Ver a Cristo en el rostro de los pobres

El 24 de junio celebramos el 190.º aniversario del fallecimiento del Venerable Pedro José Triest.

por .famvin | Jun 24, 2026 | Noticias | 0 comentarios

El 24 de junio se cumplen 190 años del fallecimiento del venerable Pedro José Triest. Es un momento para recordarlo y para confiarle nuestras intenciones. Que él sea para nosotros, hermanos y hermanas, sus discípulos más directos, y para la Familia Vicenciana en todo el mundo, un guía seguro, para que podamos seguir realizando el carisma de la caridad de una manera radical. Os ofrecemos una palabra del padre Triest como reflexión para este día. Venerable Pedro José Triest, ruega por nosotros.

El amor de Dios se convirtió en la gran realidad de la vida del padre Triest. Se sintió, por así decirlo, desbordado por este amor. Por eso veía la mano de Dios en todo. Es bueno que reflexionemos a fondo sobre el lugar que ocupa Dios en nuestra vida, tal como él lo hizo. ¿Somos capaces de asombrarnos con alegría ante la vida que hemos recibido de su mano? ¿Somos todavía capaces de dar gracias cuando nos despertamos por la mañana y recibimos de nuevo la vida como un regalo para un nuevo día? ¿Experimentamos su presencia viva en la Eucaristía, y es cada comunión para nosotros un verdadero encuentro con Dios? Hay muchos momentos y acontecimientos en la vida en los que podemos experimentar la presencia de Dios, pero depende de nosotros estar abiertos a ellos.

Padre celestial, gracias por la vida que nos concedes cada día. Gracias por los muchos signos de tu amor que percibimos en nuestra vida. Gracias por el entorno en el que vivimos, por el agua limpia que calma nuestra sed, por el pan de cada día que nos alimenta. Gracias por el amor al prójimo que nos rodea. Gracias por permitirnos llamarte Padre, por habernos creado y por permitirnos volver un día a casa contigo. Amén.

La primera razón por la que debemos estar agradecidos a Dios y debemos amarlo es que él nos creó y nos dio la vida. Dios no solo nos creó y nos dio la vida, sino que también nos mantiene continuamente con vida. Otra razón por la que debemos amar a Dios es que se hizo hombre por nosotros y nos salvó. Debemos amar a Dios porque nos ha adoptado como hijos suyos. Pero lo que más debe movernos a amar a Dios es que instituyó para nosotros el Santísimo Sacramento del Altar, por el cual se entrega totalmente a nosotros como comida y bebida, para derramar todo su Espíritu en nuestra alma y conceder la inmortalidad a nuestro cuerpo.

(Sermón sin fecha)


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