Jesús compara a quien escucha su palabra y la pone en práctica con un hombre prudente que construyó su casa sobre roca.
Vinieron lluvias, vientos y tormentas, pero la casa no cayó. En cambio, quien escucha y no practica es como quien construye sobre arena. Cuando llegan las dificultades, todo se derrumba.
En la vida cotidiana, las tormentas son los problemas, enfermedades, crisis familiares o fracasos. Si nuestra vida está cimentada en la oración, en la caridad, en la honestidad y en el perdón, podremos resistir.
Este Evangelio nos invita a revisar nuestros cimientos. ¿Sobre qué estamos construyendo? Seguir a Cristo implica coherencia diaria. Cuando vivimos su palabra, nuestra vida adquiere firmeza, paz y sentido, incluso en medio de las pruebas.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.








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